Jorge Eduardo Arellano
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Todo parece indicar que en Nicaragua está surgiendo un nuevo negocio: el alquiler de candidatos. Más rentable que enviar frijoles a países millonarios en petróleo, pero desgraciados en comida. Es una relación económica tan próspera que sólo basta tener una casilla “limpia” para ofrecérsela a un partido político con dudosos orígenes y entonces se arma enseguida una transacción en la cual se negocia la casilla y se alquila el candidato en una sola jugada. Cualquiera pensaría que es una simple transacción comercial, pero quienes piensan en eso se equivocan, lo mismo le puede ocurrir a aquellos que tratando de ocultar tan descarada contratación la justifican con argumentos falaces de una llamada unidad política, pero si escarbamos al fondo de la realidad es fácil determinar lo que ocurre en las organizaciones políticas criollas tan desprestigiadas como el uso de una bandera bicolor con letras blancas.

La realidad objetiva nos obliga a realizar un análisis actual de la situación electoral y el papel que juegan los partidos políticos en función de la selección de sus propios candidatos en las elecciones municipales, existen diversos argumentos que son fáciles de destruir con el solo hecho de señalar la lógica y la racionalidad que a muchos representantes partidarios se les hace creer que al pueblo nicaragüense se le puede engañar todavía con espejitos.

El punto concreto es preguntarnos porque antes de cada elección se arma un remolino en la elección del candidato “idóneo” que deba correr en la casilla del partido apropiado, se comienzan a cuestionar los tiempos impuestos por el Poder Electoral, ante lo cual, si bien es cierto que se pueden hacer todo tipo de trampas para atentar contra el procedimiento democrático de la elección, también es cierto que todos sin excepción, candidatos incubados en borracheras, representantes de las juntas directivas partidarias, políticos vitalicios y todo aquel que le interesa el tema de las elecciones, sabían perfectamente desde hace varios años que en el dos mil ocho se realizarían elecciones municipales, por lo tanto el argumento de que el calendario es demasiado apretado para escoger sus candidatos es una soberana mentira.

Sabiendo que está perfectamente claro en nuestra Constitución Política el período de los Alcaldes y determinado más específicamente en la Ley Electoral las fechas de las elecciones, es imposible creer que sin necesidad de iniciar una campaña electoral antedatada, los mismos partidos políticos no hubiesen podido establecer mecanismos en las escogencias de líderes para ir adelantando el proceso de elección, sin convertirse en una burla a la propia ley, perfectamente se puede determinar la intención de los propios partidarios en la tendencia que se puede tener al proponer a posibles individuos que tengan la capacidad de dirigir los destinos de los gobiernos locales.

Sin embargo, la cosa va mas allá de este simple planteamiento, este sedentarismo político partidario oculta una razón más egoísta que las intenciones de perpetuarse en el poder de la nueva familia dinástica. La realidad en muchos casos es la política de exclusividad casi mesiánica de pensar que una persona es la ungida divina para correr como candidato en un partido determinado, se ha puesto de moda que si no se gana en las elecciones nacionales, entonces a lo mejor puede ganar en las municipales, en otras palabras, cualquier aspirante que en su inocentemente se le hubiese ocurrido por ejemplo postularse como candidato a la alcaldía de la capital, debe esperar forzosamente a que el candidato de su partido gane la Presidencia de la República para sacar todas sus armas y luchar contra cualquiera, por muy campeón de boxeo que sea, y ganar la postulación por la alcaldía capitalina. Si el candidato de su partido pierde, que se olvide de ese loco sueño o que ruegue a Dios que ocurra el milagro de las inhibiciones y de esa manera sacar del juego al candidato de la segunda vuelta, pero en pérdida electoral.

Esto nos demuestra de forma clara, que los partidos políticos nicaragüenses, jamás han estado interesados en elecciones primarias, sólo les interesan las elecciones secundarias, cuando los eternos “idóneos” son inhibidos o amenazados de ser procesados por cualquier supuesto delito de su pasado honesto, se abren procedimientos sólo cuando están con el agua hasta el cuello y por el simple hecho de que la primera jugada planificada a nivel de cúpula les sale mal. Cuando quieren reaccionar o tratar de defender lo indefendible, se encuentran con la inteligencia de sus bases, aquellos que siempre creyeron borregos, por ejemplo, se asustan de quienes consideraban eternos bromistas y matizones y que en el debate diario les saque las uñas y les diga claramente que ya no seguirán engañándolo con un confite parlamentario.

Cuando se los ha comido la neblina del egoísmo y la vivianada quieren organizar Asambleas de emergencia y sacan de la manga de la camisa a los candidatos más impresentables, aquellos que no ganarían ni una elección en familia, a excepción de la nueva familia viajera con el dinero ajeno; se les arma una revolución interna y al final escogen al que tenga más galillo aunque sea el más vulgarazo y lo hacen a través de dedazos dentro de reuniones de las propias elites, casi de la misma forma que se decidían las cosas en las reuniones de la mafia italiana.

Entonces, la pregunta de siempre es ¿Adónde está el verdadero relevo generacional?, los partidos que tienen organizaciones juveniles sólo los utilizan como meros activistas “pegapropagandas” y agita banderas, incluso aquellos dirigentes que se llenaban la boca queriéndonos enganchar que nosotros, los chavalos de la revolución de ese tiempo, íbamos a relevar a los dirigentes de entonces, ahora estos vivazos son los principales testaferros de los nuevos millonarios con grados de comandantes que prosperaron casualmente tras la piñata del gobierno dizque revolucionario.

En definitiva, ésas son las razones por las que ahora en Nicaragua es rentable el negocio de alquilar candidatos, a ellos no les importa si la bandera es incolora o demasiado vistosa, lo fundamental es correr como candidato a toda costa en la segunda vuelta de perdedores, quien necesita hacer uso de su casilla para ganar algún dinerito o publicidad gratis, entonces alquila un candidato, quien se niega a aceptar que es un cadáver político, entonces alquila una casilla, es simple esta transacción, al final de las elecciones nos damos cuenta de que la mayoría de los candidatos no sólo son de alquiler, sino que los propios partidos son capaces de rentar una nueva ideología y escoger a aquellos que nunca han sido verdaderos militantes, si acaso oportunistas y vividores perfectos de dictaduras, con tal de no darle la oportunidad a aquellos que saben o sospechan que tienen la suficiente inteligencia para negarse a seguir siendo los borregos de alcaldes, que en muchos de los municipios no quisieron asumir el papel de candidatos de alquiler.