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Según lo acotara la canciller alemana Ángela Merkel: “es el euro un elemento inherente del proceso de integración europeo”, empero aún no adoptado por todos los estados miembro de la Unión Europea. Luego de 10 años con el euro, la crisis económica y sus consecuencias en algunos países de la zona euro, han reabierto el debate sobre la conveniencia de una moneda única que llene el vacío de un alto nivel de unificación política.


Incorporado a la Unión Monetaria desde 1999, el euro ha significado un gran éxito conjunto, permitiendo, un período más largo de crecimiento y estabilidad de precios en Europa. Con un impacto diferente en cada país, sus beneficios se han visto en todos lados, posibilitando una acción más coordinada en Europa, refrenando devaluaciones competitivas.


Ello ha sido clave no sólo para la zona euro, sino para el resto de Europa e incluso para la economía global. Sin el euro, hubiéramos presenciado un aumento en el proteccionismo, que a su vez agravase el impacto de la crisis en Europa y otros lugares.


Diversos países de la zona euro, ya afrontaban significativos riesgos antes de la crisis, tanto en el plano real (burbuja de bienes raíces, deuda pública y/o privada) como en el financiero (administración de riesgo inadecuada o dependencia excesiva de financiación externa).


Como suele suceder con el proceso de construcción europea, el problema estriba no sólo en su diagnosis.  Existe una imperiosa necesidad de soluciones claras y rápidas, refrendadas por la voluntad política para cumplir con lo acordado, algo que no siempre es fácil de lograr cuando están involucrados 27 países distintos, y como lo expresara la señora Merkel, bien no ha sido adoptado por todos los estados miembros de la Unión Europea, es un elemento intrínseco del proceso de integración europeo.


Aquí lo vital es que Europa repare su sistema bancario. Los líderes europeos parecen estar concentrados en qué hacer luego de que se consumiera el paquete de rescate de Grecia en 2013, en detrimento de conflictos más urgentes, siendo que muchos bancos europeos están expuestos a la deuda de Grecia, Irlanda, Portugal y otros países de la zona Sur.


En la zona euro, la mayor de las atribuladas economías es la de España, a los inversionistas les preocupa que los otros gobiernos de la región adolezcan de la voluntad o los recursos para rescatar al país, viéndose impedidos de poder pagar sus deudas, lo que quizás sepultaría la moneda común europea.


Develado por la crisis, se advierte la falta de un mecanismo para ayudar a países con problemas que  afecten a toda la zona euro. Debían contemplar trasferir la responsabilidad de supervisar sus bancos, desde el nivel nacional a la recién creada Autoridad Bancaria Europea.


Las distintas formas en que los países evalúan el capital ha generado alguna inquietud en torno al rigor de las “pruebas de resistencia” de la banca europea, cuyos resultados se darían a conocer en junio. Los líderes europeos se reunieron en Bruselas para debatir el futuro del euro y el intercambio de ideas sobre la moneda común.


Habitualmente, se considera al Estado y al Mercado como alternativas permutables entre sí, sin distinguir su distinta naturaleza ni el carácter complementario que denotan en la realidad. Sin embargo, el carácter complementario de las gestiones públicas y privadas es evidente. El Estado, como el conjunto de instituciones sociales que establece un orden en un territorio determinado, es sostenido con una garantía coercitiva centralizada.


La única disciplina garante de que se impidan los excesos financieros, es la reglamentación de los Estados y Autoridad Bancaria Europea. A saber: los prestatarios y prestamistas imprudentes deben ser obligados a pagar por sus acciones. Los gobiernos con deudas insostenibles igualmente debían ser compelidos a reestructurarlas y a los bancos que les prestaron dinero a estos países les correspondería sufrir similares consecuencias, al igual que los propietarios de bonos con fines especulativos que les otorgaron fondos a los mismos.


Empero, el paso más trascendente que pueden dar los gobiernos para afirmar el posicionamiento del euro, son las rigurosas pruebas de resistencia seguidas de inyecciones de capital.


La economía Nipona, no anda bien y su deuda pública asciende a más del 200 por ciento del Producto Interno Bruto. Por las recientes catástrofes naturales, rescatar a Japón de sus deudas, podría hundir el yen y reforzar la moneda común europea. Aún es prematuro cuantificar el coste final de las pérdidas materiales causadas por el terremoto, sobre todo por el tsunami, pero podemos especular el aumento del euro frente a las principales monedas.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.