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El siglo XXI ha presentado algunas situaciones que reflejan el desenfreno, la locura, la prepotencia y la irresponsabilidad de las potencias capitalistas pertenecientes a la tiranía imperial. En estos primeros años de dicho siglo, el cinismo, la doble moral y la rapacidad de estas potencias por el reparto del mundo, ha sido la constante. El ataque a las torres gemelas de Nueva York el 11-09-2001 fue el inicio de este desenfreno, de la barbarie. Fue el motivo principal para la guerra en Irak y Afganistán.

Las torres fue el argumento fundamental para el desmontaje de todas las conquistas civiles alcanzadas por el pueblo norteamericano. Se violentan las libertades al ser sometido a una vigilancia, observación y persecución extrema. La ley patriótica viola algunos preceptos civiles y políticos, los derechos humanos, no sólo internamente sino a nivel internacional.

La declaración de guerra de USA contra Irak y Afganistán permite instaurar el fascismo en la sociedad norteamericana y parte del mundo, con la salvedad de que Hitler actuó solo con Alemania, mientras que USA siempre ha estado acompañado de Inglaterra, cumpliéndose las concepciones ideológicas del destino manifiesto. La llegada del mandatario Barack Obama a la Casa Blanca despertó en el mundo una serie de expectativas relacionadas con el cambio de correlación de fuerzas en el mundo, expectativas de paz, progreso, diálogo y negociación para solucionar los conflictos geopolíticos existentes. El premio Nobel de la paz, apuntaló aún más estas expectativas. No obstante el espejismo desapareció rápidamente cuando no cambió la política respecto del embargo de la Cuba socialista.

La crisis del Medio Oriente ha permitido conocer la visión ideológica imperial del hombre que, al llegar a la Casa Blanca, despertó grandes expectativa y esperanzas de un mundo mejor. Ordenar el retiro inmediato de los gobernantes de Egipto, Túnez y de Ghadafí es una insolencia propia de los dictadores, tiranos y los césares de la época romana. Además de esta insolencia, Obama, al acompañar a la actual coalición que solamente son Francia e Inglaterra, ha violado la ley al no tener el visto bueno del congreso norteamericano y debe ser juzgado como Nixon, Reagan.

No obstante, lo más insólito es el comportamiento de la organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo secretario general ha tenido una posición beligerante y arrogante respecto del uso de la fuerza contra un país legítimante constituido. Avalar, reconocer a fuerzas irregulares que se han levantado para derrocar un régimen, es un error histórico del secretario general, un precedente nefasto para la humanidad. Su papel es de diálogo, negociación, no de injerencismo en los asuntos internos de los países, mucho menos avalar una intervención militar sobre un país soberano e independiente. Rechazar esta posición absurda es lo menos que se puede hacer. Movilizarnos para repudiar este hecho nefasto y de impredecibles consecuencias para la humanidad, es una demanda ética y moral de ciudadanos que repudiamos el uso de la fuerza, la muerte y destrucción para solucionar los conflictos.

Carlosmcorea@yahoo,es