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Un nuevo anhelo de libertad está despertando, un anhelo que va acompañado por la madurez de saber que la violencia ya no sirve. No sirve ante las sofisticadas armas de  los ejércitos contemporáneos. Pero, sobre todo, no sirve porque hay un arma mucho más  poderosa: la no violencia. Requiere mucho más valor que empuñar un arma de fuego,  pero es mucho más efectiva, pues toca el núcleo de todo lo humano: la conciencia. La  no violencia es el fruto del coraje y de la autoestima. Y como afirmaba Martin Luther  King, un “firme sentido de autoestima” es el arma más poderosa contra toda opresión.

La no violencia tiene una larga historia en el mundo musulmán. Uno de sus episodios más impresionantes sucedió el 23 de abril de 1930. Abdul Gaffar Kahn, amigo y compañero de Gandhi, había formado una organización de valientes no violentos, los Khudai Khidmatgar, para luchar contra la ocupación británica. Cuando Gaffar Kahn fue arrestado, sus seguidores se congregaron en una plaza de Peshawar. Pese a las órdenes  del ejército, se negaron a retirarse. El ejército empezó a disparar, pero ellos no se  inmutaron. Gene Sharp ha descrito así lo allí ocurrido: “Cuando los que estaban en   primera línea caían a causa de los disparos, una nueva línea de hombres avanzaba con el  pecho descubierto y se ponían a tiro, hasta el punto de que algunos de ellos recibieron  hasta veintiuna heridas de bala en el cuerpo, mientras los demás se mantenían en su  lugar sin caer en el pánico…

Esta situación prosiguió desde las once de la mañana hasta  las cinco de la tarde”. Gaffar Kahn había enseñado a sus seguidores que el arma más  poderosa es la paciencia y la integridad. Stéphane Hessel (ex embajador francés, de  origen judío y superviviente de campos de concentración) explica en Indignez-vous que  las autoridades israelíes, desconcertadas ante el poder de la no violencia, han tenido que  calificar como “terrorismo no violento” (!) las pacíficas protestas de los ciudadanos de  Bil’in ante el muro que los segrega.

En última instancia, lo que sostiene a un gobierno no es la ley ni el ejército, sino las  convicciones y los valores compartidos por la sociedad que lo legitima o lo consiente.  Cuando esas convicciones y valores cambian, el poder pierde su legitimidad y está  llamado a caer tarde o temprano. Como declara el artículo 1 de la Constitución de la   Unesco, “dado que las guerras comienzan en las mentes de los hombres, es en las  mentes de los hombres donde hay que construir los baluartes de la paz”. También es en  las mentes de los hombres y mujeres donde se construyen los baluartes de un mundo  mejor.

Las estructuras caducas que están llamadas a caer no se circunscriben a los países árabes. Martin Luther King pedía en 1967 “una revolución radical de los valores” que nos lleve de una “sociedad orientada a las cosas a una sociedad orientada a las personas”. Incluso un célebre economista como Keynes imaginaba un futuro en el que el afán de lucro y la codicia serían considerados “inclinaciones semipatológicas”. Buena  parte del mundo sigue dominado por infelices psicópatas obsesionados por el poder y el  dinero. Pero el mundo se quiere mudar. Una nueva sociedad post-materialista,  sostenible y solidaria, pugna por nacer.

*Escritor. Autor de Buena crisis