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Quando lo vide no sabia k mororles abilla therminado sus hestudios. Algo pasa así con el idioma inglés cuando se visitan las Antillas de Barlovento y Sotavento. Casi se necesita un intérprete para comunicarse en este paraíso regido por el Reino Unido, EU, Francia, Holanda y Venezuela. Posiblemente, como lingua franca, estaríamos a ciertos niveles utilizando el latín.

El quiché, kakchiquel, lenguas mayenses, el pipil en El Salvador, el nahoa o náhuatl hablado por los aztecas, el aimara y quechua, lenguas del imperio incaico, el guaraní, más bella que el italiano, y extendida en América del Sur; y ya no decir los centenares de lenguas y dialectos autóctonos de México, cubriendo a tantos pueblos, haría de América, en términos lingüísticos, una verdadera Torre de Babel. Seríamos una América sin comunicación, pueblos hermanos sin poderse hablar.

En la misma Nicaragua, en El Caribe tendríamos el chibcha y otras lenguas y dialectos importados de Jamaica, el rama, en vías  de extinción; en el Pacífico el nahoa o tolteca, la influencia de la lengua pipil o nawat. En El Salvador, a raíz del levantamiento campesino en 1932, conformado principalmente por pipiles, el Gral. Maximiliano Hernández Martínez, lo reprimió cruelmente a tal punto que los campesinos pipiles dejaron de hablar su lengua y abandonaron sus tradiciones. Y así fue también la política española de pija y rincón.

Hemos sido dueños de un universo espiritual infinito que nos lo hemos dejado arrebatar por puro malinchismo. El ser indio es sinónimo de ignorancia y salvajismo, de ser taimado, miedoso y casi cobarde. Los que así piensan olvidan o no se han enterado que en la escaramuza “mal  llamada batalla de San Jacinto”   fueron los indios flecheros de Matagalpa quienes pusieron pies en polvorosa al yanke invasor.

Pablo Antonio Cuadra, reiteradamente, expresaba en sus escritos que el indio-campesino era el ser más noble habitando Nicaragua; libre de odios, pese al derrotero humillante hacia el cual lo han conducido gobernados y gobernantes. Pero se expresa, se expresa y bien, en una lengua florida con la musicalidad de su entorno de flores, pájaros, montaña y cielo.

Y así nos entendemos, unos a otros, de dentro y de afuera, de país a país, con sus múltiples regiones, gracias a la dictadura  de la Real Academia Española.

Managua 31 de marzo de 2010