Jorge Eduardo Arellano
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El acoso, las prohibiciones, los despidos injustificados y no pocas veces la cárcel, han sido unas de las muchas violaciones a los derechos laborales y humanos de los sindicalistas bajo los regímenes dictatoriales y seudo “democráticos”. Este ingrato recuerdo lo trajo la noticia sobre las presiones y amenazas de parte de autoridades del Ministerio de Salud de este gobierno en contra de los trabajadores de la salud de ocho departamentos del país, cuyos sindicatos están afiliados a la Central de Trabajadores de Nicaragua (END, 26/02/08).

Esta central nació en 1972, y tiene su origen en los sindicatos cristianos de finales de los años 50´. Diez años atrás, en 1962, pasó a llamarse Movimiento Sindical Autónomo Nicaragüense (Mosan). Y diez años después, 1982, se dividió en dos centrales: la CTN (la que ahora hace la denuncia), siempre bajo el liderazgo de Carlos Huembes, y la CTN Autónoma que dirige Antonio Jarquín. Ambas centrales han sido conducidas hacia la colaboración de clases (con la UNO, con el PLC y con el Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep), razón por la cual han tenido discrepancias con el sindicalismo socialista primero, y con el sindicalismo sandinista ahora.

En la etapa de los 80´ las contradicciones entre ambas corrientes se acentuaron como reflejo de las contradicciones políticas de la época, y bajo los gobiernos neoliberales una se agrupó en el Congreso Permanente de los Trabajadores (CPT) y la otra en el Frente Nacional de los Trabajadores (FNT).

El gobierno sandinista no comprendió, ni lo comprende ahora el gobierno orteguista, que los intereses de la dirigencia sindical que ha ligado los trabajadores y sus sindicatos a los sectores políticos burgueses, son diferentes a los intereses de los trabajadores y de sus sindicatos. Por lo tanto, si las contradicciones políticas del gobierno es con sus líderes, que las resuelvan con ellos, no con los trabajadores y sus sindicatos. Igual de aceptable es que el gobierno utilice contra ellos la represión y el despido. El desempleo ha sido un arma cruel e inhumana en manos de las clases dominantes de toda la vida, y sus consecuencias las han hecho extensivas a sus familias, dejándolas virtualmente sin comer al cortarles su única fuente de ingreso, el salario.

Esta actitud, desautoriza al orteguismo para izar la bandera de la justicia social. Es una actitud somocista contra los sindicatos que no responden a sus lineamientos políticos. Lo peor: no es sorpresiva ni coyuntural, sino meditada desde antes que ganaran las elecciones, en plena lucha electoral, cuando más sonoras eran las demagógicas consignas de “paz, unidad y reconciliación”. Quedó documentada en la carta que el diputado, líder sindical y funcionario público, Gustavo Porras dirigió a Iris Montenegro --Secretaria de Fetsalud-Managua--, el 18 de octubre de 2006, donde le informa de las medidas tomadas por el FNT en una reunión con el comandante Ortega.

En esa reunión --dice Porras en su carta-- “…analizamos la situación de los distintos sindicatos, tanto los nuestros como los que pertenecen a otros grupos políticos que hemos logrado neutralizar. Sabemos que esos sindicatos que no son afines a nosotros, serán activados en contra nuestra cuando estemos en el gobierno y por tanto jugarán un papel beligerante como el que nosotros hemos tenido que jugar durante 16 años. Para disminuir esa posibilidad tenemos que seguir en la tarea de plegar esas fuerzas sindicales alrededor de nuestra estrategia de lucha como lo hemos venido haciendo desde hace varios años.”


La tarea de “plegar” a los otros sindicatos, Porras la orientó junto a la tarea de adormecer a Fetsalud: “Debemos continuar la tarea de lograr que Fetsalud disminuya su beligerancia para que al estar en el gobierno contemos con una fuerza adormecida y que apoye los planes y estrategias del Minsa que será administrado por nuestro partido en el poder y sirva de barrera a las otras organizaciones sindicales que tratarán de levantar protestas y reclamar sus derechos. Nuestro gobierno debe contar con una Fetsalud cooperadora y para ello hay que estimular a los dirigentes históricos que nos han sido fieles para que sigan conduciendo a los afiliados dándoles nuevas formas de lucha que excluyan las huelgas y otras protestas similares que no serían convenientes para un gobierno sandinista.”

Porras revela arreglos con ministros del gobierno de Bolaños, y la manipulación de Fetsalud: “Desde la administración de Alvarado en el Minsa hemos logrado conducir a nuestras bases bajando el tono de las protestas y con la licenciada Gurdián logramos acuerdos estratégicos que nos permitieron disminuir el desgaste y preparar a nuestros afiliados en un nuevo enfoque de lucha mediatizadora, preparando a nuestras fuerzas para que jueguen un buen papel cuando seamos gobierno.”

La represión contra los trabajadores de los sindicatos de la CTN fue concebida por Porras junto a la manipulación de los suyos para lanzarlos contra sus hermanos de clase: “Debe combatirse con firmeza, todo acto de oposición dentro de nuestras fuerzas. No debemos olvidar que hay dirigentes que pueden hacer observaciones que tiendan a causar confusión. Con ese tipo de dirigentes hay que hablar personalmente para que no se constituyan en un peligro para nuestra nueva estrategia. Vos tenés una lista de quienes son.” (Insinúa la posible represión, por si se constituyeran “en un peligro”).

Porras previno las medidas que tomarían en caso de no ganar las elecciones: “Tenemos previsto que si no ganamos las elecciones, un plan de acciones para volver a Fetsalud a su forma anterior, antes que el nuevo gobierno asuma el poder en enero de 2007.” Y un alerta final: “Confiando en que lograremos la presidencia de este país el próximo 5 de noviembre, continuemos con el plan articulado a raíz de la huelga recién pasada.” (*)
En Porras no asoma el mínimo respeto por los trabajadores --propios y extraños-- ni por sus derechos e intereses. Sólo tiene presente el interés político de su partido y la defensa del poder. Difícil no comparar la represión somocista contra los sindicatos con la represión de este gobierno. La diferencia es que el somocismo no tuvo sindicatos fuertes de los cuales valerse para reprimir a los trabajadores, y este gobierno sí, los tiene. Los líderes somocistas no podían hacer planes como los de Porras, pero “soplaban” a los sindicalistas socialistas para que los echaran presos; su Mitrab ilegalizaba sindicatos, les congelaba sus cotizaciones, que por ley depositaban en el sistema bancario, y en 1953 les prohibieron el ingreso a la Casa del Obrero, hoy utilizada sólo por los sindicatos identificados con el gobierno.

La finalidad ha sido igual no permitir el libre desarrollo de las luchas obreras, y manipularlas políticamente. Con menos poder, los líderes de la CTN, aliados del PLC y del Cosep también actuaron contra los trabajadores sandinistas durante los gobiernos neoliberales. Antes, cuando los Somoza, los reprimían por “comunistas”; después, por “sandinistas”; y ahora, porque son “de la derecha”. A más de noventa años, los enemigos de los trabajadores les siguen reprimiendo.


(*) Carta tomada del “Semanario Laboral Voz de la Clase Obrera”, #6, noviembre 2007.