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La polarización social en el país es cada día más evidente, lo que dificulta pensar con serenidad, sosiego y responsabilidad, y sin los sesgos de quienes ven la educación con la lente partidaria y no del país. En tanto logremos un acuerdo de país por la educación, estaremos sembrando el futuro añorado. Planteamos algunas avenidas indispensables para caminar en este derrotero.

Políticas compartidas, pertinentes y articuladas sistémicamente: Las políticas educativas representan el horizonte educativo a construir. Si son ampliamente concertadas, contarán con la legitimidad y legalidad necesarias, serán apoyadas por todos los sectores que se comprometerán en concretarlas. Siendo la educación el punto de encuentro, por excelencia, por ser tarea de toda la sociedad, es importante que no quede encapsulada por  intereses de grupos o partidos. En tanto se abran sus puertas, ventanas y compuertas a una participación sin restricción alguna, en esa medida las metas que de ellas se desprendan, serán más factibles, efectivas y sostenibles. Por otra parte, si tales políticas se engarzan y articulan con el sistema de políticas de desarrollo social, humano y productivo, el flujo entre ellas nutrirá de savia su efectividad con sinergias positivas y dinamizadoras, que darán coherencia y salida a cada meta. Estas políticas requieren contar con el respaldo presupuestario proporcional a las metas que se pretenden alcanzar, de lo contrario, se convertirán en discurso vacío. Luchar por esta coherencia es vital para lograr avanzar. De lo contrario, el gran esfuerzo educativo llegará a callejones sin salida, historia repetida de la que debemos aprender, para no desperdiciar caudales inmensos de recursos, esfuerzos y tiempo. Aún son grandes los desafíos que nos esperan en este sentido y la educación tiene suma urgencia.

Educación orientada al desarrollo humano: La educación representa la mejor expresión del desarrollo humano. Es desarrollo humano en acción, a la vez que debe prefigurar y accionar un nuevo modelo social centrado en las personas. Pensar y adecuar constantemente el currículum, desde esta perspectiva, y conjugar sus contenidos y competencias con las demandas de los sectores laboral, productivo y cívico, constituye el arma clave para que el desarrollo humano se instale, más allá de las intenciones, en la cotidianeidad del país. Este desarrollo, centrado en las personas, en la constante mejora de su calidad de vida, supone el desarrollo económico productivo, siempre supeditado a los intereses de las personas y no a las exigencias del mercado. Si bien este perfil viene enunciado en el currículo, aún su puesta en escena es notoriamente tímida e insuficiente.
Educación, un sistema articulado: Pretender lo anterior pasa, necesariamente, por la construcción de un auténtico sistema educativo organizado como un continuum, articulado e intercomunicado entre sus partes o subsistemas. El Foro Nacional de Educación, realizado entre 2004 y 2006, constituyó la mejor expresión histórica de voluntad concertada en este sentido, y la activación del Consejo Nacional de Educación, mandatada por la Ley General de Educación, responde a la urgencia de conformar un auténtico sistema educativo, con políticas únicas, y la estructuración de un continuum educativo nacional. Su desactivación silenciosa ha impedido avanzar en esta perspectiva sistémica de coherencia, facilitándose la fracturación, atomización y ausencia de visión de nación.

Maestros y maestras reconocidos y preparados: Los esfuerzos que realiza el Mined, con apoyo del Banco Mundial y del Unfpa para preparar profesores, asesores pedagógicos y consejeros, es importante pero insuficiente, tomando en cuenta la deuda histórica acumulada. Paralelamente a esta formación, el nivel de reconocimiento económico, social e institucional que requieren, aún dista mucho de las condiciones actuales que vive el magisterio. En tanto se sientan apoyados con recursos didácticos, se les podrá exigir que mejoren su calidad, evaluándolos con indicadores concertados.

Derecho a la Educación con Equidad, Pertinencia y Calidad: Es de gran importancia que la educación se haya concebido como derecho de todos y fuente de los demás derechos. La equidad aspira, como primer escalón, a lograr la cobertura de miles de niños, jóvenes y adultos que no han ingresado a ninguna oportunidad educativa, pero también urge activar la continuidad educativa. Esta oferta educativa debe alcanzar a los inalcanzados del sistema y preparar en competencias efectivas y preparación técnica para el mundo laboral. Pero la equidad también demanda superar en las escuelas cualquier forma de discriminación de género, capacidades, opciones políticas y religiosas y el abandono escolar. La calidad representa el último escalón al que aportan los demás pilares, convirtiéndose en la principal urgencia nacional. Las oportunidades educativas son equitativas y eficientes si, a la vez proporcionan, con calidad, las competencias requeridas. Equidad sin calidad es insuficiente para lograr el Derecho a la Educación, lo que exige enfocar grandes esfuerzos a desarrollar aprendizajes relevantes y significativos, logrando que la enseñanza se enfoque al logro efectivo de aprendizajes.

Los valores, una forma de vida en la educación y la sociedad: El máximo eslabón de la calidad educativa se concreta en actitudes y valores éticos. Estos deben hacerse vida en el centro educativo, no sólo estudiándolos sino, sobre todo, viviéndolos en el laboratorio de relaciones educativas fructíferas, con ambiente psicosocial positivo, hospitalario, democrático, respetuoso de las diferencias y potenciador de capacidades.