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Terminábamos nuestro artículo anterior “El respeto al derecho ajeno es la paz”- proponiendo para una reflexión cívica y moral el resultado de lo que aconteciera el sábado 2 de abril, con esta sencilla pregunta: “¿Quién triunfará en esta lid: la cobardía disfrazada de represión, o la paz ataviada de razón y tolerancia?”. Confieso que remotamente estaba esperanzado –iluso que es uno- en un triunfo de la civilización sobre la barbarie, pero lo acontecido demostró que esos milagros no forman parte del repertorio ni de las intenciones del caudillo. Lo acontecido demostró que existimos ciudadanos de primera y de segunda. Los del “Poder Ciudadano” y los Ciudadanos sin Poder, o sin poder ejercer siquiera el derecho de llamarnos ciudadanos y tener derechos que se nos respeten. No, ya la policía no está haciendo posible una Nicaragua posible donde efectivamente se practique la justicia. Existimos, eso sí, los ciudadanos de la Nicaragua imposible, de Daniel Ortega, ante quien policía y ejército se doblegan, y los ciudadanos que quieren hacer posible una Nicaragua libre y democrática.

Pero, a pesar de los pesares, perdió la cobardía. Se hizo evidente  que “ellos tienen miedo de los que no tienen miedo”. Se hizo evidente que los ciudadanos de segunda son los valientes que son ya dueños de su propio miedo o que lo perdieron ante la cobardía de la represión desde el poder, y que el dictador ahora sabe que  el mundo entero está confirmando que “ellos tenían miedo de que dejáramos de tener miedo”. Atila lo que quiere es que los cascos de sus caballos pisoteen la hierba de la democracia y que esta no vuelva a crecer. Esa es la Nicaragua imposible de Daniel Ortega. Nosotros debemos de querer una Nicaragua posible en donde crezca el árbol de la democracia y se esparzan sus ramas de derechos civiles. Derechos inviolables.

El derecho a la vida, el cual si se respeta no permitirá que mañana tenga que venir un poeta a decir de los caídos: “Creyeron que los enterraban, y lo que hacían era enterrar una semilla”.

Seamos, eso sí, conscientes de que padecemos la más abyecta de las monarquías de este siglo, y que la antigua proclama del continuismo esclavizante: “El Rey ha muerto, viva el Rey”, siniestramente se reproduce en nuestra historia en su parodia: “Somoza ha muerto, viva Daniel”. Este sábado lo evidenció hasta para incrédulos. Una vez más se irrespetó el derecho ajeno a expresarnos y manifestarnos con entera libertad. Pero perdió la cobardía porque el dictador se escudó y se escondió en la policía, demostrando que su contextura “moral” es igual a la del Arnoldo Alemán que no se atrevió a sumarse, por pactista, a la marcha opositora. Estuvo agazapado junto con Daniel Ortega en el mismo piñal de la ignominia: la “contramarcha” de los cobardes. La de la Nicaragua imposible sin corrupción, y por lo tanto la de la Nicaragua de ellos, de la reelección. La de la violación que no cesa y ahora se prolonga al artículo 147.

Compatriotas: Nunca será esa porquería la Nicaragua que queremos posible para nosotros y para nuestra descendencia. De ninguna manera. Se equivoca quien confunda los términos y llame a ese chiquero “Nicaragua posible”. Es inaceptable que se haga una alusión a algo tan delicado y tan hermoso, por el supuesto descuido de confundirse: En la Nicaragua posible “que es por la que se lucha- viven para el futuro la independencia de poderes y el respeto al derecho ajeno. Es la Nicaragua del irrestricto servicio de todos los poderes e instituciones cívicas y militares a todo ciudadano nicaragüense sin distingos de colores políticos, y la valiente defensa y obediencia a que están obligados el ejército y la policía, de nuestra Constitución. Esa y no otra es la Nicaragua posible. Y ciertamente posible si hacemos lo imposible. La Nicaragua imposible, la que no puede ser, es la de Daniel Ortega. La que, al dejarnos desprotegidos y expuestos a cualquier arbitrariedad de él mismo, nos está empujando a la resistencia. A resistir y resistir hasta la caída de los tiranos.  Hasta lograr una República posible. Hasta lograr que Nicaragua vuelva a ser República.

De manera que el sábado 2 de abril, perdió la cobardía, que quedó incólume para la historia, y aunque maltrecho y humillado, ganó el derecho. Este sábado probó que Daniel Ortega no puede resistir ninguna manifestación de civismo y democracia, aún cuando, como me decía un amigo, ya estén concedidos desde ahora todos los permisos para que el Poder Ciudadano, cuantas veces lo solicite la oposición, se manifieste por el resto de nuestros días en contra de los Ciudadanos sin Poder. Talvez la policía te diga que está libre el 28 de diciembre, me dijo riéndose. Y también lo hice con satisfacción al recordar éste recién pasado sábado para incrédulos. Porque ahora, desde ese sábado los cobardes son más cobardes y los valientes más valientes. Sea como sea, misteriosamente, crece el árbol de los derechos civiles. Paralelamente crece la zarza de la cobardía del tirano.

Fracasados sus propósitos de amedrentar e intimidar, crece esa planta tan propia del Caudillo: pusilánime, espinosa, sin valor ni espíritu.

luisrochaurtecho@yahoo.com

“Extremadura”, Masatepe, 6 de abril de 2011.(“Me quema la palabra”).