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El 2011 será un año duro para Nicaragua, no sólo por la lucha electoral que se avecina, sino por las condiciones en que se da esta elección. Todo año electoral es año de poco crecimiento económico, la incertidumbre sobre el futuro político es grande y el capital le huye a la inseguridad. Las condiciones en que vamos a estas elecciones son también extraordinarias y ayudan a acentuar el clima de inconstitucionalidad, de falta de seguridad jurídica y de corrupción en todos los segmento del estado.

La esperanza de los nicaragüenses se cifra en la UNE y Fabio Gadea con su vicepresidente Edmundo Jarquín. En la casilla 13 del Partido Liberal Independiente, la candidatura de Gadea parece ser la única alternativa viable para una verdadera lucha política contra la dictadura de Ortega. Pero cuando empezamos a analizar el problema nos encontramos con una serie de obstáculos inherentes a la formula misma y a las condiciones electorales. El primer gran problema que veo es la duda o la dificultad que el gran capital encuentra para apoyar la candidatura de Gadea. Es de todos bien sabido que el gran capital de Nicaragua está en contubernio con el orteguismo, y a pesar de las grandes diferencia que puede haber en el discurso del capital y el orteguismo, la estabilidad macroeconómica que actualmente tenemos, los jugosos negocios con las Albas, y las pingues ganancias que el sector agroexportador ha dejado al país, hacen que estos socios dispares se encuentren muy bien acomodados en la situación actual.

Por otro lado, la presidencia de Gadea-Jarquín traería cierta inestabilidad económica al país. El MRS representa un verdadero peligro para el capital nicaragüense y esa desconfianza se vio claramente en las elecciones presidenciales de 2006. En el MRS se concentra la intelectualidad del FSLN cuyas ideas radicales y conciencia revolucionaria parecen oponerse claramente a la posición neoliberal del orteguismo. Ante los revolucionarios idealistas con deseos de cambio social, el gran capital prefiere a los corruptos demagógicos que van a seguir lucrándose del poder, aunque sea en condiciones deplorables para el país. Otro factor importante en la lucha cuesta arriba de la UNE es que el PLI nunca ha ganado una elección, excepto por la 1948. Históricamente el PLI ha sido un partido perdedor aún en los tiempos cuando el partido estaba integrado y sólido. Mucho menos ahora que el partido va dividido por los intereses personales y el dinero orteguista.

La fuerza más sólida e importante integrada por el PLC y el PC, que sin duda tiene la estructura necesaria para derrotar al orteguismo, va amarrada con Ortega, interesados solamente en una cuota de poder y de inmunidad, y resignados a ser una muletilla de la Pareja Suprema. Toda elección se basa en la confianza, los votantes le dan su voto al candidato que le inspira mayor confianza: confianza para ganar, confianza para gobernar, confianza para crear las condiciones básicas de una democracia y una sociedad justa. Arnoldo Alemán ha perdido totalmente esa confianza. A lo largo de estos años lo hemos visto cometer tantos errores políticos, que la fuerza que tenía el líder en 1996 es ahora una carga pesada de corrupción y debilidad.

Estas ideas que he tratado de exponer brevemente, se van al traste de la reflexión política, cuando vemos el estado de ilegalidad que impera en el país. Si tuviéramos elecciones libres y honestas, don Fabio tendría una verdadera y considerable oportunidad de ganar, pero sabemos muy bien que el fraude empezó hace muchos meses. Sabemos que la Pareja Suprema va a usar todas las artimañas a su alcance para alterar los resultados. Sabemos que están cedulando a sus correligionarios y obstaculizando la cedulación de los militantes de otros partidos, o los independientes. Mientras la UNE va a tener que trabajar con las uñas, sin un capital de respaldo, sin el apoyo masivo del gran capital, y sin fondos líquidos para movilizar a su gente; Ortega le está dando plata a los otros partidos políticos para que desarrollen sus campañas electorales, y den al mundo la imagen de democracia participativa y justa.

La situación por tanto es bastante triste y desalentadora. Eduardo Montealegre ha apostado todo su capital político desde el 2001, y desgraciadamente en todo le ha ido mal. “La humanidad solo reconoce el éxito”. Si Montealegre hubiera ganada las elecciones presidenciales nadie ahora lo acusaría de haber dividido el voto democrático, y de haber contribuido al triunfo de Ortega. Si en el 2008 no le hubieran robado la Alcaldía de Managua, estaría ahora como candidato a la presidencia y no hubiera tenido que recurrir a don Fabio Gadea como candidato de consenso.

El 2011 será un año muy difícil para Nicaragua. La inestabilidad en el Oriente Medio puede disparar el costo de la gasolina hasta 6 dólares el galón. La electricidad en Nicaragua, de por sí una de las más caras de América Latina, seguirá subiendo por nuestra dependencia del bunker. Desde ahora todos los esfuerzos están concentrados en las campañas políticas y la inversión social se dirige no con la visión de un proyecto de nación, sino con los intereses electoreros en mente. Ya hemos visto esto en el inicio del año escolar, y la total falta de interés por parte de las autoridades, sobre la inversión nacional en educación. No es la formación de nuestros estudiantes lo que interesa, sino la propaganda política y la politiquería.

Mientras tanto, el país sobrevive con sueldos de hambre. Un Director municipal gana 500 dólares al mes y se considera bien pagado. Para 2009, el Producto Interno Bruto per cápita fue de 2,664 dólares, pero la distribución del ingreso es tan desigual que el índice de GINI es de 52.3. De los 2.3 millones de personas que tiene trabajo la mitad están subempleados. Sin embargo tenemos una Corte Suprema de Justicia multitudinaria, un Consejo Supremo Electoral sobrepoblado de magistrados corruptos y vendidos, y una Asamblea Nacional que es incapaz de hacer oposición y trabajar por el bien del país.

¿Cuáles son las alternativas? No votar en las elecciones es darte carta blanca a la Pareja Suprema para que se legitimen en el poder inconstitucionalmente por 5 años más. No hay más que votar por el candidato que nos inspire confianza, y defender el voto de todas las formas posibles. Ante la crónica de un fraude anunciado, solo nos queda votar y luchar por la elusiva democracia nicaragüense.

*Director del Departamento de Lenguas y Literaturas Románicas de Universidad de Cincinnati.
urbinan@uc.edu