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En correo del 19 de marzo recién pasado, el señor Reynaldo Hernández Linarte, de La Paz Centro y asiduo lector de esta columna, me plantea una duda relacionada con los constantes escollos que esconde el uso de las preposiciones, como la “a”: “¿”Amo a Nicaragua” o ¿“Amo Nicaragua”?, ¿”Dios bendiga a este bus y a sus pasajeros” o “Dios bendiga este bus y sus pasajeros”?

Dentro de los diversos usos y significados que tiene la preposición a, el sentido más importante es el que indica ‘movimiento’; por ejemplo: “La procesión llegó a Catedral”. Dice Darío en “Huitzilopoxtli”: “Andando, andando, llegamos al extremo de un bosque...”. Y Róger Mendieta Alfaro: “Es necesario entrar a la ciudad”. (Canto a Lincoln).

Otro sentido, muy importante también, es el que indica ‘finalidad’, que no es sino un sentido figurado de movimiento; por ejemplo: El historiador se dedicó a investigar los hechos in situ. En “Pequeña biografía de mi mujer”, dice José Coronel Urtecho: “Les enseñaba a amar la tierra, y a trabajarla, como ella…”  Carlos Tünnermann en su poemario Para construir el amor declara: “Yo quiero un amor, amada/a ti clavado, tiernamente...” (Yo quiero un amor...). Y Norberto Herrera Zúniga en Vale la pena vivir, confiesa: “Luego salté a la clase media-baja, cuando pude conseguir la manopla mexicana de Pinedo Deportes, que suavizaba con brillantina Para Mí”. (El beisbol y las clases sociales)

La preposición a está relacionada con el objeto (o complemento) directo. En español, este objeto directo requiere a en cinco circunstancias que vamos a ver por separado.

1. Con nombre propio de persona o animal: “Yo conozxco a Azorín”. (José Coronel Urtecho: “Discurso sobre Azorín para ser traducido en lengua nahuatl”). “Después de esto, don Quijote ensilló a Rocinante…(Cervantes: El Quijote, I. Parte).
La presencia de la preposición a en estos casos se debe a factores semánticos o gramaticales. Observe la ambigüedad de estas construcciones si omitimos la preposición a: *Yo conozco Azorín, *Don Quijote ensilló Rocinante.

2. Con algunos pronombres cuando se refieren a personas y a colectivos de personas: A este lo busca Juan, No he visto a nadie, No quiere a ninguno, Ella los odia a todos, Todos iremos a la asamblea.  Veamos este ejemplo tomado del poema de Pablo Antonio Cuadra: “Himno nacional en vísperas de la luz”: “Voy recorriendo a tantos, llamando a cuantos tienen/ ganado su silencio”.

3. Con nombres colectivos de instituciones.

Es importante recordar que con los nombres colectivos de instituciones se usa la preposición: “Admiro a la Policía” o “Admiro a la Iglesia” significa que siento admiración por la institución policial o por la institución religiosa. En cambio si digo: “Admiro la policía” o “Admiro la iglesia”, significa que siento admiración por el edificio policial o la construcción religiosa. Se trata de complementos directos de cosa, en los que no se usa la preposición, como este ejemplo de “Canto de guerra de las cosas” de Joaquín Pasos: “Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra…”

4. Cuando la acción que denota el verbo se ejerce sobre los individuos: Engañar al vulgo, conmover a la gente, convencer al pueblo. Veamos este ejemplo tomado de “Evocación de Píndaro”, de Salomón de la Selva: “Ama a su pueblo,/ama a sus semejantes, ama a los dioses…”. El Diccionario panhispánico de dudas (2005) nos ilustra lo siguiente: Ante nombres comunes de persona que, aun siendo inespecíficos o no consabidos, son complemento directo de verbos que suponen afectación física o psíquica (acompañar, admirar, afectar, alabar, amar, empujar, engañar, golpear, maltratar, matar, odiar, perjudicar, saludar, etc.): Acompañó a una anciana hasta su casa; Admiro a los ciudadanos que saben defender sus opiniones; Engañar a un jefe es imposible.

5. Con nombres comunes o apelativos de personas, cuando se les quier  e dar un carácter individualizado: busco a mi chofer, busco a mi amigo. Observe usted en estos ejemplos: no busco un chofer cualquiera ni un amigo cualquiera, sino a mi chofer (individualización) y a mi amigo (individualización). Significa: busco a una persona que sabe manejar automóviles, y a una persona que sabe ser amiga mía. Pero si digo: “Busco un chofer” y “Busco un amigo”, evidentemente se trata de nombres indeterminados de persona (un chofer cualquiera o un amigo cualquiera). Significa: busco una persona que sepa manejar automóviles y una persona que sepa ser amiga.

El caso de los nombres propios de países o ciudades
Queremos recordar que con nombres propios de países o ciudades, el uso de la preposición era habitual en épocas pasadas. Pero, como nos aclara el Diccionario panhispánico de dudas, ha desaparecido de la lengua actual. Ahora se dice, sin vacilación: “No conozco México”, “Visité Colombia”, “Conozco París”. Igualmente ocurre con los nombres de países o ciudades que llevan artículo: Visité La Habana, Conozco El Salvador. Es importante aclarar que si estos nombres no se refieren a una realidad meramente geográfica, sino el conjunto de sus ciudadanos, se admite la preposición: Es capaz de engañar a toda Nicaragua.
Como ve el amigo Hernández Linarte, si nos atenemos a las normas de uso de la preposición a, podemos reconstruir los ejemplos propuestos por usted de la siguiente manera:

- Conozco Nicaragua (si denota la realidad simplemente geográfica).
- Amo a Nicaragua (si denota el conjunto de sus ciudadanos).
- Dios bendiga este bus (si denota el transporte, en su realidad física)
- Dios bendiga a este bus (si se refiere a sus pasajeros).
- Dios bendiga este bus (transporte) y a sus pasajeros (personas).

El gran maestro de la gramática, Emilio Alarcos Llorach, afirmaba que la enseñanza del idioma español era algo más que aprenderse de memoria la lista de las preposiciones. Efectivamente, nuestra lengua materna no la aprendimos estudiando gramática, sino con la práctica. Pero no podemos negar la importancia del conocimiento de la gramática para mejorar el acto comunicativo. Todos hemos aprendido más o menos las reglas del juego con la práctica –nos recuerda Manuel Seco en su Gramática esencial del español- como hemos aprendido a andar andando. Pero podemos hacer un buen uso de nuestra lengua si estudiamos sus normas y principios que la rigen y reflexionamos sobre su organización y  funcionamiento.

rmatuslazo@cablenet.com.ni