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La cámara de seguridad número 12 de la finca El Dorado, de la familia Díaz Mayorga, grabó a decenas de encapuchados armados entrando para tomarse la propiedad; y también al alcalde sandinista de Villanueva, Juan Gómez Obando, quien daba instrucciones a los invasores. Eran las 3:00 p.m. del 13 de junio de 2018.

En El Dorado, con una extensión de 6 manzanas, existe un plantel que procesaba broza extraída de una mina metálica y ahora es ocupado por tomatierras armados de escopetas, pistolas y morteros, con los rostros cubiertos por pasamontañas.

La finca “fue saqueada en su totalidad”, afirma Luis Alberto Díaz, de 46 años, quien la adquirió mediante la escritura pública número 90. Él muestra el video a El Nuevo Diario y señala el rostro del alcalde de Villanueva, Chinandega, y el del secretario político municipal del gobernante Frente Sandinista (FSLN), Horacio Lanzas, quienes dirigen la invasión a la propiedad privada y después se retiran.

La esposa de Díaz, Luisa Margarita Mayorga, enfatiza que tienen más pruebas de la participación de esos dos operadores políticos en las tomas de tierras, porque la noche anterior a la invasión, el 12 de junio, “llegó Juan Gómez Obando con otra gente” a la entrada de El Dorado y “tiraban morteros y balazos”, amenazando a la familia propietaria.

El Nuevo Diario se comunicó vía telefónica con el alcalde Gómez y él negó haber participado en la toma de la finca: “No hombre, eso es falso, no es cierto. Son videos falsos, ustedes saben cómo están las cosas, no es cierto, no es nada de eso… Aparezco sacándolos a ellos, por hacer un bien”.

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Luego cerró la conversación, diciendo que el caso de la invasión a esa propiedad no le compete a él o su alcaldía, sino a la Procuraduría General de la República. “Eso no lo vemos nosotros, es con la Procuraduría… Son los que pueden orientar y decidir quiénes son los dueños de la propiedad”.

Sin embargo, cuando Luis Alberto Díaz ha reclamado la devolución de su propiedad a instituciones públicas, le han dicho que la gestione ante un político del FSLN. “He ido a todas las instancias, a la Policía y a la Intendencia de  la Propiedad y lo que hacen es mandarme donde el secretario político departamental (del FSLN), José María Espinoza. La máxima autoridad debería ser la Policía Nacional, pero veo que aquí las cosas son al revés, el secretario político es el que decide”, relata Díaz, quien ha expuesto el caso a Espinoza, sin recibir respuesta.

Champas de tomatierras en la finca Santa Mónica.  Nayira Valenzuela/ENDEn el video también se aprecia a una parte de los encapuchados armados sacando un cargamento de broza en camiones. Es la materia prima que procesaban en el plantel para extraer oro y otros metales.

Amenazantes

Junto a la propiedad de los Díaz Mayorga, está la finca Las Palomas, de la familia Coen; son 120 manzanas de tierras también invadidas por gente afín al gobierno de Daniel Ortega Saavedra, lo que organizaciones empresariales han interpretado como una represalia contra quienes apoyaron a la opositora Alianza Cívica en el diálogo de mayo de 2018, exigiendo la democratización de Nicaragua y, con ese fin, el adelanto de las elecciones generales programadas para el 2021.

En diferentes puntos del país, los invasores llegaron a usurpar más de 9,800 manzanas de tierra ,entre junio y agosto de 2018, según la suma de las denuncias recibidas por la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic).

Periodistas de El Nuevo Diario constataron en la zona de Las Palomas y El Dorado la presencia de los armados, y cuando estacionaron el vehículo para hacer fotografías aparecieron sujetos amenazantes, con escopetas y los rostros cubiertos.

Dentro de las fincas tomadas y en muros perimetrales se leen pintas con frases propias de la propaganda del Gobierno y ondean banderas rojas y negras, del partido FSLN.

Las pérdidas en El Dorado, por la invasión pueden ser superiores a US$1 millón, estima Díaz, porque han saqueado distintos bienes, entre estos, 11 motores que movían las rastras artesanales, las trituradoras de piedra y otras maquinarias.

Las cámaras de seguridad de El Dorado captaron al alcalde de Villanueva, Juan Gómez, cuando entró con los tomatierras a la propiedad privada. Cortesía/END

Había 350 toneladas de broza oro que procesarían durante la temporada lluviosa y también se las llevaron. “Quemaron camiones y los mismos vecinos dicen que fueron vendidos como chatarra”, cuenta Díaz.

De las cinco denuncias formales que ha presentado la familia Díaz Mayorga, dos han sido dirigidas a los jefes policiales del departamento y del municipio, sin obtener respuestas.

La primera describe cómo la familia fue expulsada de su propiedad: “El miércoles 13 de junio de 2018, sujetos ubicaron un tranque cerca de mi plantel y pedían que mi familia saliera de la casa o nos quemaban dentro, sin importarles que dentro de la misma se encontraban menores de edad… Nos advirtieron que llegáramos al día siguiente únicamente a sacar algunas cosas personales, nada de herramientas ni vehículos, mucho menos el material de broza (oro) almacenado y residuos de broza”.

Al comisionado general de Chinandega, Douglas Juárez, le detallaron por escrito el saqueo a la propiedad privada, donde los invasores “quemaron tres camiones, se robaron herramientas, muebles, puertas”.

Las cámaras de seguridad de El Dorado captaron al alcalde de Villanueva, Juan Gómez, cuando entró con los tomatierras a la propiedad privada. Cortesía/END

En otra denuncia, dirigida también a la Procuraduría General de la República, Díaz pide que “tras múltiples amenazas por parte de tomatierras del municipio de Villanueva y comarcas aledañas” le dejen “continuar con el trabajo que venía realizando desde hace ya 4 años en la zona, mediante el cual empleaba a más de 100 familias”.

“Tenemos escrituras de la compra- venta de la propiedad, a la que le pusimos por nombre El Dorado, tenemos planos y documentos legales de la propiedad y no puede ser que personas pretendan quedarse con lo que no les pertenece; es nuestra propiedad que compramos hace 5 años y que nosotros íbamos haciendo crecer, también crecía la comunidad con los diferentes proyectos, colaboraciones y donaciones que le dábamos a los habitantes de la zona”, explica Margarita Mayorga.

“Tengo muchas cartas donde expreso que por favor se detengan, que el plantel cada día lo están desmantelando, pero hacen caso omiso, ya uno no sabe dónde ir, porque nadie quiere ayudar”, se lamenta Díaz.

Las cámaras de seguridad de El Dorado captaron al alcalde de Villanueva, Juan Gómez, cuando entró con los tomatierras a la propiedad privada. Cortesía/END

Santa Ana

En otra finca, ubicada en el municipio El Viejo, un área de más de 6 manzanas ha sido plagada por un centenar de chozas levantadas con plásticos, trozos de zinc, maderas y alambres. Sus habitantes son invasores que usurparon esa propiedad privada, al amanecer del 18 de junio de 2018, con el apoyo de funcionarios municipales sandinistas, según testimonios recabados por El Nuevo Diario.

Es la finca Santa Ana y su propietario legal es la Cooperativa Agropecuaria de Pequeños y Medianos Productores, fundada el 20 de noviembre de 1971 para operar como desmotadora de algodón. Cuando este cultivo fue descontinuado, la cooperativa decidió alquilar las tierras a terceros cada año para otras actividades agrícolas.

Los tomatierras la invadieron en medio de la crisis sociopolítica del país, desatada el 18 abril con protestas ciudadanas y una represión violenta del Gobierno. Al tomarse Santa Ana, dijeron que esa tierra se las daba la municipalidad de El Viejo, Chinandega, recuerda Santos Vega Palma, presidente de la Cooperativa Santa Ana RL.

“Se nos metieron, destruyeron todo, dejaron pura tierra, todo lo vendieron; hacían grandes fiestas dentro de la propiedad”, afirma Vega. Los invasores hasta desmantelaron columnas de concreto, usando acetileno y sierras, para vender el material.

Ahora, junto a las champas ondean banderas rojas y negras, el símbolo del FSLN.

Los socios de Santa Ana han recurrido a las leyes. “No quisimos ir a meternos porque somos varios, como 200 personas en la cooperativa, no quisimos ir para evitar muertos en posibles enfrentamientos… Después de que se tomaron todo, nosotros comenzamos a hacer los trámites con las autoridades correspondientes, porque Santa Ana tiene su escritura legal desde hace años”, explica Vega.

Reynaldo Chavarría. Nayira Valenzuela/END

La primera denuncia fue dirigida al comisionado de la Policía del departamento, el 21 de junio, tres días después de la invasión a la propiedad. Le exponen que en el terreno había varias edificaciones: oficinas, básculas para carga de alto tonelaje y bodegas, que hoy son ocupadas como viviendas por algunos de los tomatierras.

“Todo esto está en completo deterioro, deterioro causado por varias personas dirigidas por los señores Boanerges Espinoza, quien está fungiendo como vicealcalde de la municipalidad de El Viejo y otras personas conocidas como Los Chocoyos, quienes penetraron a la propiedad violentamente sin autorización a eso de las 5:00 a.m del lunes 18 del mes de junio”, expresa la denuncia de los dueños.

Cuando el equipo de El Nuevo Diario entraba a la finca tomada, unos diez hombres intentaron rodear el vehículo, luego se detuvieron, aunque sin deponer la actitud amenazante. Optamos por regresar a la carretera y vecinos de la finca nos dijeron que los tomatierras tienen armas y que en las bodegas y las oficinas de Santa Ana viven los cabecillas.

Los invasores han destruido la propiedad de la Cooperativa Santa Ana.  Óscar Sánchez/END

“Orden de arriba”

“Todos ellos son sandinistas, porque ellos mismos lo dicen y dicen que la Procuraduría les va a dar garantías sobre las tierras”, afirma Santos Vega. “Quien hizo la toma de esa propiedad es la señora alcaldesa de El Viejo y el vicealcalde; es preocupante que una autoridad municipal se preste a esas cosas… Hay personas con armas dentro de las propiedades tomadas, incluso, la señora alcaldesa les daba plásticos, les proveía comida”.

En una de las últimas denuncias, entregada el 1 de abril de 2019 a la oficina departamental de la Procuraduría General de la República, la Cooperativa Santa Ana RL reitera que quienes han estado al mando de la toma de la propiedad son los funcionarios de la Alcaldía Municipal de El Viejo, “la señora alcaldesa María del Tránsito Guevara y el vicealcalde Boanerges Espinoza, quienes actuaron de forma indebida, atropellando el derecho de los asociados”.

“La calma la hemos tenido, hemos seguido gestionando, pero no hay nada, parece que el Gobierno nos politizó, esta es una cooperativa, nosotros dentro de ella no tenemos partido… Hemos visto imposible esto (recuperar las tierras), nos sorprende que una propiedad, que es de un poco de campesinos sea tomada”, comenta Vega.

El Nuevo Diario llamó a la alcaldesa Guevara, de El Viejo, y al preguntarle sobre la denuncia de que su administración apoya a los invasores en Santa Ana, un territorio de su municipio, su única respuesta fue: “No tengo información de ese tema, francamente que no conozco de eso. No tenemos nada que ver con esas cosas, nosotros no estamos ocupados en esos temas”.

Vega estima que las pérdidas por la destrucción de la infraestructura de la finca superan los 300 mil dólares, más 2 mil dólares por mes que recibían por la renta de la propiedad. “Nos duele, porque esa propiedad nos cuesta a nosotros”, enfatiza. “Al consultar a la Policía sobre el caso, lo único que le dicen a uno es que aún no ha llegado la orden desde arriba (Gobierno), que no saben el día ni la hora de la entrega”.

Quienes se apoderaron de la finca Santa Ana han instalado tuberías para agua potable y cables de alumbrado eléctrico, confiados en que allí se quedarán a vivir.

En tierras de otras zonas del departamento de Chinandega también se ven ondear banderas del FSLN junto a chozas improvisadas, una señal de que han sido invadidas. Así está la finca La Pañoleta, junto a la carretera al puerto de Corinto, donde los tomatierras también hacen zanjas para tubería de agua potable y meten líneas de electricidad, otro indicio de que reciben apoyo de instituciones del Estado.

Un problema de años

En una colina de la comarca El Charcón, del municipio norteño de Santa María de Pantasma, la vivienda de José Reynaldo Chavarría Castro está rodeada por tomatierras indígenas que el 12 de abril de 2014 invadieron la finca Santa Mónica, de 59 manzanas, amparados por funcionarios del gobierno de Daniel Ortega, quien gobierna por segunda vez, desde enero de 2007.

“Estábamos sembrando hortalizas, teníamos un contrato con varias empresas, entre ellas supermercados, cuando se metieron, cercaron y no logramos sacar nada de esa producción”, relata Chavarría, dueño de la finca, quien quedó con su familia cercado en la cima.

“Compré estas tierras en 1985 y comencé a trabajar, pero se metió a la propiedad la comunidad indígena de Jinotega, aduciendo que ellos eran dueños de las tierras, decían que pertenecían a los indígenas, pero yo también pertenezco a la casta indígena, tengo mi carnet y no solo eso, también las escrituras”, explica el afectado y resalta que el problema de la usurpación de propiedades privadas ocurre desde hace años.

“Vino la Procuraduría y me metió gente, recuerdo que fue en Semana Santa por la noche. La misma Policía llegó a resguardar a los tomatierras, les llevaban comida y armas”, asegura el finquero, indicando que las autoridades municipales de Pantasma y Jinotega sabían de las intenciones de invadir estas tierras.

Un jefe de la Policía, que él identifica como Marvin Castro, le habría dicho que no se preocupara. “Me dijo que cuando esa gente se metiera, él iba a mandar a desalojar; cuando se metieron, le avisamos, y entonces nos dijo que eso no se podía hacer verbal, quería que fuéramos a poner la denuncia y, pues, eso era mentira, eso ya estaba amarrado con ellos. El mismo comisionado, el alcalde de Jinotega (Leónidas Centeno) y el secretario político de Pantasma están implicados en la toma de mis tierras”, afirma Chavarría, al hablar con El Nuevo Diario.

Recuerda que el primer intento de quitarle las tierras ocurrió en el año 2004 y él acusó a los invasores en el juzgado, de “usurpación a la propiedad, daños y penetración a propiedad ajena” y en la primera instancia “ellos me propusieron que les diera unas 24 manzanas de tierra” como parte de un acuerdo de mediación.

En consecuencia, la escritura pública 161, entregada a Chavarría el 16 de noviembre de 2004, expresa: “El señor Andrés Granados Picado, en su calidad de presidente de la comunidad indígena de Jinotega y representando a la junta directiva de dicha comunidad” otorga a favor del señor Reynado Chavarría Castro “Escritura de Uso y Goce de la propiedad ubicada en El Charcón de cincuenta y nueve manzanas y tres cuartos de extensión, denominada Santa Mónica, ubicada dentro de los siguientes linderos…”

Sin embargo, en el año 2014 representantes de la comunidad indígena, apoyados por autoridades municipales y policiales, invadieron esas tierras que legalmente pertenecen Chavarría, de 69 años, quien fue alcalde del municipio de Pantasma por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) en la década de 1990.

Ahora vive rodeado por un enjambre de chozas forradas con plásticos, láminas de zinc y maderas de cedro, pochote y roble cortadas en la misma finca. Algunas casas ya son de concreto.

Lo acosan

José Reynaldo Chavarría Castro afirma que en más de una ocasión, su familia ha sido agredida por los tomatierras, con intenciones de expulsarles. La última vez, en el año 2017. “Vinieron y metieron como 200 personas armadas, algunas con piedras y machetes, como a las 8:00 p.m., hasta me quitaron el servicio de energía eléctrica; se me estaban metiendo a la casa y tuve que responder con fuego también. Entonces, el comisionado llegó y más bien me quitó mis dos pistolas, de las cuales yo tenía portación legal… Yo estaba dispuesto a morir dentro de la casa”, relata.

“Cuando se tomaron toda la propiedad, yo no quise salir de mi casa, está en medio de todos; solo tengo como una manzana donde está la casa, no quise salir de ahí porque perdía el derecho de posesión”, explica.

El hijo muestra a El Nuevo Diario los orificios de balas que impactaron en la vivienda. “Están las pruebas de la balas en la pared de mi casa, yo no iba a dejar que me sacaran de mi casa, no les bastaba con destruirme toda la propiedad”, comenta el padre.

“Pido al Gobierno que me entregue mi propiedad  o que me indemnice; no tengo porqué entregarle mis tierras a gente que no conozco”, agrega y en ese momento aparecen lágrimas en sus mejillas. Calla.

Alrededor se ven hombres que levantan cercos próximos a la casa de Chavarría. Más lejos se observan troncos grandes, vestigios de lo que fueron árboles gruesos y seguramente muy altos y antiguos. Las tablas que se arpillan en algunos lugares de la finca o que ya forran algunas casas, proceden de esos árboles. Mujeres y niños entran y salen de las chozas. El Nuevo Diario intenta hablar con alguno de los hombres, pero estos se muestran ariscos.

Uno de los hijos de Reynaldo se fue del país porque lo amenazaron de muerte los invasores. “Le dijeron que lo iban a mandar a matar, por eso anda huyendo, desde noviembre del año pasado”, lamenta su papá.

Por las noches, hay hombres con armas de fuego cuidando estas tierras ocupadas ilegalmente. Chavarría dice que la Procuraduría General de la República ha elaborado otras escrituras sobre la finca Santa Mónica para quitársela. “La comunidad indígena se puso de acuerdo con la Procuraduría, hicieron una escritura anulando la escritura que me habían dado… Es un atropello”, asegura el productor, recordando que él les había cedido 24 manzanas de tierra en 2004, para que cesaran las amenazas.

Horas antes de que se conociera la renuncia del procurador general Hernán Estrada, el 8 de mayo de 2019, El Nuevo Diario llamó al teléfono móvil de este funcionario para preguntarle por los diferentes casos de propiedades invadidas. Él atendió la llamada y cuando nos identificamos como periodistas, dijo: “Ya le comunico con su asistente…” Hubo un silencio por segundos y cortó la comunicación. Le hicimos dos llamadas más y ya no respondió.

Extorsión en Rivas

Del total de tierras usurpadas en el país desde mayo de 2018, el 5 % corresponde al departamento sureño de Rivas y eso equivale a 231 manzanas, buena parte dedicadas al cultivo de plátano y caña de azúcar.

Tres de las fincas son propiedad de la ciudadana estadounidense Esperanza Lacayo de Healy. Civiles armados y encapuchados llegaron a ellas a mediados de mayo y expulsaron a los cuidadores y a la dueña.

“Solo cortamos 61 cabezas de plátano de 40 manzanas de producción y la caña de azúcar, estábamos listos para comenzar en noviembre. Desgraciadamente, al tomarse la finca, ni el plátano pudimos sacar y también con el tema de la caña, ellos (los invasores) se acercaron al ingenio para que se las compraran”, detalla Michael Healy, hijo de Esperanza.

“Se tomaron la finca y la casa hacienda que es donde mi mamá vive; saquearon todo, las oficinas, las casas de los trabajadores, se llevaron todos los fertilizantes, mochilas de fumigar, todo lo que usamos en el día a día en el sector agropecuario, para la producción”, relata.

Siete meses después, en diciembre de 2018, enviados del partido en el gobierno, el FSLN, intentaron sobornar a la familia Healy, pidiéndole varios millones de dólares a cambio de devolverle las tierras invadidas.

“No estamos dispuestos a pagar ningún precio por un derecho que tenemos, ahí (en las tierras) están parapolicías y todo el mundo sabe especialmente quién dio la orden; ustedes saben quién dio la orden, fue el mismo Gobierno”, dice Healy, respondiendo a los extorsionadores.

“Lo que ellos han hecho es traer gente armada de otra zona para que no fueran reconocidos, pero mucha gente los ha reconocido; ellos están en la finca, ya hay como 25 hombres armados con AK-47 desde hace 11 meses”, comenta el también presidente de Upanic y dirigente de la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia.

Calcula que las pérdidas “andan arriba del millón de dólares, en cosecha e infraestructura, más el valor de las tres fincas; solo la manzana (de tierra) cuesta en esa zona de 10 mil a 30 mil dólares, más el daño a los sistemas de riego”.

Banderas del partido FSLN en la entrada de una propiedad privada invadida, Las Palomas, en Villanueva.  Óscar Sánchez/END

Los reclamos de los productores afectados en Rivas, ante la Procuraduría General de la República y autoridades locales tampoco han recibido respuestas. “Las denuncias se han interpuesto en la Policía de Buenos Aires, la Alcaldía y la Policía departamental, donde se puso amparo policial para desalojar a esta gente, desde junio del año pasado”, explica.

Las invasiones de tierras privadas datan desde la década de 1980, cuando también gobernó el FSLN; volvieron tras resultar electo Ortega en 2006 y se hicieron más evidentes después de abril de 2018, comenta Healy, quien ve dos modos de operar de los tomatierras; el primero, dirigido por el Gobierno, porque “busca sacar beneficio de eso”, afectando a determinados propietarios; y el segundo, por “la orden que se le da a ciertos afiliados del Frente Sandinista, que como ven que está en el poder creen que se pueden meter a cualquier propiedad”.

Derechos violentados

Las invasiones a tierras violan el artículo 44 de la Constitución Política de Nicaragua, sobre el derecho a la propiedad: “Se garantiza el derecho de propiedad privada de los bienes muebles e inmuebles y de los instrumentos y medios de producción”.

Lindsay Dinorah Castro Molina es abogada de la familia Chavarría Fajardo, dueña de la finca Santa Mónica, en el departamento de Jinotega y de otros productores afectados en Chinandega, entre estos la Cooperativa Santa Ana.

Castro, con 18 años de experiencia en el tema de las ocupaciones ilegales de propiedades privadas, explica que los bienes inmuebles mencionados en el artículo 44 solo pueden ser objeto de expropiación por el Estado cuando se trata de latifundios sin cultivar y con fines de reforma agraria, “previo pago en efectivo de justa indemnización”.

La Constitución prohíbe la confiscación de bienes, enfatiza la abogada, y los funcionarios que infrinjan esta disposición deberán responder con sus bienes en todo tiempo por los daños inferidos.

Sobre las denuncias legales presentadas, las autoridades “hasta el momento no han dado ninguna respuesta, ya sea que vayan a indemnizar a cada una de las personas afectadas, porque es lo que cabría en todo caso para que el Estado responda, o bien mandar a desalojar a esa gente”, informa.

“El Estado de Nicaragua, los particulares, municipales y ninguna institución puede afectar una propiedad que es privada, salvo que sea para utilidad pública o interés social y en estos casos no es nada por el estilo, sino que son personas que por interés propio ingresan a propiedades, destruyen y lotifican”, argumenta Lindsay Castro.

En el caso de la Cooperativa Santa Ana, indica que los tomatierras penetraron a la propiedad por las vías del hecho y se han quedado allí, igual como sucedió en Santa Mónica, Jinotega.

“En ese caso se interpuso la denuncia por dos razones; la primera, porque se supone que estamos esperando que nos proteja el derecho de la propiedad, el derecho a la vida e integridad; y segundo, porque dentro de la propiedad estaba un patrimonio ajeno”, dice Castro, señalando que en términos legales los tomatierras pueden ser objeto de un desalojo por las autoridades, aunque estas no dan ninguna respuesta.

Los invasores “se sienten respaldados por autoridades del Gobierno; cuando los miembros de la Cooperativa Santa Ana hablaron con la alcaldesa, ella se limitó a decir que no tenía nada que ver y que no sabía de qué estaban hablando”, afirma la abogada.

En la finca Santa Mónica, en Pantasma, ante la falta de respuesta a la denuncia entregada al comisionado policial Marvin Castro, “por cuestión de estrategia intentamos autenticar los documentos en Plaza el Sol (sede de la Policía Nacional), pero lo que obtuvimos fue un rodeo de antimotines y la expulsión del lugar cuando se dieron cuenta de cuál era el caso, en los primeros días de marzo de 2019”, relata.

“Tenemos todos los recibidos de las denuncias, pero ya vemos que las autoridades han apoyado estas tomas de tierra, ya sea por acción o por omisión”, comenta Lindsay Castro.

“Todo individuo es libre de disponer de sus propiedades sin restricción alguna, por venta, donación, testamento o cualquiera otro título legal”, concluye.

Más de US$17 millones en pérdidas

Las últimas invasiones a tierras privadas, estimuladas por el Gobierno, iniciaron en junio de 2018 cuando se tomaron 22 propiedades. En julio invadieron 27 propiedades más y en agosto 16. El 66.5% era de uso agrícola, el 24% pecuario y el 6.5% forestal.

De las 9,800 manzanas de tierras ocupadas ilegalmente fueron devueltas una parte poco a poco; y a mayo de 2019 seguían invadidas 29 propiedades en siete departamentos del país, equivalentes a un área de 4,673 manzanas, indican registros de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic).

Las pérdidas económicas totales por esta usurpación han sido estimadas en US$17.1 millones, más el lucro cesante que equivaldría a US$7.4 millones. Otra consecuencia de esas acciones ilegales ha sido mandar al desempleo a 9,010 personas, entre las que se incluyen 100 trabajadores del plantel El Dorado, en Chinandega.