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La candidatura de Daniel Ortega supone una invitación al caos, pues el que mayormente está obligado a respetar la Constitución se encarga de promover el desacato de las leyes, esta situación es altamente peligrosa porque abre la posibilidad de que cualquiera cometa un delito (robo, asesinato, saqueo, violación, etc. etc.) y alegue que los puede cometer, porque aún cuando esos delitos están claramente tipificados en el Código Penal, igualmente lo está la Reelección en el Artículo 47 de la Constitución de la República, y el presidente se quiere reelegir, para lo cual ya inscribió su candidatura, que también es ilegal que se la hayan recibido. ¿Estamos entonces a las puertas del caos, del sálvese quien pueda, de la ruptura con el orden jurídico y a un paso del peligroso escenario que justificaría que cada quien tome la ley por su propia mano? Ortega legitima con su candidatura ilegítima la acción violenta. Parece que la violencia le atrae a Ortega, quizá porque siempre la ha vivido de larguito, unas veces en Costa Rica, otras detrás de varios escoltas.


Candidatura del General Omar Hallesleven
Independientemente del derecho que tiene el general Hallesleven a ser candidato a lo que quiera, la candidatura de Ortega es ilegal e ilegítima, y lo peor, él lo sabe, y sólo la acepta porque reconoce con ese acto que nunca ha dejado de sentirse subordinado de Daniel Ortega, lo cual es sumamente grave para el Ejército como institución, porque da a entender con ello que el respeto a la Constitución y la subordinación al poder civil era sólo ¿un manejo? temporal, lo cual mina de raíz la credibilidad de la profesionalidad del Ejército, pues la credibilidad sobre la profesionalidad de dicha institución es una tarea constante y permanente, no algo a lo que se llega y ya. Nadie la he firmado un cheque en blanco al Ejercito, la confianza es algo que hay que defender todos los días, eso es algo que el despersonalizado general Julio César Avilés debe tener claro.

La decisión de Daniel Ortega de llevar a Hallesleven como su compañero de fórmula es claramente un reflejo del gran temor e inseguridad que siente ante la decisión del pueblo de no dejarse arrebatar la victoria electoral mediante el fraude que está preparando. Ese fraude no se podrá llevar a efecto aunque lleve como candidatos diputados a todos los militares o comisionados retirados que quiera, en esta país todo mundo sabe volar tiros, si acaso es que a eso se atiene.

Hallesleven no es quién para otorgar legitimidad a nadie, si eso es lo que quería, y si acaso Ortega lo que quería era intimidar a alguien se equivocó, pues a nadie atemoriza, aunque probablemente quienes se sientan atemorizados sean justamente sus socios o aliados que estaban esperanzados en mejorar sus negocios al amparo de la impunidad que Ortega promueve.

Si algo ha enseñado la historia es que en los ejércitos quienes mandan son los jefes, y Hallesleven ya no lo es, y nada mina más disciplina de un Ejército que el estar en el debate constante de la opinión pública pues lo divide, y la oficialidad del Ejército debe estar muy clara que la candidatura ilegal e ilegítima de Ortega y la complicidad de Hallesleven atenta contra su estabilidad laboral y contra la seguridad económica de su familia pues los ejércitos son instituciones que cuesta mucho tiempo consolidar, pero pueden desmoronarse en forma relámpago, y ello se puede llevar en el alma al Instituto de Previsión Social Militar.