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El convertirse en el nuevo gerente de alguna área de la empresa, es uno de los momentos más anhelados de todo emprendedor; son momentos llenos de emociones, alegrías, de elevar el ego y sobre todo de logro.  Asimismo, el nuevo gerente sabe que ha adquirido nuevas responsabilidades  y un status jerárquico alto, pero lo que menos considera son los serios riesgos de fracaso que la nueva posición implica.  Por la emoción y el demostrar sus destrezas, apresurará su don de mando al implementar y ejecutar acciones que posteriormente revelen ser redundantes y sin efecto alguno.  Siendo todo un multitasking, gestionará y ejecutará de lunes a domingo creando, desarrollando, planificando, acortando y limitando para luego intuir que regresó hacia un inicio -sin ventaja ni avance- produciendo un traffic-lanes effect, en donde la persona “hace de todo” sin obtener ningún resultado significativo. Tal como un conductor en medio de un tráfico pesado,  se cruza rápidamente de carril a carril con el fin de llevar la delantera y, sin tener éxito, vuelve al carril inicial (logrando pérdida de tiempo,  maniobras innecesarias e incluso exponiendo su vida y la de terceros a fatalidad).

Lograr un buen comienzo con altas dosis de humildad es fundamental para el nuevo emprendedor y no divulgarse como un sabelotodo, quien normalmente demuestra sus competencias y cabal conocimiento ante el nuevo cargo sin considerar opiniones.

El saber escuchar (ejemplo: comentarios, consejos, opiniones e inclusive críticas) a sus nuevos colegas entrelazará nexos afectivos (empatía) y efectivos así como tener una mejor comprensión sobre la “cultura” de la empresa, puesto que éstos confeccionarán verdades y/o realidades aumentadas sobre sus empleados, situaciones y la empresas.  La falta de humildad (arrogancia) puede inclinar la balanza a favor de “pocos” tan solo con el hecho de hacer interpretaciones anticipadas, descomidiendo la autoridad ingénita (por la antigüedad) de sus otros colegas tras un espectáculo de  dominio aparente sobre el tema- todo un tour de forcé innecesario-. Este error puede durar varios años (o tal vez nunca) antes de recuperar la simpatía de los “muchos”, ya que fue aquella impresión inicial la que dio lugar para adjetivar negativamente al recién elegido.

Segundo de los errores más usuales de los recién elegidos es no buscar ayuda.  Generalmente, la ayuda viene siendo una “asesoría” por personas con experiencia que le pueden orientar, aconsejar o advertir sobre aspectos relevantes e irrelevantes, ya que se gasta demasiada energía en cosas muy triviales y se dejan a un lado las importante, produciendo, nuevamente, el efecto “traffic-lanes”, tal como lo hizo en un principio, haciendo presentaciones espectaculares innecesarias. El concepto de buscar asesoría tiende a asociarse con términos como debilidad, ignorancia, retraso, etc., inhibiendo el pensamiento del nuevo gerente a considerar tal ayuda, pues, erróneamente, se piensa que ¡todo se sabe!  El ser asesorado es un paso adicional para ordenar sus conocimientos,  asentar sus pensamientos, meditar sobre sus acciones, facilitar el aprendizaje  y sobre todo para estar y ser actualizado.  Con la guía del asesor podrá tomar mejores decisiones, adoptar un verdadero desempeño profesional, desarrollar cualidades de líder para guiar de forma óptima a su equipo de trabajo y que este opere como tal.

De este modo, y como tercera falta, el nuevo gerente comete el error de tratar de hacer todo por sí mismo, apoyándose y confiándose en su capacidad y razonamiento para hacer y resolver cualquier tipo de tarea o gestión que se requieran, echando a un lado el valioso apoyo de su equipo de trabajo. Con ello logrará tres cosas: subvalorar  la capacidad de cada miembro de su equipo, desvalorar sus habilidades como líder  y caer en el efecto (nuevamente) “traffic-lanes”, ya que se percatará que todo el esfuerzo y energía empleadas en ciertas gestiones (rutinarias u operaria) no están debidamente expedidas y que necesitaran operarse nuevamente. Con esto resta, aún más, la atención a las tareas significativas – tareas cruciales que lograrán adjetivarlo como el mal, el buen, o el mediocre gerente. ¡Delegar! Es la respuesta para ello. Saber delegar es un arte, una negociación donde no solamente se le asignará responsabilidades sino que se le “comprometerá” a la realización, ejecución y culminación de dichas gestiones. Delegar potencializa las capacidades de cada colaborador y crea sentido de pertenencia de equipo y por ende de los resultados obtenidos. Finalmente, no cabe duda que cada gerente tendrá que buscar las mejores tácticas para triunfar en su entorno, las posibles herramientas a su alcance, estudiar cada miembro de su equipo de trabajo e inclusive de los otros gerentes para optimizar la comunicación. Saber escuchar, evitar una actitud desafiante, buscar asesoría y saber delegar, son algunos de los muchos elementos que evitará que se caiga en un efecto traffic-lanes – haciendo de todo para percibir que no ha hecho nada relevante, obligándolo a iniciar todo de nuevo.