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Suerte la mía, sólo me toca vivirlo una vez a la semana, los lunes, cuando vengo de mi pueblo. Pobres los que lo viajan a diario.

La interminable fila de vehículos emanando monóxido de carbono, avanza poquito a poquito todas las mañanas en Carretera a Masaya; es una experiencia exasperante. Para evitar vivirla, es necesario estar antes de las seis de la mañana en la rotonda de Ticuantepe, donde comienza el martirio.

Venir del sur hacia la capital, realmente, puede calificarse como una odisea.

Llegar a La Vía, en Masaya, es el preludio de lo que viene después. Toda la tranquilidad de las carreteras frías queda atrás: del boulevard de la autopista y sus costados, cientos de personas saltan al asfalto por doquier. Taxistas se detienen sin previo aviso y camiones estridentes los esquivan, cambiándose de carril a más de 60 kilómetros por hora. Mientras bicicletas y motos serpentean en las cunetas.

Todo esta suma de irresponsabilidades contribuyen a entorpecer el tráfico, que desde este punto comienza a ser evidentemente peligroso y agobiante.

Al dejar Masaya, entre Nindirí y Ticuantepe, el tráfico se agiliza. Pero al pasar el zoológico nacional, la velocidad de todos los vehículos aminora y se amontonan lentamente en los dos carriles.

Sin darse cuenta, antes de llegar a la rotonda, uno queda embotellado. Llegar a Managua desde este punto toma prácticamente una hora. Las promesas de ventas de los residenciales de “viva a 15 minutos de Managua” se vuelven simples mentiras.

Todo este caos vehicular ocasiona, además de pérdida de tiempo, pérdida de combustible; lujo que uno puede darse cuando tenemos los precios más altos de Centroamérica.

A esto se suma la cantidad de choques que se registran a diario y que atrasan más el tráfico. En el desespere por avanzar, se forman tres carriles, y los “intermortales”, artistas en el arte de aventajar como sea, tienen su club de fans que los siguen causando, en su mayoría, colisiones.

Muchos creen que los atrasos obedecen al semáforo instalado en la entrada de Esquipulas, pocas veces resguardado por policías de tránsito. Y es que la carencia de policías en este embotellamiento propicia que se arme el degenere. No hay nadie quien imponga orden. La Policía Nacional debería echarle ojo al asunto.

Encontrar una respuesta a este caos, debido a la exorbitante flota vehicular, parece difícil; pero la solución puede estar al lado. El par de carriles que van en sentido contrario, siempre vacíos a esa hora, pueden ser utilizados.

¿Cómo? Diseñando un plan que permita utilizar uno de los carriles para evacuar tráfico, dirigido por agentes policiales. Suplantar el semáforo a esa hora y poner más agentes, pues el semáforo no discierne cuando nadie necesita entrar a Esquipulas, deteniendo innecesariamente la enorme fila.

Sería oportuno ensayar esta simple medida administrativa. Entrar a Managua por las mañanas es una pesadilla. Y cuando todo el embotellamiento parece haber terminado, te encontrás con la calle de Metrocentro cerrada.

Y el martirio se repite todas las tardes. ¡Es necesario reparar esta penosa situación! ¡Diablos!  Y yo que pienso mudarme a Masaya.