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Un niño se paseaba por la playa. La marea había arrojado a la arena cientos y cientos de estrellas de mar que bajo los rayos del sol empezaban a morir. El niño recogía una tras otra y las tiraba hacia las olas. Un hombre pasó y le preguntó lo que hacía.El pequeño explicó que las devolvía al mar para que no murieran. El hombre sonrió burlón y dijo: “¿No te das cuenta que son cientos de cientos?”El niño alzó una estrella, la miró con ternura y mientras la lanzaba a las olas salvadoras respondió. “No podré atender a todas pero para ésta ya su suerte ha cambiado.

Quiero acercar las palabras del niño al tema del abuso sexual donde al igual que las estrellas son miles y miles los niños que están siendo atrapados por los rayos del sol.

Encontrar respuestas para atender el problema de abuso sexual en Nicaragua no debería ser tan difícil, porque muchas personas ya sabemos que es un delito, que los abusadores son personas adultas que conviven con los niños, niñas y adolescentes, que es una violación a todos los derechos humanos de las niñas/os y adolescentes, y que provoca daños muy severos en la vida de estas niñas/os y adolescentes, pero, ¿qué pasa que no reaccionamos como sociedad ante el problema?.

Entonces  quiero regresarme a la historia del niño. Él, aunque destinaba su tiempo a un paseo, esto no lo cegó de ver lo que sucedía ahí, en el mar, en ese momento y por ello reacciona con lo que él podía o pensaba que debía hacer.

Su ejemplo me enseña que no podemos vivir ignorando la realidad del abuso sexual. Aunque estamos ante una condición política electoral que en la actualidad absorbe la atención de las instituciones, de los medios de comunicación, de la opinión pública nacional; no significa que los otros problemas sociales desaparecen. Sigue siendo un grito desesperado que encontramos en la comunidad, cuando en el trabajo comunitario de las organizaciones, en la charla comunitaria, se está revelando el abuso sexual que ocurre en la casa, en la escuela. También sigue siendo un grito desesperado, porque es evidente que no hay seguridad pública para la población, y sobre todo para las niñas, niños y adolescentes que siguen expuestas/os y viviendo de forma cotidiana el horror del abuso sexual.

Para muestra un botón, esta semana se divulgó la noticia de dos mujeres que fueron violadas y asesinadas por varios hombres en una comunidad rural, este hecho se está investigando como asesinato y no se está viendo como una situación de inseguridad ciudadana que viven las mujeres, la cual  lleva a los hombres a asesinarlas como parte de la violencia de género, en que la sexualidad fue también objeto de violencia y donde el país, la sociedad y el Estado ofrece cada vez menos lugares seguros para ellas.

En mi opinión, considero que solo con este hecho, la mayoría de las personas actuamos como el hombre que encuentra al niño, nos burlamos de lo que pasa y con la burla disfrazada de leyes quieren tapar el verdadero problema y a los responsables de la inseguridad que están viviendo las mujeres.

Además creo que quienes ignoran o se burlan o respaldan, inmediatamente se convierten parte del problema. Lo mismo que ocurre con el abuso sexual, lo digo porque, ahora mismo recuerdo aquella noticia de Nueva Guinea el 17 de marzo del presente año donde Leyvis Antonio Jiménez Vivas y Manuel Pineda Miranda, de 18 y 42 años, están siendo acusados de abuso sexual a cuatro niñas.

En esta ocasión  la familia aseguró que ese fue todo un montaje de la madre. A tal afirmación hasta el párroco de la Iglesia de ese municipio, el alcalde y pobladores firmaron una carta asegurando que ellos no eran culpables de esos delitos…no creyeron en el niño, ellos dejaron que las estrellas murieran por los rayos del sol.

Recientemente se publicó un artículo y una noticia sobre el abuso sexual a cuatro niñas en Matagalpa, el abusador César José Dávila Escorcia, era un dirigente social, político y productivo en la comunidad. Yo me pregunto: ¿Nadie se percató del abuso sexual en las niñas? Seguramente sí; pero sucede que siempre salimos a la playa y no vemos lo que sucede en el mar.
Yo en lo personal, quiero ser como el niño, pensar que puedo hacer algo para cambiar la realidad, no dejarme llevar por el pensamiento pasivo de las que no hacen nada.

Y me quiero dedicar las últimas palabras de este artículo a cientos de mujeres y hombres que recientemente se comenzaron a capacitar en el Movimiento contra el abuso sexual, para ser promotores y promotoras ante el abuso sexual, ellos y ellas, como el niño de la historia, saben que pueden cambiar la vida de las niñas, niños y adolescentes.

Movimiento contra el Abuso Sexual
hablemosdeabusosexual@gmail.com