Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Con mucha satisfacción muchos nicaragüenses y centroamericanos recibieron la noticia de que Silvio Rodríguez visitaría Nicaragua. La publicidad no se hizo esperar, utilizando como lema: “La espera terminó”, pero la realidad para muchos fue que mejor hubiésemos seguido esperando.

Y es que un concierto tan anticipado prestó tan pocas condiciones, que más bien lo que causó entre los asistentes fue una decepción. Desde el inició hubo reclamos debido al local que había sido elegido para este evento y no por discusiones filosóficas (¡¡un casino lugar representativo del capitalismo, albergando a Silvio!!) sino porque la cantidad de gente que se esperaba asistieran, probablemente no podría ser acomodada en el local del Pharaohs.

Yo alegué entre mis amigos que si lo hacían ahí debía haber razones (probablemente no conseguían permisos para el Estadio o para el Cranshaw), pues al final los organizadores son entidades racionales que deben haber valorado todas las opciones, y antes que perder la oportunidad de traer al artista por falta de local, decidieron tomar la opción del Casino. Pero me tranquilicé diciendo “bueno, aunque sea un lugar tan pequeño seguro van a compensar con una organización excelente.

Qué equivocada estaba, y es que a veces uno piensa que los organizadores son personas con valores individuales y preocupación por el bienestar de los asistentes, se me olvida que son empresas que al final de todo lo que ayude a bajar costos y a ganar más dinero se convierte inmediatamente en la mejor opción.

Y eso se demostró el domingo cuando una vez más un concierto inició estando aún gran parte de la gente afuera. A veces me pregunto, ¿será que nos van a devolver una parte del dinero, pues si me pierdo una parte del concierto, esto sería lo justo? Ya una vez adentro, las cosas siguen empeorando, las mallas, como siempre, desparecen rápidamente, la gente corre sustos y ya estamos todos juntos. No importa, pero sé de mucho que ya ni piensan en pagar un boleto más caro, sino que van esperando el curso normal de las cosas, es decir, que boten la malla.

La gente de VIP pagó un precio altísimo por sus boletos para tener una silla, pero esto de poco valió, pues los organizadores, en su afán de ahorro, no contrataron personal que ayudara a acomodar a las personas y a lidiar con los “vivos” que compran una silla pero después quieren sentarse en otra, y al final todo el mundo terminó arrimándose donde pudo.

Aquí hay también algo de culpa nuestra, con esa forma de pensar donde siempre se irrespetan las reglas, porque no hay nadie que me detenga, no debería de ser mi conciencia o mi integridad como persona las que me deberían decir “esa silla no es tuya, no podés sentarte ahí, hay otra persona que pagó por esa silla y ahora no tendrá dónde sentarse”. Pero bueno, las conciencias en los conciertos no se escuchan porque hacen mucha bulla.

Todo esto no importa sí, ya estamos en el concierto y al final el espectáculo es lo que interesa, pero aquí un último problema: un sonido pobre. Entonces si ya no puedo ni escuchar al artista, ahí todo pierde realmente el sentido. Y mi frustración llega, creo yo, entonces al límite. Pero no, luego sobreviene una discusión entre quienes estuvieron de acuerdo con que el artista, a pesar de las peticiones del público, se rehusara a cantar Canción urgente para Nicaragua, “porque el mundo ha cambiado”, ¿y qué pasa con quienes piensan que es una canción emblemática no de hoy, pero de otro tiempo, que despierta al menos recuerdos en los corazones de muchos?. Al final no hay canción urgente.

Y al salir, no califico el concierto como un éxito, pero estoy segura de que los organizadores quedaron muy satisfechos, buena afluencia de gente, bajos costos y muchas ganancias, ¿qué más podemos pedir?
Pero somos nosotros, como clientes, quienes debemos aprender la lección y castigar a eventos que no cumplen con las normas mínimas organizativas y realmente fijarnos quiénes nos brindan espectáculos de calidad y quiénes nos estafan en un afán meramente de maximizar ganancias. A los eventos organizados por estos últimos deberíamos dejar de asistir, para que aprendan que si el cliente no esta satisfecho con el producto, simplemente deja de comprarlo.


*Lic. Ciencias Políticas
naziral@hotmail.com