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Desde febrero de 1990, cuando se instalaron los primeros consejos y gobiernos regionales en la Costa Caribe, hasta octubre de 2003, se justificaba que los avances del proceso de autonómico eran mínimos, debido a que  la Ley 28 (Estatuto de Autonomía de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe) carecía de un reglamento.

El 03 de octubre de 2003, después de insistencias y de una larga espera, por fin la Asamblea Nacional aprobó el reglamento de ley, donde están planteadas las funciones y competencias de las autoridades regionales. Han pasado desde entonces ocho largos años y cada día que pasa tal pareciera que la Autonomía que soñaron nuestros ancestros, ese autogobierno o independencia condicionada se está esfumando sin que nadie diga o haga algo al respecto.

Las expectativas siguen siendo muchas, quizá al final la Autonomía en la Costa Caribe resulte que fue un embrión que en su lucha por sobrevivir fue devorada por dragones, lagartos y leones,  llámense estos UNO, PLC, FSLN  o  Yátama.

Resulta triste ver la forma cómo los consejos y gobiernos regionales, instancias  creadas para dirigir el proceso de autonomía, han entregado en manos de los gobiernos de Managua nuestros recursos naturales, nuestro futuro,  nuestra autonomía.

Hoy resulta normal que todas las decisiones sobre las regiones autónomas sean tomadas en Managua, desde los nombramientos de funcionarios, el presupuesto de las regiones es  hecho y aprobado  en Managua, al igual que las concesiones o permisos de aprovechamiento forestal o hidrocarburos, mientras que los electos para esa función no tienen la mínima autoridad de decidir.

La agenda de las sesiones de los consejos regionales es consultada previamente a Managua para poder tener el visto bueno de ésta, y todos ya saben cómo van a votar, desde quién habla primero, quién secunda y hasta quiénes votan.

Hay quienes justifican los avances autonómicos, diciendo que el hecho tener dos universidades es parte de los frutos de la Autonomía; que se haya avanzado mínimamente en la titulación de las tierras indígenas es otro logro; o que se esté trabajando en la implementación de un modelo de educación propio, lo que es muy probable. Sin embargo, si nos tocara analizar el trasfondo económico de estos tres aspectos, nos daríamos cuenta de que esto no ha sido más que un negocio de donde  han surgido nuevos ricos a costa de los indígenas que sueñan con un verdadero autogobierno.

El reverendo Rayfield Hodgson, quien lleva veintiún años formando parte del Consejo Regional de la Región Autónoma del Atlántico Sur, manifestó que uno de los problemas que más ha afectado el avance del proceso de Autonomía es que los consejeros regionales no saben para qué fueron electos. “Es la ignorancia”, señaló. También dijo que la verdadera autonomía anhelada por los costeños es la autonomía económica.

Como expresó el  historiador y fundador del proceso de Autonomía, Johnny Hodgson, en una entrevista para un medio televisivo: “Es probable que  Managua decida darnos la  verdadera autonomía cuando ya no tengamos oro, cuando ya no tengamos madera, cuando ya no tengamos recursos del mar”. Hasta entonces, el gobierno de Managua va a decir: “tomen ahora la autonomía, manéjenla”.

Sucede que los gobiernos centrales condicionan el presupuesto y desembolsos. “Si no haces lo que te digo, no te doy la plata”, y en esto el poeta y escritor miskito Avelino Cox, coincide con el reverendo Allan Budier, en que el autogobierno es un conglomerado de funciones que tienen su base en  la independencia económica.

Ante esta realidad es necesario que los y las costeñas abramos los ojos y veamos qué podemos hacer, y hacia dónde vamos.