•  |
  •  |

En las últimas semanas no ha habido nada más contrastante que lo que está pasando en el mundo árabe  y las elecciones en Irlanda.  Los hechos paralelos, con su saldo de muertos y destrucción por un lado, y el traspaso de poder de una manera pacífica por el otro, demuestran una vez más lo inestable e ineficiente que son los modelos autoritarios, y las ventajas que tienen los modelos democráticos o cuasi democráticos.  

En el caso del mundo árabe, regímenes autoritarios de izquierda y de derecha, aliados de los Estados Unidos o de Cuba, han caído o se están tambaleando. Lo que está pasando en esa región del mundo es una rebelión auténtica de unos pueblos que quieren instituciones democráticas.  Regímenes tan diferentes como el de Mubarak o el de Kadhafi sólo tienen una cosa en común, su autoritarismo. 

Lo que está en crisis obviamente es el modelo autoritario. Hasta China se ha preocupado por esos eventos y ha prohibido que sus servidores de internet busquen información sobre Egipto.

Ya habrá tiempo para investigar las causas de esta crisis pero, por lo que se sabe, la chispa la prendió en Túnez el joven Mohamed Bouazizi, quien tenía un puesto de frutas y verduras en la ciudad de Sidi Bouzid.  Dicen las noticias que una mujer policía le cerró el puesto, lo abofeteó, lo escupió y le insultó a su padre muerto, y que, por eso, el joven se suicidó, prendiéndose fuego.  Miles de personas, que hasta ese momento habían tolerado la corrupción, el nepotismo, y las elecciones amañadas del régimen, se lanzaron a las calles. El régimen respondió con brutalidad contra los manifestantes, lo que terminó cavando su tumba cuando el pueblo, el ejército y la policía decidieron rebelarse.

El suicidio de Mohamed fue el detonante pero la crisis política estalló porque había una crisis económica y el sistema político era inflexible, sin mecanismos adecuados para resolver ambas crisis.  En lo económico, Túnez tenía un desempleo del 15% y el precio de los alimentos había subido.   

La economía tenía además problemas estructurales. El gobierno había invertido en educación y había creado una clase media educada.  La juventud que se graduaba de las universidades no encontraba trabajo en su profesión, y permanecía desempleada o sub-empleada, y miraba que no había futuro con el gobierno que tenían.  Mohamed les recordó cómo el gobierno, con su ineficiencia, corrupción y nepotismo era un freno a sus aspiraciones, y, entonces, decidieron cambiarlo con el único instrumento que tenían: la rebelión.

El ejemplo de Túnez lo siguieron los pueblos de otros países del Medio Oriente, entre ellos Egipto y Libia, que tienen, o tenían, problemas parecidos, como, por ejemplo, regímenes autoritarios, corrupción, grandes desigualdades sociales y una juventud educada, desempleada o subempleada, con un futuro incierto.
En Irlanda, la crisis económica se está manejando de una manera diferente (eso no quiere decir que se esté solucionando).  El partido Fianna Fail, que ha sido el partido dominante en Irlanda desde 1932, perdió abrumadoramente las elecciones el 25 de febrero del 2011.  La mayoría de los periódicos del mundo ni siquiera dieron la noticia.  

Las causas de la caída del partido gobernante de Irlanda son también económicas.  El Fianna Fail, junto con el partido que acaba de ganar las elecciones, el Fianna Gael, impulsaron en 1987 unas reformas económicas neoliberales: bajaron los impuestos, desregularon la economía y abrieron el país al mercado internacional.  Es decir, la elite política irlandesa implementó un modelo neoliberal.  Otras elites aplaudieron.  El Wall Street Journal, la Fundación Heritage, y el Índice de Libertad Económica decían antes de la crisis, con aprobación, que Irlanda tenía la tercera economía más libre del mundo.  

Pero ocurrió lo que siempre ocurre con los sistemas de libre mercado, hubo especulación y se creó una burbuja. Cuando la burbuja del sector inmobiliario se reventó, la economía colapsó.  El país entró en recesión en 2008, el desempleo llegó al 13% y el gobierno tuvo que declararse en bancarrota.  Esta crisis hubiera causado motines o una rebelión en un país con un sistema autoritario.  En Irlanda sólo provocó un cambio de gobierno por medio de un sistema especialmente diseñado para que el pueblo pueda hacer eso, si eso es lo que quiere.  Otros países, como los Estados Unidos y Gran Bretaña, que pasaron o están pasando por crisis parecidas, también cambiaron sus gobiernos de la misma manera.  

En realidad, las crisis económicas son endémicas a todos los sistemas, sean estos keynesianos, de mercado libre o socialistas de estado.  Todo sistema eventualmente las tiene que enfrentar.  La pregunta es qué sistema puede enfrentar estas crisis con mayor éxito.  Los sistemas autoritarios, cuando se estancan, tienden a caer porque no tienen mecanismos que le permitan a los pueblos despedir a los que están en el poder, que muchas veces son los causantes de la crisis o los que, por varias razones, no están en capacidad de resolverla.  

Las elecciones no necesariamente resuelven las crisis económicas pero, por lo menos, si son limpias, el pueblo tiene la opción de darle la oportunidad a otro partido.  Los que ganan las elecciones tienen un incentivo para resolver la crisis: para mantenerse en el poder tienen que resolverla.  Los que las pierden tienen la oportunidad de repensar su política económica y siempre tienen la oportunidad de volver a gobernar si logran convencer al pueblo de que ahora sí tienen la solución.  Desde ese punto de vista, los llamados sistemas democráticos son superiores a los autoritarios.

*El autor es poeta y sociólogo.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus