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Los lemas y las consignas han pasado a constituirse para el orteguismo en una colección de retazos ideológicos, un mosaico de ideas de diferentes corrientes de pensamiento, a falta de un fundamento ideológico definido, sólido y propio, como lo demanda este momento histórico el desarrollo económico con justicia social. Desde mucho antes de que se aproximara la campaña electoral, el orteguismo se ha venido promocionando con su colección de lemas y consignas, diferente a un partido revolucionario, y muy parecido a un coleccionista de ideas sueltas que, cual postales, reflejan otros paisajes sociales.  

No es igual a lo planteado por Carlos Fonseca en “Desde la cárcel yo acuso a la dictadura”. Ahí, el fundador del FSLN expresa una tendencia ecléctica cuando habla de recoger lo mejor del marxismo, del socialcristianismo y del liberalismo. Pero Carlos lo plantea no para construir la base de un sistema ideológico retaceado, sino con el interés de alcanzar la unidad en la acción entre las diferentes corrientes y fuerzas políticas de oposición contra la dictadura somocista.

Lo del orteguismo es patéticamente ecléctico, pues no se plantea la construcción de un sistema con diversidad ideológica, sino izar una bandera política con lemas y consignas de varias corrientes, cual retazos multicolores. Y junto a la riqueza cromática en su propaganda, el orteguismo revela una deprimida concepción ideológica.

En sus plagios, el orteguismo refleja también desorden cronológico. Su consigna “socialista” tiene un lejano parentesco con las ideas del Manifiesto Comunista (1868), de la sociedad sin clases y, por ende, con propiedad social sobre los medios de producción, y sin explotación del hombre por el hombre. En la práctica, el orteguismo sólo refleja las experiencias frustradas del socialismo real europeo la intolerancia antidemocrática. Su “socialismo”, es la simple repetición de una consigna  sin cuerpo y sin alma, con la cual cubre su neo capitalismo, por cuanto sus líderes se han hecho ricos en el poder, con una propiedad privada nacida de los bienes públicos. Aquí se agota el “socialismo” orteguista. El resto, es sólo consignas y autoritarismo.

Una de esas consignas es un plagio al liberalismo. El orteguismo saltó hacia atrás, de 1868 a 1789 –79 años—, y proclama en su “19 de julio digital”, con la infaltable foto del matrimonio Ortega-Murillo, la consigna: “libertad, igualdad, fraternidad”. Un eclecticismo rezagado. Al mismo tiempo, el orteguismo regresa a 1891, para plagiar el espíritu del “bien común” de la Rerum Novarum del Papa León XIII, donde planteó por primera vez la “doctrina social de la iglesia”. Esta fue su respuesta, al marxismo ascendente entre la clase obrera europea que, apenas 20 atrás, ya se “había tomado el cielo por asalto” en París.

Utilizando ideas compasivas por las condiciones de vida de los trabajadores bajo el capitalismo de la época, León XIII ideó su solución al problema social: propiedad privada como un “derecho natural”, y la conciliación social entre la Iglesia, el Estado (capitalista, desde luego), los patronos y los trabajadores. En el lema orteguista “unidad y reconciliación” –más lo “cristiano” que le da la presencia a su lado del cura Obando Bravo—, está otro plagio de la idea conciliadora de León XIII.  

La consigna del “bien común” también tiene una raíz nicaragüense: en los primeros años del decenio 1940, una etapa de crecimiento del sindicalismo de ideas socialistas, la Iglesia creó la Juventud Obrera Católica (JOC) para contrarrestarlo.  Fracasó entonces, pero los sindicatos católicos surgieron a la sombra del Partido Socialcristiano (1957), portando las ideas de la Rerum Norarum.

En 1962, esos sindicatos se transformaron en Movimiento Sindical Autónomo de Nicaragua (Mosán), y en 1972 en la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), la cual se dividió en dos CTN en 1982. Una de ellas intentó hacer real la conciliación de clases con partidos políticos conservadores, la Iglesia y los patronos dentro de la Coordinadora Democrática.  Ahora, en uno de sus tantos bandazos político-ideológicos, el orteguismo les ha plagiado a esta corriente sindical su idea del “bien común”.

En el súper mercado de lemas, consignas y colores que forman los enormes rótulos donde se rinde culto a la personalidad de Daniel Ortega, predomina lo “cristiano, socialista y solidario”. Eso es un ajiaco hecho con los fallidos propósitos de reivindicación social de la Iglesia Católica y del socialismo real.  En cambio, la solidaridad sólo ha sido efectiva para Ortega desde cuando Kadhafi le mantuvo --¿le mantiene aún?— su “vida en rosa”. Y la solidaridad de Hugo Chávez, desde Venezuela, mejor dicho, desde sus entrañas, porque se trata del petróleo, es otra de las dos fuentes de ingresos millonarios del orteguismo, que ahora los vemos transformados en una propaganda saturada de lemas y consigna sin reflejar la realidad, y sin reflejarse en ella.

Ya vemos, el eclecticismo no es sólo una corriente política, pues, por lo menos en Nicaragua, es también una corriente de dinero para el orteguismo. Pero eso no es todo. Con el dinero de la solidaridad, el orteguismo pretende prolongar su poder político sobre los nicaragüenses, con su  mosaico de lemas y consignas.

En esto, funciona con un plagio a Kadhafi: el “poder ciudadano” de la Yamaheriyía en sus CPC, y el “pueblo-presidente” en Daniel. Y para alcanzar la omnipresencia del “hermano” libio, Daniel comienza con su reelección continua con miras, por lo menos, hacia sus 95 años.  

Si las intenciones del orteguismo no pasaran más allá de esta farsa política, con un liderazgo sin creatividad y sin escrúpulos –pues en todo son plagiarios—, nuestro futuro como nación no corriera tanto peligro de su desintegración, como lo está corriendo en la práctica. Porque, ¿qué clase de país será el nuestro sin una Constitución respetada por su presidente? ¿Bajo qué tipo de estabilidad vivirá su sociedad sin un orden institucional, y prevaleciendo sobre la misma la voluntad de su gobernante? ¿Seremos una sociedad organizada, o de manadas actuando sin ley, sólo sujetas al capricho de un presidente autoritario? ¿Pasaremos de ser una república defectuosamente democrática, en busca de mejorar, a una pantomima republicana, con un reyezuelo de banda presidencial?

Los pobres muchachos manipulados que andan “pidiendo” reelección de Ortega, ni sospechan siquiera que con sus gritos se vuelven contra la posibilidad de vivir en un país democrático. Esa manipulación, es un plagio orteguista del fascismo.  
Si en lo político-ideológico el orteguismo está demostrando un eclecticismo trasnochado, en lo social y lo económico es una corriente corrupta, montada sobre los restos de una república que, de frustrada como democracia, pasaría a ser una república fascistoide. El orteguismo, tal como sigue actuando, sin control ni mesura, es una amenaza para todos, y detenerlo es un reto también para todos.

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