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El liderazgo que Ortega ejerce sobre su partido, al igual que la dictadura somocista, se basa en lealtades personales (servilismo), lo que explica la propaganda de Ortega en centros educativos públicos, más recientemente hemos visto cómo jóvenes “simpatizantes” del régimen orteguista han llevado serenatas a diversas organizaciones  de sociedad civil. Tal vez ya nos hemos acostumbrado a la trasgresión de nuestro ordenamiento jurídico por parte de este gobierno, pero estos hechos configuran una violación a la Convención sobre Derechos del Niño.

El párrafo segundo del Arto. 71 de la Constitución Política de Nicaragua reconoce el rango constitucional (parte de la Constitución) de la Convención Internacional de los Derechos del Niño y la Niña. Dicho instrumento, entre otras cosas, reconoce a todo ser humano menor de 18 años el derecho a la igualdad y no discriminación; desarrollo; opinión; y expresión (información). Asimismo, reconoce el derecho y deber de los padres de guiar a sus hijos en el ejercicio de sus derechos, crianza y desarrollo.

La colocación de propaganda electoral de Daniel Ortega en centros de enseñanza pública violenta la obligación del Estado de garantizar el derecho del niño de formarse un juicio propio, violando, además, la obligación de garantizar el derecho y deber de los padres de guiar a sus hijos en su formación integral. De igual manera, hay que tener presente que el FSLN es un partido de masas, lo que implica que hay procesos de reclutamiento masivos (de ahí la conveniencia de la confusión Estado-Partido) y resulta clave meterse en las escuelas. Esta situación conlleva a que los menores pensando en sus notas y su futuro (continuidad de estudios o trabajo) se afilien a dicho partido, es decir: se profundiza el clientelismo; se discrimina por razones políticas; optan por no hacer uso de su derecho de libertad de expresión para no afectar su futuro; y condicionan sus posibilidades de desarrollo a la filiación partidaria.

En el caso de Francia, por 2 décadas hubo un debate, si permitir o no el uso del velo a niñas musulmanas en escuelas públicas, hasta que en marzo de 2004 lo prohibieron de forma definitiva. La decisión fue inspirada en la tradición laica del Estado (si no habían crucifijos, no habrían velos) y la ponderación del derecho de los demás niños de formarse un juicio propio respecto de su libertad religiosa, sobre el derecho de la niña a profesar su propia religión.
En el año de 1995 cursaba el 5to Grado en un prestigioso colegio privado de Matagalpa (el mismo donde Roberto Rivas reprobó matemáticas, según reveló una investigación periodística hace un tiempo atrás) y un conocido productor lanzó su candidatura para alcalde de la ciudad, mi maestra criticó fuertemente el hecho ya que el referido productor había aspirado al mismo cargo durante la dictadura somocista por los conservadores y no protestó contra fraude del que fue víctima, se vendió, afirmó. Yo no estaba de acuerdo con eso y a manera de protesta escribí en los márgenes de un examen el lema de campaña “trabajo, progreso y honestidad”, además del nombre del candidato. El resultado fue que a mí me bajaron puntos en mi examen (aún lo conservo) y mis compañeros hoy, ya en su vida adulta, tienen el concepto de ese aspirante a la alcaldía que dicha maestra nos inculcó ya que fue su fuente primaria, así de delicado es esto.
Considero impropia la propaganda electoral en los centros educativos públicos o privados y condeno la instrumentalización que el régimen de Ortega hace de la juventud. Por las mismas razones, reitero mi inconformidad con el proyecto de cedulación que el Presidente de la Juventud del Partido Conservador Ramón Obregón (quien decidió asumir recientemente después de 3 años de ausencia) pretende impulsar incluyendo centros educativos, en todo caso eso le corresponde a organismos de sociedad civil, los partidos políticos no debemos contaminar el ejercicio de ese derecho ciudadano.

He criticado la propaganda electoral en las escuelas (positiva o negativa) desde que tengo 11 años y aspiro a no tener que hacerlo más, que esto se convierta tan sólo en un recuerdo. La propaganda electoral en las escuelas, la manipulación y el aprovechamiento de los menores con fines políticos, no sólo representa una violación grave a sus derechos humanos y un claro incumplimiento a compromisos internacionales, sino que también forma un esquema de antivalores en estas generaciones, que son justamente los mismos que han sumido en la pobreza y subdesarrollo a Nicaragua.

*Miembro de la Juventud del Partido Conservador