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Me pregunto quién habrá sido el primer iluso en decir al mundo: “este tramo de tierra es mío, o este pedazo de río es de aquel, o este trozo de cielo nos pertenece a nosotros”. Puesto que acostumbramos segmentar el planeta en acres y manzanas de tierra con nombres y apellidos, lo mismo con los ríos, lagos y mares, solo falta conquistar el cielo, dominar el espacio aéreo y decir esta nube le pertenece a tal país y esta otra al que le sigue.

El mundo está francamente dividido por patriotismos absurdos que intentan apoderarse de algo que en realidad le pertenece a la Naturaleza, y por lo tanto, a toda la Humanidad. Y una vez que algo le pertenece a toda la Humanidad, se torna universal, y por lo tanto, se vuelve propiedad de todos o de nadie. Y cuando expreso “nadie”, lo expreso literalmente, pues nadie tiene derecho al soberano imperio sobre un mundo que fue creado por una explosión sideral y que fue habitado, antes que los humanos, por miles de especies animales que surgieron como bacterias y luego derivaron en hombres.

El conflicto entre diplomáticos y nacionales de Nicaragua y Costa Rica por un río histórico pone en evidencia hasta donde llega la absurdez del ser humano por intentar poseer paisajes, fauna y flora que no tiene ni la menor conciencia de tal conflicto. Cocodrilos, lapas, monos ni tortugas, no tienen la menor idea de que otros cocodrilos, esta vez erguidos, intentan apoderarse de una zona natural cuyo verdadero dueño es el tiempo, ser etéreo que irriga sus aguas sobre el espacio.

Los animales que habitan en el Río San Juan son las verdaderas víctimas de este bochinche geográfico, detrás del cual hay intereses patrioteros, económicos, sociales, políticos y para rematar, una necia vanidad por creer que por el simple hecho de que una fuente de agua surque una zona determinada (en la que cierto grupo de personas habitan), entonces uno tiene el derecho natural a pelear por ella cueste lo que cueste, sin tomar en cuenta la vida silvestre que allí habita sin la menor idea del peligro que corren como especies exóticas, muchas de ellas, naturalmente en peligro de extinción por la depredación del hombre.

El hecho de que un río tenga nombre, no nos da el derecho a explotarlo. Un cuerpo de agua es de todo el mundo pues todo el mundo está en la capacidad de beneficiarse de él, y como no tiene alma, no tiene por qué tener dueño. El hecho de que un río tenga nombre, tampoco nos da el derecho a ponerle un apellido específico, ni sacarle un número de cédula, incrustarle una bandera como hicieron los norteamericanos cuando llegaron a la luna, o simplemente limitar el uso de sus aguas.

Me pregunto, acaso ingenua, pero ciertamente, ¿quién habrá sido el primer necio que invento la propiedad privada para someter a sus pares? ¿Quién el primer ocioso que pensó dividir la geografía en fronteras enfermizas que promueven férreos nacionalismos? ¿Quién el triste desempleado que decidió que de ahora en adelante será un empleo necesario, el hecho de poseer “cosas materiales” y dominarlas? Todo esto es muy artificial, frívolo, ambiguo y abstracto.

El pleito por el Río San Juan ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ), a puesto tanto a Nicaragua como a Costa Rica, en los radares y noticias del mundo, solo para que los europeos, los asiáticos y los africanos disfruten el duelo boxístico entre los dos países “vecinos” desde sus televisores o computadoras mientras comen palomitas de maíz transgénico y van y vienen del baño luego de hacer sus necesidades. Vaya recreación, pero así estamos.
Nicaragua y Costa Rica, dos naciones hermanadas por su geografía, las cuales han convivido juntas a lo largo de la historia centroamericana, tantas veces ensimismada por luchas de independencia, guerras civiles y demás pestes sociales, hoy gesticulan (una vez más) el repudio que sienten entre sí desde la irresponsabilidad de sus gobernantes que intentan salir triunfadores para que sus administraciones no corran el peligro de ser sancionadas por la comunidad internacional.

Nos debería dar vergüenza, tanto a ticos como a nicas, estar peleando por un hilillo de agua mientras Nicaragua está en la cola de la pobreza latinoamericana, y Costa Rica muy por delante, cuando en realidad deberíamos estar buscando como ambas naciones salgan beneficiadas para acabar de una vez por todas con la xenofobia en las dos esquinas del ring.

Al fin y al cabo, las verdaderas víctimas de este conflicto, me refiero de nuevo a los bosques, insectos, mamíferos, reptiles, aves y anfibios que habitan este cuerpo de agua, son solo carne de cañón para el turismo y los intereses personales de quienes intentan explotarlos.

*grigsbyvergara@yahoo.com