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El año pasado se publicaron algunos artículos y opiniones relativas al rol de las Organizaciones de Sociedad Civil (OCS), algunos reconociendo su trabajo realizado y otros cuestionándolas y hasta deseando su no existencia. Por suerte estas últimas son opiniones minoritarias. En diversas encuestas, la mayoría de la población valora positivo el trabajo de las OSC, de ONG.    
Mas allá de lo que cada quien desee --que es su derecho-- la Sociedad Civil ha estado desde Aristóteles, y como parte de la misma, las OSC están y seguirán existiendo, en general, para bien de las naciones y de los pueblos que en ellas viven o sobreviven.  

Y hay para todos los gustos, de diversos tamaños y colores. Están en toda la geografía nacional, trabajando desde la diversidad multiétnica, plurilingüe y multicultural de la población nicaragüense. Son organizaciones comunitarias, movimientos sociales, comités, sindicatos, cooperativas, asociaciones, ong, fundaciones, federaciones, confederaciones y uniones. Trabajan desde y con niños y niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad.
Son diversas las experiencias que desarrollan para contribuir a la reducción de la pobreza y como parte de ese esfuerzo, apoyando el fomento de la producción, de la productividad, del comercio; al aseguramiento e incidencia para el logro de servicios de salud, de educación, agua potable, saneamiento y energía eléctrica; de no violencia contra las mujeres; la promoción del medio ambiente, la gestión del riesgo, así como la mitigación y adaptación al cambio climático. Soluciones habitacionales.  

Promueven el deporte, el arte, la cultura y la recreación diversa.    
También la gobernabilidad democrática, la promoción de la participación de niños y niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, mujeres, pueblos originarios y grupos étnicos, personas con discapacidades y con diversidad sexual, para ejercer su derecho a incidir en la construcción y perfeccionamiento del sistema económico, político y social, el acceso a la información pública, la defensa de sus derechos y cumplimiento de sus responsabilidades. Es decir la incidencia para la elaboración de políticas públicas, planes, programas, leyes y presupuestos, su monitoreo, auditoria social y evaluación.

Pero igual, como los/as miembros de estas organizaciones nacen y se desarrollan como parte de la sociedad misma, los hay con distintos valores y de todos los colores político/partidarios, o sin ningún color. Incluso, también políticos y diputados/as son miembros y/o dueños de algunos de esos organismos que financian anualmente con parte del presupuesto general de la república, del cual, la mayoría de ellos no rinden cuentas. Otros son financiados con fondos de la cooperación internacional de derecha, centro e izquierda. Otros con dinero de empresarios privados y personas particulares.  
Muchos practican los valores y principios que predican (autonomía, equidad, democracia, transparencia, rendición de cuentas, solidaridad), mientras algunos conviven con un doble discurso.   

Y estos organismos cumplen diversos roles: unos subordinados a los gobiernos de turno, otros en alianza con partidos y gobiernos (con buenas y pésimas experiencias/resultados), otro grupo como prestatarios de servicios que aun el estado no asegura para todos y todas, también los hay quienes se sitúan en la calle de enfrente queriendo cumplir un papel de oposición que no aseguran los “partidos políticos opositores”, mientras otros cumplen a cabalidad el rol que estratégicamente les corresponde: desarrollar y fortalecer las capacidades organizativas, técnicas y políticas de la sociedad, de las comunidades, de las personas; contribuir a su empoderamiento (aunque otros promueven la dependencia) para una participación activa e integral, para que sean protagonistas en la defensa de todos y cada uno de sus propios derechos, sin sustituirlos. Contribuyendo a la Construcción de Ciudadanía. Desde su autonomía.

Por igual desarrollando acciones en beneficio concreto de la población, reconociendo las políticas y acciones buenas de la gestión de funcionarios de los poderes del estado en su período y/o de partidos políticos y señalando/criticando los problemas, los vacíos de esa gestión, además de las violaciones a la constitución y las leyes, denunciando la corrupción, las violaciones de derechos, haciendo propuestas, movilizándose.  
Sin duda, más allá de cualquier voluntad, la sociedad civil, las organizaciones de sociedad civil han cumplido un rol determinante a lo largo de la historia. Y deberán seguirlo cumpliendo. Siendo protagonistas directos, contribuyendo en forma activa y con beligerancia, al desarrollo de un sistema económico, social y político que posibilite de verdad, el desarrollo humano, integral y sostenible, la reducción máxima de la pobreza y de las desigualdades, a partir de la participación plena de la sociedad en su conjunto, sin exclusiones, ni privilegios para nadie. Es posible afirmar que los logros de los gobiernos serían menores y los problemas del país mayores, sin el trabajo y resultados de OSC que cumplen a cabalidad con su rol.

Y para asegurarlo, producto de las propias luchas del pueblo, la Constitución política de la república establece el derecho de los y las nicaragüenses de constituir sus propias organizaciones con el fin de lograr la realización de sus aspiraciones según sus propios intereses y participar en la construcción de una nueva sociedad. Se trata, dice el artículo 50 de la Constitución, de participar en igualdad de condiciones en los asuntos públicos y en la gestión estatal. Mientras, es obligación del Estado de eliminar los obstáculos que impidan de hecho la igualdad entre los y las nicaragüenses y su participación efectiva en la vida política, económica y social del país.