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Domingo, 2 de marzo de 2008, cerca de las 10:30 p.m. Unos 10 mil nicaragüenses y extranjeros asistíamos a un concierto magistral ejecutado por el reconocido y mundialmente famoso cantautor cubano, Silvio Rodríguez Domínguez, después de 25 años de ausencia en nuestro país. Concluye el concierto. Silvio deja el escenario pero la gente, extasiada por una jornada poético-musical de casi dos horas, en la que ha hecho un recorrido por toda su discografía, pide más. El icono de la Nueva Trova Cubana regresa a la tarima y nos brinda uno más de sus temas. Nuevamente se va pero el público insiste. Silvio y su banda están ya dentro del vehículo que los sacaría del local del concierto. Pero la multitud sigue gritando, eufórica. Corean “¡¡urgente, urgente, urgente!! Es obvio que se refieren a la canción que Silvio nos regaló en el año 83, dedicada a nuestro pueblo combativo y revolucionario: “Canción urgente para Nicaragua.” Con seguridad, casi todos los ahí presentes, incluyéndome, pensábamos que sería la última canción que interpretaría. “¡Urgente, urgente, urgente!”, sigue gritando el público. Desde el privilegiado ángulo en que me encuentro (arriba de una torre de parlantes, a la cual me subí para observar bien el concierto) veo que Silvio se baja del vehículo y sube una vez más al escenario. La gente estalla en gritos de júbilo y cada vez más fuerte piden el tema: ¡Urgente, urgente, urgente!
Silvio parecía no escuchar bien lo que pedían a gritos; se gira a uno de sus músicos y le dice algo. El otro responde como aclarándole las dudas. Fue entonces que soltó unas frases lapidarias. Dirigiéndose a la audiencia, seguramente en una situación muy incómoda, dijo, para justificar su negativa a tocar el tema (no son palabras textuales): “Es que tengo problemas con esa canción”. La gente parecía no entender. Lo primero que pensé es que a lo mejor no la habían ensayado, pero me parecía un poco extraño. Luego los gritos se incrementaron. ¡Urgente, urgente, urgente! Las banderas de Nicaragua, Cuba y rojinegras se agitaban sin cesar. Silvio, tomando su guitarra y dispuesto a tocar un último tema, agregó: “Las realidades han cambiado”. Confieso que al escuchar lo último me quedé petrificado. Y a pesar del inconformismo de cierto sector del público, el gran cantautor cubano nos regaló su última interpretación. Y Nicaragua se quedó esperando su canción.

Quizás algunos no le den la gran importancia que tiene el hecho que Silvio no haya querido cantar la canción en cuestión. Pero en mi opinión, se trata de un claro mensaje dirigido a quienes gobiernan este país. A aquellos que se siguen llamando de izquierda y revolucionarios; que hablan en contra del imperialismo y pregonan representar a los pobres y desposeídos, al proletariado, a la clase popular. A esos que manejan un doble discurso, que tienen una doble moral. Porque dicen ser revolucionarios pero actúan como el más vil y despiadado de los capitalistas de derecha que podamos encontrar sobre la faz de la tierra. Revolucionarios y militantes de izquierda, marxistas confesos pero con millones de dólares en cuentas de bancos, seguramente en Suiza o Gran Cayman. Con grandes empresas, inversiones de capital, inmensas propiedades, parque vehicular de lujo, que los asemeja más a un Donald Trump o Carlos Slim que a un Ernesto “Che” Guevara o Carlos Fonseca Amador.

La actitud de Silvio Rodríguez y su negativa a cantar el tema referido demuestran el gran desprestigio que a nivel de la verdadera izquierda internacional tienen los dirigentes del partido de gobierno. Y particularmente, a nivel de la Cuba socialista, la Cuba de Fidel, la Cuba revolucionaria que se ha sostenido incólume y que ha sido ejemplo para todos los pueblos de la Tierra, ese desprestigio no es de ahora.

Unas semanas después que el partido actualmente en el poder venciera en los comicios de noviembre de 2006, Celia Hart, hija de los destacados revolucionarios cubanos Armando Hart y Haydée Santamaría, y militante del Partido Comunista de Cuba escribió una carta conteniendo una dura crítica sobre la actitud de la “izquierda” que supuestamente representa el FSLN. A dicho documento no se le dio mucha publicidad y casi nadie lo comentó. Pero fue un golpe duro para el danielismo. Decía Celia, en un párrafo: “….la dirección del FSLN sin sacar las cuentas necesarias, apeló por cuatro veces a las urnas. Cada vez se despintaba más el rojo de su bandera. Ahora creen que por fin ganaron la batalla. Sucede que han volteado tanto a la derecha, que ya es un partido electoral y que aquella organización revolucionaria que nos hizo vibrar en los 80 es uno más de los partidos electorales que nos andan sobrando en nuestra región. Los sandinistas y sus seguidores, entre los que me cuento, debemos denunciar a viva voz que nos han expropiado el nombre y se lo han colocado a un partido que ha considerado oportuno la unidad con los enemigos para vencer.”

Obviamente, ni la actitud de Silvio Rodríguez ni la opinión de Celia Hart representan la posición oficial del gobierno revolucionario de Cuba frente a la farsa de gobierno izquierdista que mal dirige a nuestra nación. Pero muy en el fondo, estoy convencido de que toda la dirigencia cubana, a nivel de gobierno y partido, Fidel y Raúl, incluidos, piensan lo mismo de este FSLN del siglo XXI. Y es muy significativo que Fidel, en su período de convalecencia del último año y medio, haya recibido en su lecho a algunos dirigentes internacionales como Hugo Chávez, Lula da Silva, el presidente de Vietnam, entre otros, pero el eterno y máximo líder del “sandinismo” no haya podido ni siquiera tomarse una foto a la par del ex dirigente pero siempre guía de la Revolución Cubana.

Así ven desde afuera a los dirigentes del FSLN del siglo XXI. Así de tan desprestigiados están. Y creo que a estas alturas es imposible revertir esa percepción negativa. Pero en fin, seguramente a ellos ni les importa. Con tal de alcanzar el poder y permanecer en él por la eternidad y acumular más riquezas de las que poseen hasta la fecha, no sólo seguirán haciendo pactos y amarres con la derecha y el gran capital nicaragüense. No se limitarán a continuar manteniendo, para complacencia de la Iglesia Católica la penalización del aborto terapéutico y romper con una tradición de más de un siglo de Estado laico. No desistirán de seguir cometiendo toda clase de violaciones y manipulaciones a las leyes del país, pasando por encima del Estado de Derecho las veces que haga falta. Con tal de lograr sus objetivos de perpetuarse en el poder per secula seculorum, con toda seguridad, un día de estos descenderán hasta el mismísimo infierno para hacer un pacto con Satanás, si fuese necesario. Pero que se cuide Lucifer de esta clase de “revolucionarios”. Si no se asesora bien en esa hipotética negociación puede hasta perder el trono que ocupa en su legítimo averno.


*Abogado