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A la memoria del doctor Gustavo Adolfo Parajón Domínguez

“Hombres de valor necesita Dios…esforzados, que cumplan promesas, que sigan la ruta trazada con la mirada en su salvador…”

Hace unas horas terminó la misión que el Creador le encomendó cumplir en la tierra a Gustavo Parajón. Pastor, médico, alfabetizador, luchador por la paz, emprendedor, amigo y tantas otras virtudes se pueden enumerar de la prolífica vida del hermano Parajón.

Su nombre me llegó por primera vez a los oídos cuando apenas nos sacudíamos el polvo y lamíamos las heridas, pocos días después del terremoto de Managua en 1972. Él formó el Comité Evangélico Pro-Ayuda a los Damnificados del terremoto (Cepad) que tanto alivio trajo a la población postrada después de aquel “porrazo” de la naturaleza. Una vez cumplida su misión humanitaria, Parajón convirtió aquella organización de auxilio, en el Comité Evangélico Pro-Alianza Denominacional (Cepad), e inició nuevas tareas a favor de la población más necesitada de nuestro país.

Hace poco menos de tres años, por razones profesionales, tuve el honor de comenzar a compartir mensualmente en reuniones con este hombre de gigante estatura moral y probada sabiduría. Eran reuniones de trabajo que comenzaban con lecturas bíblicas y finalizaban con las estupendas analogías del hermano Parajón, con  la realidad de nuestro país. Hasta después de las lecturas comenzábamos a hablar de números, asuntos organizativos y muchas otras cosas. Las reuniones que aunque serias, siempre eran matizadas por el toque de humor que él sabía imprimirles. Todavía lo veo reír de sus propias ocurrencias.

Seguro que los nicaragüenses que lo conocimos o bien recibieron el bálsamo de sus acciones sociales sabrán recordarlo como un hombre de gran valor que nuestro Señor envió para acompañar a construir un mejor país durante algunas décadas. Ahora Papachú lo mandó a descansar, es su voluntad.

¡Y qué casualidad! Supe de su existencia con un terremoto y se me marcha con otro; sólo que ahora en Japón. Seguro que desde el cielo estará brindando consejos a los sufridos nipones.

Gustavo Parajón; hasta siempre.

Chiquilistagua

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