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Quisiera escuchar una historia distinta, una historia de conceptos, más que de personas, escrita por personas, pero relatada desde las convicciones y no desde las nostalgias, porque escribir en cada paso es mucho más que extrañar. Es actuar desde el recuerdo, haciendo honor a la acción del pasado que se evoca en el compromiso del presente.

A veces me pregunto si incluso pretender reivindicar a los héroes anónimos para criticar a quienes se colocan por encima de las plazas no es también un abuso. Creo que sigue siendo la acción la ruta para convencer sobre el valor de nuestras ideas, no importa el nombre de quien asuma la tarea, siempre que sea la de liberar nuestra sociedad de la prepotencia del mercado y el poder desvirtuado desde las instituciones y la falsa “política” que no es más que la traición a los conceptos. Luchar para que el poder social sea mucho más que la posibilidad de “ejercer derechos” o “elegir autoridades”, exige dejar a un lado los nombres que hemos retenido en nuestras mentes, pues las cosas que se hacen con el corazón deben trascender la mente.

Quizás en lugar de escuchar, de seguir pasivos frente al relato oficial o al que por asumirse en contra del oficial, nos vende medias verdades, es hora de hacer la misma historia, desde las vivencias que lo cotidiano nos permite y de los espacios que vayamos construyendo entre quienes  repudiamos lo que la realidad nos vende y la condena a repetir experiencias, contra los ventrílocuos que desde liderazgos desenterrados desmoronan expectativas y apuestan al borreguismo como su única carta.