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En recientes pláticas y comentarios nos hemos dado cuenta de que hay una duda en el ambiente en el sentido de si los nuevos “protestantes” de color rosado chicha, con sus canciones de paz y amor, lograrán hacer mella en la opinión de la población al plantear un mensaje de una supuesta armonía, de un tal entendimiento y, sobre todo, de que a cierto gobernante se le debiera dejar participar de las próximas elecciones presidenciales.


En la misma línea hay quienes opinan que las acciones de Rejudin (Resistencia Juvenil por la Dignidad Nacional) podrían pasar por reyertas violentas que podrían incluso convertirse en contraproducentes para el objetivo final buscado, que es el de ganarse los corazones y las mentes de la población en general, y especialmente de la juventud apática.


Si realmente somos objetivos, opinamos que hay cierto grado de hipocresía al quererse criticar el estilo de las espontáneas manifestaciones de los jóvenes que rechazan la inconstitucional candidatura del Presidente Ortega, - quienes han recurrido, a lo sumo, a tirar huevos y pintar paredes con consignas de protesta–, al ser comparados con los característicos morterazos, pedradas, puñaladas y hasta machetazos con los que los otros batallones de la infantería orteguista salieron a las calles hace apenas algunos meses mostrando una tal “justa ira del pueblo”, si nos permitimos usar las propias palabras del Presidente de la Asamblea Nacional.


Ahora bien, sobre los “pacifistas” de hoy un primer pensamiento que se nos viene a mente es la certeza de que será realmente en noviembre que nos daremos cuenta de qué tan genuinas eran sus acciones, pues entonces veremos si sus protestas permanecen siendo color de rosa o, por el contrario, si se mancharán con el rojo sangre que ya una vez vimos durante las agresiones ocurridas inmediatamente luego del fraude electoral del 2008.


Por ello, si nos permitimos aventurarnos y echamos a volar la imaginación, creemos que la reciente campaña “de paz y amor” en realidad debe tratarse de meros cantos de sirena que ya sabemos quiénes quieren entonar con ya sabemos qué propósitos.


Es decir, sospechamos que el objetivo real de tales serenatas es el de hacer las veces de canciones de cuna que mantengan adormecida la conciencia colectiva de la población nicaragüense de modo que no proteste la inconstitucional inscripción de Daniel Ortega como candidato presidencial, pues nosotros estamos claros de que existe un gigante que es al único que verdaderamente le tiene horror la tiranía en Nicaragua:  una juventud que hasta ahora se ha mostrado apática –sólo basta preguntarse por qué tan repentino interés mostrado por don Daniel de convertirse en catedrático universitario recientemente, si no fue para congraciarse con “los muchachos”–.


La indiferencia de ese importantísimo sector es innegable, es generalizada y hasta ahora muchos habían contado con que era eterna.  Sin embargo, al parecer las cosas han ido cambiando poco a poco, pues existe la percepción de que son los rejudines y otros grupos similares podría despertar ese gigante, sobre todo si hemos de considerar el intrínseco espíritu rebelde que caracteriza la juventud.  Es decir, Ortega es consciente de que tanto los rejudines como la juventud apática, por decirlo así, hablan el mismo idioma, y su mayor preocupación es que los unos se sientan identificados con los otros.

Nos preguntamos, en consecuencia, si será por eso el cambio de estrategia observado recién, en el sentido de promover un supuesto “pacifismo” que pretenda hacer aparecer a los rejudines como los violentos y a los protestantes color de rosa como los “pacifistas amorosos”.

Sólo el tiempo lo dirá...

*Creador del Grupo “Día Nacional de la Ira” en Facebook