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¡No dudo! Las manifestaciones públicas de uno u otro partido o movimiento, están vinvuladas a tradiciones violentas, ejercidas por los marchistas, la policía, el gobierno, el Estado, y alentadas por los políticos, sus discursos y maniobras para sostenerse en el poder bajo cualquier circunstancia.

Opositores al grupo que domina el Estado, se pronuncian agrediendo a funcionarios en sus mansiones, pintándoles consignas o acusaciones en el muro, o en las oficinas públicas lanzando huevos, sitiando amenazantes; quienes defienden a los políticos en el poder se comportan similar,  explotan bombas, amenazan, golpean, “se toman” las calles como si emocionalmente vivieran una insurrección.

La Policía Nacional se tiende en una espiral que la puede conducir al demérito, a pesar de que la mayoría de la sociedad reconoció los esfuerzos de no acceder a las presiones de la clase política que la quiere convertir en represora.

Los amigos y amigas de la policía van a resguardar el orden, se van a involucrar en los enfrentamientos;  el mando pondrá a prueba su confiabilidad y habilidad operativa sin que resulten daños a la institución y la sociedad. Una misión difícil, pero necesaria para vitalizar el país, persuadiendo a que protesten sin violencia ni violando derechos.

 

Violencia institucional
Otro aspecto de la violencia es el manoseo a la Constitución Política, unos dicen que la reelección es ilegal y otros afirman lo contrario. Algunos a quienes les conviene por prebendas o convencidos, sostienen que Daniel Ortega está en su derecho de querer ser presidente vitalicio; los otros afirman que es ilegal, y van a las elecciones bajo protesta, también buscando capitalizarse.

Los resultados de ir a los comicios “bajo protesta” pueden desencadenar la furia del desencanto, y si los políticos la alientan desde ahora sus resultados no serán benéficos para el país. La clase política está desprestigiada como conjunto, aunque podrán haber algunos reconocidos con criterios razonables.

La sin razón prevalece. Violan los derechos de trabajadores del Estado, los funcionarios les presionan para que con dinero y en las calles respalden a Daniel, y voten por él. El mecanismo para que un empleado obtuviera su militancia en el FSLN, fue represivo, evidentemente obligatorio, y no va a dejar de serlo en la campaña electoral para que confirme su lealtad.

Ya hemos visto a miles de trabajadores del Estado y alcaldías marchando por las calles, en proselitismo político, durante horas laborales, gritando vivas al comandante Daniel y la compañera Rosario. No niego que algunos irán felices, contentos de salir de la oficina y respaldar a sus líderes.
Pero les violan los derechos a quienes no van contentos, sino para mantener su trabajo; a quienes van avergonzados porque no adoran al matrimonio presidencial; a quienes no quieren involucrarse con partidos y desea nada más trabajar.

No conozco alguna época en que trabajadores del Estado no sufran o gocen represiones o inducciones partidarias. Trabajar en el Estado y las municipalidades no parece un derecho, sino un compromiso con el patrón político que le contrata. Eso es violencia.

Intimidación por vía estatal
La intimidación no para allí, la clase política en el poder utiliza las coerciones estatales para agredir al opositor, a quien no está completamente de acuerdo con su conducción, a quien no le profesa obediencia y fidelidad, a quien desea ser libre y gozar de sus derechos humanos.

Las elecciones ya son violentas, agreden las negociaciones políticas tras bastidores en una danza de millones, privilegios, prebendas, cargos y falsedades, pues su comportamiento demagogo desdice la palabrería patriótica.

En nombre de la Patria, para actividades partidarias utilizan el presupuesto público, bienes, muebles, inmuebles. Violentan la inteligencia de quien observa el descaro, cuando quieren justificarlo o cuando descalifican a quien los ven desnudos. Menos mal que quienes ven la desnudez del rey, reaccionan con sorna, jocosos debido a la lucidez.

Veo violencia cuando a escolares infantes les regalan útiles escolares, becas, comida, y les hacen repetir que es gracias al comandante Daniel y a la compañera Rosario, en el nombre de dios, y les lanzan el discurso electoral cristiano. La comida en las escuelas es un tema manipulado, nada más el gobierno provee arroz y un poco de aceite, las madres de familia cocinan en sus casas y agregan condimentos y complementos. Veo violencia, espero no sufrirla.

*Director
Centro de Comunicación y Estudios Sociales (Cesos)