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Sólo iban el de Managua y el de Masatepe, pues después de leer “Daniel en su trono”, todos, incluso Watson, se enfermaron de diarrea, por lo que es de imaginar que en este momento cada quien está ocupando su respectivo trono, es decir, ensayando a gobernar hacia abajo al mejor estilo de Daniel. “A propósito --dije yo-- para quien aún tuviera alguna duda de que las acciones de Daniel van encaminadas a consolidar su estirpe monárquica, es el puntapiés público que le acaba de pegar a la institucionalidad de la policía, muy legalmente y al mejor estilo de Tola. Cinco Comisionados Mayores que no son de su gusto y antojo, pero sí de la confianza de la Primera Comisionada Aminta Granera, enviados a retiro. Yo no sé qué estará pensando el General (R) Humberto Ortega con respecto a su propuesta de concertación o si ya concordará con nosotros que lo que está ocurriendo es un concertaje que a estas alturas sólo Don Tomás Borge es capaz de ver como un concertaje de la izquierda a la que él, y nadie le disputa el puesto, pertenece. Lo digo porque él fue, en su momento, desde luego, el primer Centinela de la Alegría, tan fulgurante que después llegó a ser Centinela de la Alegría de los Salinas de Gortari, tan de izquierda como los más duros izquierdistas del danielismo. Esos Salinas de Gortari sí que eran revolucionarios de verdad y si no lo creen vale la pena una relectura del libro que sobre este tema escribiera el entrevistador Borge. Cuando uno lee sobre esas vidas ejemplares, se percata del por qué nuestro pensamiento está contaminado de prejuicios pequeñoburgueses que nos vuelven reaccionarios y proimperialistas. No cabe duda de que hoy por hoy Tomás Borge es el teórico por excelencia del Socialismo del Siglo XXII, el que desde luego supera al del Siglo XXI del alemán ese que asesora a Chávez. El de Tomás es más novedoso y futurista, libre de egoísmos, pues ni siquiera está pensado para los reyes actuales sino para sus príncipes y
la sucesión que éstos puedan tener hasta la consumación de los siglos.”

Sacudiendo la cabeza el de Masatepe interrumpió aquella intervención: “Volvamos al grano. El problema que se plantea no es sólo la Policía, sino también el Ejército. Todo el laborioso proceso de despolitización, Daniel lo está mandando al carajo. En este punto tan crucial, sí me urge tener una opinión del General (R) Humberto Ortega, pues él, con el innegable apoyo de Doña Violeta, fue el artífice del inicio de transformar un ejército partidista en uno nacional. Ahora, en esta monarquía de Daniel, estamos en una involución: las instituciones armadas pasan de ser nacionales a partidistas. Deben de estar al servicio de los monarcas y sus caprichos. Si hay que inventar una guerra para salir de los que creen en el profesionalismo militar, pues se inventa, y se envía a combatir a los testarudos que no se dan cuenta de que si ya el escudo dejó de ser nacional y es chicha, pues lo mismo ha ocurrido con nuestra bandera. ¡Pendejos que somos algunas veces! Si a esos comisionados mayores que pasaron a un legal retiro forzado hasta les debieran de otorgar la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, como despedida y tiro de gracia”.

“Bueno --dije yo-- por lo menos lo que se avecina en la Policía ya no lo podrán padecer estos idus de marzo, pues quiera o no Daniel, al menos por un tiempo la historia de la Policía tendrá como punto de referencia la Primera Comisionada Aminta Granera: Antes, y después de ella. Para el después ya deben andar muchos que cogieron la seña de docilidad y servilismo, preparándose para asumir cargos. Claro, se les dirá: La Policía volverá a sus orígenes revolucionarios, y aún con el rubor de Sandino presente, con todo desparpajo se gritará, ¡Sandinista!, y esta palabra embadurnada de heces por el pacto, será coreada por los camisas azules de los CPC, que indicarán a la policía qué lugar ocupar en concentraciones y tribunas. Es lógico deducir que ya para entonces el uniforme policial se habrá adecuado a los nuevos tiempos: Faldas rosadas, holgadas y largas hasta los tobillos, y blusa blanca con encajes, para las policías. Para los guardianes del orden: Pantalones y camisas rosadas. Como la familia real es muy numerosa y su descendencia apunta hacia lo mismo, varones y mujeres de la institución en su primer ingreso tendrán que tomar un curso especial para cambiar pañales y cargar niños y niñas de la familia real, en aquellos actos públicos en donde el Rey se vea obligado a hablar horas y horas, con el auxilio semántico de la Reina, para que el pueblo algún día entienda lo que está pasando.”


luisrochaurtecho@yahoo.com

Jueves 06 de Marzo del 2008