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A Nelly

Cuando Zbigniew Brzezinski anotó en La era tecnotrónica (1969), que él se enteraba primero de lo que acontecía en el mundo a través de los medios de comunicación, lo hizo con la intención de solicitar al Departamento de Estado de los Estados Unidos, apremiara el paso en la reconfiguración de las sedes diplomáticas de ese país en el exterior. Su texto se ubica entre dos épocas, realiza un ajuste de cuentas con el pasado, a la vez que exalta el porvenir que auguraba la revolución científico-técnica en ciernes, para la potencia norteamericana, la que contribuirá a librarla del lastre imperialista. El alcance de los medios demandaba un reajuste institucional. La eficacia que habían mostrado a lo largo del tiempo para irradiar la forma que las grandes potencias concebían las relaciones internacionales entraban de manera acelerada a una nueva fase de transformación y expansión. Wikileaks ratifica de manera fehaciente que una buena parte del ejercicio diplomático cotidiano, consiste en interpretar y presentar análisis propios, teniendo como referente lo que dicen los medios de prensa locales.

Preocupada como estaba por el desarrollo desigual de la investigación en el mundo, la Unesco solicitó a un panel de expertos un diagnóstico sobre el tema con el propósito de delinear una estrategia que ayudara a solventar estas inequidades. El informe redactado por el inglés James Halloran, resaltaba los desequilibrios prevalecientes en materia económica, así como las asimetrías existentes en el campo de la comunicación. El texto de la Unesco fue presentado el mismo año que Brzezinski hizo circular el suyo en los Estados Unidos. El estudio sirvió para que los países tercer mundistas buscaran como paliar los grandes desequilibrios informativos prevalecientes. Una de las conclusiones del documento fue constatar que la comunicación viajaba en un solo sentido. Los grandes flujos informativos provenían del centro hacia la periferia. La gravedad consistía en la imagen que daban de los países en vías de desarrollo: casi siempre falsa o tergiversada.

El cónclave de la Unesco en Montreal hizo que estallaran los cuestionamientos que hacían de este lado del mundo la mayoría de sus ciudadanos. ¿No resultaba bizantino continuar preguntándose dónde y de qué manera se formaban nuestras imágenes acerca de lo que acontecía en el planeta? ¿Acaso no eran los medios de comunicación las instituciones decisivas para nutrir y conformar el imaginario de lo que ocurría en el mundo? ¿Qué hacer para mitigar esta manera antojadiza de informar acerca de lo que acontece dentro y más allá de nuestras fronteras? Diez años después explosionaban las demandas para revertir las visiones y versiones arbitrarias propaladas por el mundo por las grandes agencias de prensa internacionales. Se buscaba la creación de un orden internacional más justo y equilibrado. La discusión sobre las comunicaciones internacionales quedó atrapada en el centro del debate. Las imágenes vertidas por los antagonistas formaron parte de la contienda. Las controversias tornaron evidente la fortaleza de los sistemas de comunicación de las grandes potencias.

Cuatro grandes agencias noticiosas internacionales formaron parte de la artillería desplegada para diluir las consideraciones de los confabulados. Las dos mastodontes europeas, Agence France-Presse (AFP) y Reuters y las dos norteamericanas, Associated Press (AP) y United Press International (UPI), no hicieron más que ratificar su rechazo por evitar la pérdida de su condición monopólica (trasmitían el 80% de las informaciones mundiales). Se trenzaron para impedir que sus versiones acerca de lo que acontecía alrededor del planeta desaparecieran. ¿Era posible crear un nuevo orden informativo dentro del orden económico prevaleciente? Las inequidades en los flujos informativos  expresaban las desigualdades económicas entre los países del llamado primer mundo y el denominado tercer mundo. ¿En este contexto era pensable postular un sistema de comunicación que diera cuenta de estos desequilibrios? Las grandes agencias noticiosas, siempre estuvieron y han estado prestas a defenderlo y justificarlo.

Amputar estos aparatos hubiera significado reducir los alcances de su política exterior; hubiese implicado una desgracia para su diplomacia. La propuesta era radical; pretendían que desmontaran sus dispositivos mediáticos. Durante la segunda guerra mundial, Inglaterra valoró la importancia del control que ejercían en materia de radio; Estados Unidos proclamaría después que el control del espectro radioeléctrico les otorgaba una enorme ventaja diplomática y militar. Los setenta verían florecer las investigaciones sobre el estatuto de la comunicación internacional. Las emisiones de la Voz de Estados Unidos (VOA), las audiciones de la BBC de Londres, la existencia de Radio Moscú y la creación de radioemisoras por los movimientos revolucionarios en Cuba (Radio Rebelde) y Argelia (La Voz de Argelia), resignificaban la importancia que han jugado los medios a lo largo de la historia como agentes diplomáticos. Estados Unidos jamás accedería a esta demanda; los reveses propiciados por la opinión pública condenando la invasión de sus tropas en Viet Nam, resultaron contundentes e indigeribles.

Entre los diferentes aportes hechos por Armand Matellart para la comprensión de la comunicación, La comunicación- mundo. Historia de las ideas y de las estrategias, (Fundesco, España, 1993) resulta un texto que restituye el carácter histórico de los procesos de comunicación.  Tuve que releer el libro y otros textos luego de una exposición ante los estudiantes de la Universidad Americana (UAM), donde resalté la importancia de los medios como aparatos fundamentales para que un país obtenga logros significativos en su política exterior. Su condición global y la manera que divulgan las ideas y puntos de vista, demuestra cómo se articulan los medios con las iniciativas diplomáticas. El manejo informativo hecho por Costa Rica para tratar de crear corrientes de opinión pública mundial favorables a sus posiciones en el diferendo con Nicaragua, ejemplifica la utilidad de los medios para apuntalar estrategias diplomáticas exitosas.

Radio Martí forma parte de la estrategia diplomática norteamericana hacia Cuba. Con cierta ingenuidad hubo quienes creyeron que habiendo sido instalada por Ronald Reagan en 1985 como parte del instrumental de la guerra fría, sería desmantelada una vez desaparecido el conflicto Este-Oeste; más bien su sucesor George Bush auspició la creación de TV Martí (1990) para reforzar los asedios ideológicos, políticos y diplomáticos contra Cuba. Estados Unidos nunca ha dado de baja a sus dispositivos mediáticos una vez zanjadas las disputas bélicas. Concluida la Segunda Guerra Mundial preservó sus aparatos de propaganda y guerra sicológica. Solo les cambió de nombre y los reconvirtió para que se adecuaran a los contextos emergentes. El valor de Comunicación-mundo, viene a ser la forma como Mattelart revela los contextos que propician las invenciones tecnológicas vinculadas con la comunicación (telégrafo, teléfono, primeros géneros de la cultura de masas); y su despliegue e incidencia en el plano mundial.

El principio metodológico utilizado por Mattelart, permite entender las conexiones que guarda cada nuevo descubrimiento tecnológico con la economía y la cultura. Advierte la inexistencia de análisis que expliquen el nacimiento de los sistemas de comunicación, cuidándose en sugerir una reflexión complementaria que estudie la historia y manufactura de los conceptos, convertidos en ejes moduladores de las investigaciones. Un tema de interés permanente para los autores postcoloniales y decoloniales, desde Aníbal Quijano, pasando por Frantz Fanon, Jesús Martín- Barbero, Walter D. Mignolo, Abelardo Ramos, hasta empalmar con Freddy Quezada en Nicaragua. El análisis de la historia de las ideas y las estrategias, sirve a Mattelart para explicar las continuidades y rupturas “que han dado vida a nuevos pasos y nuevos instrumentos, que se articulan en los movimientos de lo real”.

Estados Unidos siempre ha sido consciente de la importancia de la comunicación. La discusión de un nuevo orden informativo y de la comunicación, ocurrió en el momento que operaban cambios drásticos en la forma de llevar adelante la diplomacia, provocados por los nuevos descubrimientos tecnológicos. Estábamos a la vuelta de la convergencia e integración de la televisión, electrónica, informática, satélites, ordenadores e internet. Apenas un año después de haberse iniciado el debate sobre el nuevo orden informativo mundial apareció la cadena informativa CNN, abriendo el paraguas de las comunicaciones globales.  Diferentes conceptos fueron estremecidos de pies a cabeza. ¿Cómo pretender que Estados Unidos -el único país con una propuesta cultural de alcance mundial, como sostienen los catalanes Manuel Castells e Ignacio Ramonet- iba a renunciar a esparcir el modo de vida americano por todo el orbe? La ductilidad de la comunicación resulta ideal  para emprender la conquista de la mente y los corazones de las personas, recurriendo cada vez menos a la vieja diplomacia de las cañoneras.

En la era de las comunicaciones planetarias la televisión juega por ahora el rol decisivo; mientras tanto internet continúa ganando espacio. En el pasado los asedios diplomáticos recaían sobre las agencias de prensa y las radios constituían la avanzadilla más notable, hoy las emisiones televisivas satelitales están a la orden del día. En el ámbito latinoamericano, Tele Sur ofrece sus servicios las 24 horas del día los 365 días del año; con información, análisis y comentarios. CNN emite en distintas lenguas, igual que la cadena de China continental. La televisión rusa asomó su rostro en Nicaragua a través del Canal 91.

Yanquis, ingleses, rusos y chinos, libran una carrera desenfrenada para convencernos que su manera de ver y entender el mundo es la mejor, convirtiendo a la  televisión en el soporte sobre los que descansa la diplomacia contemporánea. Sin omitir los nuevos usos dados a Facebook y Twitter en los países árabes. ¡Pero esa, ya es otra historia!