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Costa Rica ha querido anexarse del territorio nacional hasta la mitad del Lago de Granada, le llamaron “derecho de botín de guerra”. A la vieja usanza de cualquier pirata con pata de palo y antifaz de tuerto se alzaron con Nicoya y Guanacaste. Región que antaño perteneció a Nicaragua a lo largo de los 300 años del régimen colonial, Costa Rica reconocía la soberanía que ejercía Nicaragua.

En 1830, Granada era la capital de Nicaragua, un gobierno conservador imponía guerra y anarquía. El cultivo del café y tabaco obligan al Geófago Sureño a buscar las aguas del San Juan de Nicaragua, para traficar sus productos. Para entonces su frontera era el río Matina, a doce millas del San Juan, pero aquí estaba la ruta de tránsito para sus negocios y había que garantizar la navegación comercial.

Los conservadores llamaron a William Walker para que los desembarazara de los Liberales, éste viene y se proclama Presidente. Desconoce los contratos con los ticos y éstos, comandados por los gringos, coadyuvan a derrotarlo. Terminada la guerra ellos declaran que se pagan con el río San Juan y que extendía su frontera desde la mitad del Lago Cocibolca, hasta el istmo de Rivas.

Haciendo uso “derecho de botín de guerra” y por la ayuda prestada a los Conservadores. José María Cañas, Ministro Plenipotenciario del Gobierno de la República de Costa Rica, y Máximo Jerez, Ministro Plenipotenciario del Gobierno de la República de Nicaragua, elaboraron el tratado conocido como Jerez-Cañas, y Costa Rica corre su frontera acercándola a la desembocadura del río San Juan. Esos actos sellaban el destino final de la frontera sur de La Patria.

Los Laudos y otras interpretaciones favorecen a Nicaragua sólo por el interés que mostraron los Estados Unidos y que alcanzaron con el abrogado Tratado Bryan Chamorro la concesión inalienable sobre la construcción de un posible canal que uniera el Atlántico con el Pacífico Nicaragüense, lo que convertiría a Nicaragua en un protectorado de los Estados Unidos.

Muchos estadistas irresponsables pasaron escupiendo sobre la dignidad y la soberanía nacional hasta el levantamiento del Héroe Nacional Augusto Calderón Sandino, que se ocuparía de preservarla y quizá para siempre.

La idea sureña siempre fue la de borrar nuestros límites nacionales para  privilegiar proyectos económicos en esa inagotable fuente hídrica, y continúan. La Sentencia pronunciada por la Corte Internacional no rescata la buena fe del gratuito demandante, sino que la acrecienta. Predomina la claridez, la transparencia y lo meridiano del Tratado, sus Laudos.  El futuro de nuestro río depende de eso. Ellos continúan la estrategia temeraria en el ejercicio de sus derechos procesales internacionales para crear una masa crítica acusando una invasión invisible.

Se mantiene la opinión dada en reiteradas sentencias por la Corte Internacional a favor del Estado Nacional. Queda pendiente el pronunciamiento final y el proceso resarcitorio de los  daños y perjuicios causados por las acusaciones falsas, que de persistir Costa Rica en esos intentos de pretender más de los derechos que le asistente en el Convenio Internacional puede Nicaragua volver las cosas al estado que estaban en 1858 atendiendo la opinión dada por el doctor Ricardo Wheelock Román,  aparecida en EL NUEVO DIARIO del 16/11/2010: “Esto no significa que Nicaragua va a denunciar el Tratado de Límites y los consiguientes Laudos, pero sí que los derechos que Costa Rica dice tener sobre la ruta del Río San Juan, no existen. Es decir, Nicaragua no tiene ningún problema de índole territorial con Costa Rica y todo lo actualmente planteado por ese país, a propósito de las labores de dragado realizadas por Nicaragua, responden a un conflicto meramente artificial. Con el criterio utilizado por Costa Rica para sus reclamos, Nicaragua podría demandar ante la Corte Internacional de Justicia a ese país, para que se le reintegren a nuestro país las provincias de Guanacaste y Nicoya, que se entregaron a ese país para que la soberanía del Río San Juan fuese absolutamente nicaragüense”.

Una vieja teoría Kelseniana lo concebía así, los Tratados internacionales, al menos desde el punto de vista del orden jurídico estatal, como nada más que leyes. Lo que quiere decir, que si el Tratado es anulado, sus efectos se extenderían aún incluso al plano del Derecho Internacional, dejando de ser derecho aplicable tanto dentro de la esfera del derecho estatal, como internacional.

José María Cañas muere fusilado y aconseja a sus hijos que no se mezclen en la política, porque ella es testigo que destroza servidores. Máximo Jerez nació en León en 1818 tuvo nexos políticos con William Walker, muere a los 63 años y no fue fusilado. En 1907 el General Emiliano Chamorro Vargas, nicaragüense y conservador quien suscribe el tratado Chamorro Bryan se habría pasado a pelear al lado hondureño. Atacó a mansalva a una patrulla del puesto fronterizo Los Calpules cerca de El Guasaule. Soldados nicaragüenses que se mantenían en alerta, repelieron la agresión, murió de viejo y tampoco fue fusilado.

*Abogado

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