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Ha comenzado una nueva guerra imperialista. El turno de país agredido le corresponde hoy a Libia, ex–colonia italiana, en la región norte de África, continente donde, según las evidencias científicas, surgieron los primeros seres de la raza humana, como resultado de la evolución.

De África migraron como nómadas hacia el norte los primeros seres humanos evolucionados. Miles de años después, en pleno capitalismo global del siglo XXI, del norte regresan hombres de una de las razas resultantes de la evolución de los humanos primigenios y nativos de África; pero no regresan caminando, regresan volando sofisticados y costosos aviones de la muerte: bombardeando.

El 7 de octubre de 2001, los imperialistas de La Tierra invadieron Afganistán, la razón: interés geopolítico-económico, el gas natural. Los dueños del mundo dijeron en aquel entonces: los terroristas de Al Qaeda y Osama bin Laden están en ese país y son los culpables de destruirnos las Torres Gemelas y atacarnos el Pentágono con aviones “misiles, cohetes o bombas”. Los invasores, según CNN, llevan hasta hoy 2367 muertos –de los cuales por lo menos 1420 son de Estados Unidos- y 10681 heridos. La resistencia afgana sigue aumentando su intensidad.
El 20 de marzo de 2003, los mismos imperialistas de siempre intervienen en Irak, la verdadera razón: el petróleo. Los policías del mundo dijeron: Saddam Hussein posee armas de destrucción masiva. Un general retirado, la tecnología satelital y el Consejo de Inseguridad de la ONU con frecuencia pueden hacer el ridículo. A pesar de las grabaciones satelitales, Collin Powell, el CenCom y George Walker Bush nunca encontraron ni nos mostraron las armas de destrucción en masa de los iraquíes. Un militar iraquí advirtió: los invasores se quemarán dentro de sus carros. Y más o menos así ha sido. Cátedra de resistencia han dado los iraquíes, de la cual los afganos han aprendido mucho. No fue con flores el recibimiento de los invasores, los siguientes datos lo atestiguan: 4760 muertos (por lo menos 3510 gringos); y 32051 heridos.

Cuando se cumplieron ocho años de la invasión imperialista a Irak, en nombre de la civilización globalizada, se ataca a Libia (20 de marzo de 2011); los motivos: petróleo y gas natural. Paul Wolfowitz señaló algo así como: somos capaces de pelear en dos o más frentes. Y ahí están, aunque no han ganado ninguna de las tres guerras. En realidad, nunca han ganado guerra alguna. Pero guerra se conmemora con guerra.

Petróleo, petróleo, petróleo/petróleo, petróleo, petróleo. Bien puede ser una paráfrasis del poema Waslala del genio poético de Ernesto Cardenal, quien seguramente está en contra de la guerra imperialista contra Libia.

Los magnates del capitalismo global y de la democracia del siglo XXI dicen que defienden a los civiles libios; pero la mayoría de muertos y heridos son civiles. Saltan nuevamente los “efectos colaterales”. Tecnicismo. Eufemismo.

Los dueños del mundo dicen que Muammar Al Gadafi es un dictador; que tiene muchas mujeres; que sus hijos heredarán el poder de 42 años de duración y que son malos musulmanes (laicos a la occidental), de acuerdo con Wikileaks; y que bombardea a su propio pueblo. Sin embargo, los únicos bombardeos que hemos visto –o que ellos han mostrado a través de sus propias pantallas de televisión-, son los hechos por aviones de Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Guerra mediática.

Ese trío de naciones mal acostumbradas al coloniaje se autollaman “comunidad internacional” para detrás de esa máscara bombardear a Libia. No obstante, no bombardean el Reino de Baréin, donde masacraron a civiles desarmados que protestaban en la plaza pública más importante del país y donde las tropas de Arabia Saudita intervinieron. Es que los intereses, o sea el petróleo, de la

“comunidad internacional” en esa mina petrolera está asegurado.
La nada confiable Naciones Unidas y su Consejo de Inseguridad declararon una “zona de exclusión aérea” en el espacio que pertenece a Libia. Esa tal “zona” es la manera en que los imperialistas del siglo XXI llaman a la declaración de guerra.

Rusia y China en el Consejo de Inseguridad se abstuvieron. Cobardes. No se opusieron a la guerra contra Libia. Piensan en sus intereses geoestratégicos. A la larga quieren que los imperialistas yankees y europeos se empantanen más en otra guerra para que se desgasten, mientras ellos crecen y crecen en términos económicos hasta el punto de manejarle el dinero a los gringos, como ya lo hace China. Y Alemania, por ser un año electoral, también se abstuvo. Y el momento era el apropiado: revueltas y derrocamientos de gobiernos corruptos en Túnez y Egipto; terremoto de 9.1 en la escala de Richter, tsunami y crisis nuclear en Japón.

Dice el trío formado por Barack Obama, Gordon Brown y Nicolás Sarkozy (autollamado “aliados” y autoproclamado representante de la comunidad internacional), que apoya a los rebeldes; pero Gadafi ha dicho que Al Qaeda, creación de Estados Unidos y hasta hace poco su enemigo a muerte, está detrás de todo.

M. Al Gadafi estaba bien y era un buen aliado de Estados Unidos y Europa mientras privatizó muchas empresas del Estado que él mismo había nacionalizado cuando tomó el poder hace más de cuatro décadas. Tiempo en el poder que no justifica los bombardeos. A propósito, el tiempo en el poder de una misma persona es algo que los revolucionarios deben revisar y corregir en el siglo XXI; pero ese es un tema para otro artículo.

Gadafi era bueno mientras seguía los pasos de la globalización neoliberal; cuando indemnizó a los familiares de las víctimas del atentado al avión de Pan Am en Lockerbie, Escocia; cuando depositó millones de dólares en Inglaterra o Italia; y cuando financió la campaña electoral de Sarkozy en Francia.
Ya no es cierto que lo más nervioso del mundo es un millón de dólares; por ahora, nada hay más nervioso en el planeta que la necesidad de un millón de barriles de petróleo. Y la carrera alcista del petróleo y sus derivados ha tenido un repunte.

Las únicas cosas ciertas de todo esto son: que Barack Obama, Hillary Clinton y sus “aliados” son títeres guerreristas y que “la guerra será larga” como dijo M. Al Gadafi. Hasta ahora, no menos de una docena de aviones invasores ha sido derribada; y ninguna de las potencias se arriesga a desembarcar sus primeros seres vivos, seres humanos o soldados nómadas que regresan; porque saben que cuando las tropas están en el terreno, la verdadera guerra empieza.

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