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Hace un año, el 16 de junio de 2018, ocurrió uno de los episodios más dolorosos de la crisis sociopolítica de Nicaragua: Una vivienda de tres pisos fue incendiada y murieron quemadas seis personas, cuatro adultos y dos niños: Óscar Velázquez Pavón y su esposa Maritza López; Alfredo Pavón y su esposa Ángeles Ráudez; y los niños Daryelis, de 2 años y medio, y Matías, con 5 meses.

Habitantes del barrio, testigos de esa masacre, aseguraron que civiles armados Pro Gobierno (parapolicías) fueron quienes prendieron fuego a la casa e impidieron que los vecinos auxiliaran a las víctimas, según ellos, en represalia porque el señor Óscar Velásquez Pavón, el mayor de la familia, supuestamente se negó a permitir que un francotirador de la policía se apostara en lo alto de la vivienda.

Seis meses después, el 19 de diciembre, la Policía Nacional afirmó en un comunicado haber esclarecido ese crimen y lo atribuyó al Movimiento Estudiantil 19 de Abril, que supuestamente hizo una publicación en la que llamaba a “eliminar a sandinistas”.

En su momento, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, declaró: “Este acto de terror que es un crimen de lesa humanidad y que no puede quedar impune”. La relatora para Nicaragua de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Antonia Urrejola, dijo haber quedado estupefacta al conocer el caso.

Las autoridades enjuiciaron a una estudiante y a un mecánico; Karla Vanesa Matus Méndez, y Amílcar Antonio Cortez Valle, por haber provocado el incendio. Ambos fueron liberados hace una semana y relatan cómo los involucraron en un crimen que, aseguran, nunca cometieron.

Cuando Vanesa y Amílcar fueron llevados al juzgado y presentados como cómplices del crimen, ambos se sorprendieron porque jamás se habían conocido. “Nunca en mi vida lo había visto, hasta el día que tuvimos la primera audiencia. Hasta ese día me di cuenta que nos acusaban a los dos por el incendio de esa casa. Ese mismo día nos presentaron; yo no sé nada de él y él no sabe nada de mí”, recuerda ella.

“Se querían lavar las manos conmigo”

“Las imágenes dejaron clara la presencia de los agentes policiales y su gente armada”, afirma el mecánico Amílcar Cortez, al recordar cómo los vecinos fueron testigos de la muerte de una familia dentro de la casa en llamas.

Al amanecer de ese 16 de junio, cuando Managua estaba tensionada por las protestas ciudadanas contra el Gobierno, iniciadas el 18 de abril de 2018, Cortez fue despertado por su mamá y escuchó balazos y gritos de gente que pedía salvar a la familia acorralada por el fuego.

¿Qué participación tuviste en las protestas?

Participé en dos marchas, la del 23 de abril, una de las grandes que terminó en la Upoli (Universidad Politécnica). Aunque no fui tan activo, mi WhatsApp lo llenaba contra el régimen porque la violencia contra la población me enojaba. A las marchas dejé de ir por temor a represalias, no por mí, sino por mi familia y por eso me detenía. Con las protestas en el sector cercano a la rotonda La Virgen había un tranque de carretera y ese sábado 16 de junio del año pasado fue que la policía con sus civiles armados de fusiles de guerra atacaron desde muy de mañana.

¿Vivís cerca de la casa quemada?

Vivimos en la casa de mi mamá, pero, por estar cerca de la vía principal, previendo la posibilidad de tiros y gases lacrimógenos, preferí que ellas (esposa e hijas) se quedaran en casa de mi suegra que está más alejada. La noche anterior me quedé a dormir en la casa de mi madre, ubicada en la calle trasera de la casa de los Pavón, del otro lado de la acera, como a cinco casas, así que se ve (la casa de tres pisos) a un costado de la vivienda de mí mamá.

¿Qué hacías cuando inició el incendio?

Eran como las 5:50 a.m. cuando mi mamá comenzó a golpear la puerta gritando “levantate, levantate”, con desesperación. Escuché el tiroteo y cuando salimos a la calle, miramos que todo comenzó a incendiarse. Estábamos un grupo de personas viendo y los que andaban su teléfono, desde donde estábamos, grabaron esos momentos. Incluso, hay un video en que se escuchaban los gritos de la gente dentro de la casa que se quemaba.

Se dice que la policía no permitió a los vecinos acercarse a apagar el fuego, ¿es cierto eso?

La policía, acompañada por sus civiles armados, estuvo en la zona en el lapso de unos 40 minutos y no dejaron acercarse. Desde la segunda etapa del barrio Carlos Marx, ubicada frente a la casa, al otro lado de la calle, había pobladores que trataron de acercarse, pero les recetaron plomo y tuvimos que esperar a que se retiraran (los policías). Hasta entonces, le dije a la gente que buscaran baldes y agua. Como había un producto muy inflamable (colchones de hule espuma) dentro de la casa, en cuestión de segundos se propagó el fuego y rápido acabó con todo. Intentamos tirar agua, pero no se podía lanzar muy largo y por mucho que tratáramos, no conseguíamos tanta altura. Los bomberos llegaron, pero ya el interior de la casa era cenizas.

Karla Vanesa Matus Méndez. Nayira Valenzuela/END

¿Qué pasó después del incendio?

Conmigo nada. Limpiaron los tranques, todo se calmó poco a poco y mi vida la llevaba normal, con mis hijas y mi familia, trabajando en mi casa tranquilo. Jamás se me habría pasado por la mente lo que me esperaba. Jamás.

¿Cómo te detienen?

Desde el incendio pasaron seis meses. Yo estaba en la casa de mi mamá, con ella. Inocentemente, pensaba ir al hospital porque mis hijas pasarían consulta. Estábamos afuera cuando vi venir un carrito blanco y ni por la mente se me pasó lo que sucedería. Cuando se acercaron me encañonaron varios tipos de civil con pasamontañas. Las puertas del vehículo se abrieron y a la fuerza me metieron y mi mamá, desesperada, pegando gritos. Fue un secuestro. Nunca se presentaron como autoridades, ni mostraron una orden de captura. Me pusieron una bolsa negra sobre la cabeza y me pusieron la cabeza hacia abajo cuando iba en el vehículo.

¿Cómo te involucran en el incendio?

Eso fue el 6 de diciembre del año pasado y jamás pensé que me involucrarían en este caso tan grande y doloroso. Supongo que “me ponen el ojo” porque criticaba al Gobierno y aparezco en varios videos y en los noticieros ayudando a apagar el fuego.

¿A dónde te llevan?

Sentí que me llevaron hasta un lugar desolado, porque era silencioso. Después me trasladaron hasta la rotonda La Virgen, donde me tiraron en la tina de una camioneta, para después moverme a la Dirección de Auxilio Judicial, en El Chipote, donde primero me metieron en las celdas preventivas; me quitaron la ropa y me obligaron a hacer sentadillas. Entonces, llegó el inspector y dijo: “este me lo dejas a mí”; y comenzó el interrogatorio. Una de las cosas que me dio risa fue que me nombraron Amílcar Antonio Cortez Báez, pero mi segundo apellido es Valle, no Báez. “Yo no soy ese, me están confundiendo”, les dije, pero insistieron en llamarme Báez y me cansé de rectificarles.

¿De qué te acusaron?

De quemar la casa y me amenazaron con matarme. Por eso les reclamé que mostraran pruebas y lo único que sacaron fue una foto mía que recién había actualizado para mi récord de Policía. En Auxilio Judicial yo les decía que mostraran las pruebas y nunca lo hicieron. Se querían lavar las manos conmigo, pero estamos en el siglo XXI y las imágenes dejaron clara la presencia de los agentes policiales y su gente armada. Dicen que hay un video diciendo la supuesta verdad del incendio de la casa, no lo he visto, no he tenido tiempo, pero me sorprende hasta dónde llega la gente que me acusa. La familiar que me señaló, no sé si lo hizo por dinero o por amenazas, pero yo no haría eso, acusar a una persona inocente. No les guardo rencor y estoy tranquilo ante los ojos de Dios.

¿En qué momento te llevan a los juzgados?

El día de la audiencia preliminar me encontré con Miguel Mora y Lucía Pineda, a quienes encontré en el pasillo cuando a nosotros nos llevaban para arriba, al “circo”. Ellos iban bajando y lo único que pude decirle fue “¡fuerza!”. Yo nunca había estado en una situación parecida y desconocía todo lo que iba a pasar. A esos juicios les llamábamos el circo. Cuando nos llegaban a traer para trasladarnos al complejo judicial, gritábamos: ¡Viene el circo, comenzó la función! De esta forma nos burlábamos de sus mentiras y nos dábamos ánimos.

¿Fuiste el único procesado por la quema de la casa?

No. La otra persona procesada fue Karla Vanessa Matus Méndez. Según ellos, eran cuatro más, pero nunca los procesaron.

¿Cómo fue el proceso judicial?

En una entrevista, no entiendo cómo, una familiar (de las víctimas) me señaló como la persona que había tirado la bomba molotov que provocó el incendio, pero en la segunda audiencia dijeron que fue la muchacha de nombre Karla Vanessa Matus Méndez, asegurando que ella había sido. No me explico cómo es que vieron quién tiró la molotov, pero se contradicen al identificar quién fue. La mentira siempre será mentira. Al final, todo quedó en proceso. No nos condenaron.

¿Qué impacto causó en vos el encierro?

Desde que me detuvieron fueron seis meses y diez días. El 28 de diciembre me llevaron a La Modelo (cárcel). Ahí dentro, los días los iba contando y al principio fue muy duro. Muchas veces lloré porque me hacían falta mis hijas. Es que después del trabajo siempre tuve tiempo para estar con ellas, así que cuando se acercaba la noche me ponía muy triste. Era imposible no llorar. Comencé a pedirle fuerzas a Dios y él me las dio.

¿Qué fue lo que más te impresionó en la modelo?

Esa fue la peor experiencia de mi vida, fue horrible y peor es saber que estás ahí injustamente. Adentro, los malos tratos y torturas fueron muchas. A un muchacho, llamado Erwin, hasta le echaron los perros. Le decíamos el doctor, no recuerdo su apellido. Nosotros quedamos agradecidos con muchos de los presos comunes porque sufrieron a la par de nosotros, por ayudarnos con comida, con agua o por el simple hecho de saludarnos o hablarnos. Por eso eran castigados fuertemente.

Con intenso dolor fue despedida la familia que murió calcinada en la casa del barrio Carlos Marx.  EFE/END

¿Cómo sales de prisión?

Salí el martes 12 de junio. A Karla Vanessa Matus Méndez la sacaron de La Esperanza el lunes 11 de junio. Ahora, después de acusarme el Gobierno, yo quiero limpiar mi nombre. Estando en la cárcel nunca perdimos la fe. Nos dijimos: de aquí no nos va a sacar el Gobierno, Dios va a tocar a las personas que tenga que tocar y él nos va a sacar, y así fue. Tocó a la comunidad internacional y a mucha gente más.

¿Cuáles son tus metas ahora?

Yo soy evangélico y me bauticé. Recibí doctrina en esa misma casa que se quemó. La familia Pavón asistía a la misma iglesia que mi familia. Siempre he sabido que debo tener un propósito de porqué sigo vivo. Este tiempo en La Modelo me permitió meditar y perdonar, no le tengo rencor a nadie y estoy tranquilo y quiero estar bien. Solo quiero que mis hijas salgan adelante y que Nicaragua vuelva a ser República.

“Me dicen claro… que yo me iba a comer la torta del Carlos Marx”

Tiene 21 años de edad y el día que fue incendiada la casa, donde murieron seis personas, Karla Matus estaba en Costa Rica. Aun así, la acusaron judicialmente de haber causado esas muertes y hasta la presentaron como culpable en los canales de televisión del Gobierno.

Amílcar Antonio Cortez Valle. Isidro Hernández/END

Cuando le preguntó a los policías que la interrogaban, qué pruebas tenían para acusarla, “ellos dijeron que nos les interesaba, que yo me iba a comer esa torta y punto”, relata Matus en esta entrevista.

¿A qué te dedicabas antes del 18 de abril?

Como mi mamá es madre soltera, yo tenía que cuidar a mis hermanos menores mientras ella iba a trabajar; los llevaba a la escuela, hacía las cosas en la casa y los domingos estudiaba en la Universidad de Managua (UdeM). Estaba en primer año de Contabilidad.

¿Perteneciste a la juventud sandinista?

Hace más de un año. Así puedo decir ahora, pertenecí por 2 años a la JS, pero el 18 de abril del año pasado, cuando vi en las noticias y en los videos cómo maltrataban a los ancianos en Managua y León por protestar contra las reformas al seguro social, me molesté, hasta lloré. Incluso, los de la Juventud me vinieron a buscar para que fuera con ellos a abuchear esas marchas y no fui, estaba totalmente en desacuerdo con lo que estaban haciendo; por eso, todo lo que me pasó, viene por ahí.

¿Cómo te unís a las protestas antigubernamentales?

Luego de todo lo que pasó ese 18, en el grupo de WhatsApp de la universidad me llegó una convocatoria para que al día siguiente los de la UdeM fuéramos apoyar a los chavalos de la UNI y les lleváramos insumos médicos. Yo me le escapé a mi mamá, le agarré medicamentos y llegué a la cancha de la universidad faltando 10 minutos para las 9:00 de la mañana, y como no había llegado nadie a esa hora, me fui sola a la UNI. Así es que me uní a las protestas.

¿Cómo lograste ingresar a la UNI, sola?

Cuando yo estoy llegando a la UNI, ya estaba el alboroto, pero reconocí a varios chavalos de otras universidades; entonces, así entré, nos unimos y ya nos explicaron en qué podíamos ayudar. Ese día hice desde mi Facebook varios videos en directo del ambiente, pero no me acordaba que tenía a varias personas que se hacen pasar por amigos y eran de la JS; ellos estuvieron pendientes de lo que subía para destrozarme en las páginas de ellos y me decían traidora.

Karla Vanesa Matus Méndez, fue excarcelada el pasado lunes 11 de junio.  Nayira Valenzuela/END

¿Cuándo te enteraste que te tachaban de traidora?

En esos mismos días, uno de ellos me avisa y me dice, bloquéame del Facebook, te voy a mandar todas las capturas de las conversaciones para que veas lo que están diciendo de vos. Entonces, decían que yo era una viciosa, que había que tener cuidado conmigo, que era una ladrona y que me estaba lucrando.

¿Cuántos días estuviste en la UNI y cuál era tu función?

Solo el 19. Yo ayudé a pasar agua con bicarbonato a chavalos cuando la policía les tiraba bombas lacrimógenas, pero el 20 me fui a la Upoli.

¿Por qué te fuiste a la Upoli?

Vi una publicación en Facebook que decía que allá necesitaban apoyo, pero no le paré mucha mente. Una amiga que vio los videos que estaba haciendo en directo desde la UNI me dijo que me fuera a la Upoli, que allí iba a estar bien, que fuera apoyar a los chavalos.

¿Cómo te recibieron?

Llegué el 20. La noche anterior no dormí, me fui con una señora que estaba en la UNI. Desde que llegamos me preguntaron quién era y de dónde llegaba. Les dije que de la UNI. Como me vieron con mis dos saquitos de medicamentos, toda desvelada, la señora que iba conmigo les dijo que no había comido ni dormido; entonces, entramos y me dijeron que cargara mi teléfono, me atendieron muy bien.

¿De qué manera apoyaste a los universitarios atrincherados en la Upoli?

Al rato de haber llegado, escucho que están atacando a los muchachos y empecé a transmitir en vivo otra vez; luego empecé a pasarles agua con bicarbonato y al tercer día ya era una persona reconocida en la Upoli.

¿Tuviste algún cargo entre los universitarios atrincherados?

Desde que me quedé ahí, me encargaba de varios muchachos; o sea, yo era quien dirigía varias trincheras del portón sur y del segundo piso. Tenía que estar atenta que no faltara comida, estaba agarrando donaciones muy importantes y yo tenía que explicarles para qué se iban a usar, les sacaba cuentas de todo lo que llegaba.

¿Te llamaban por tu nombre en la Upoli?

Vanesa, la “Flaca terrorista”, me decían.

¿Qué viviste mientras estuviste atrincherada allí?

Era tan feo ver el sofoque, como todos corrían de un lado al otro cuando atacaban a los muchachos; era doloroso verlos heridos, cómo los morteros les explotaban en la cara. Teníamos que salir corriendo a ayudarles. Sinceramente, fueron experiencias bien duras; a mí no me importaba quitarme la camisa y quedarme en brasier, para taparle una herida a alguien. Pero, siempre me mantuve al margen, nunca hablé con personas que no conocía, no me dejaba tomar fotos por temor a que más adelante alguien quisiera hacerme daño.

¿Por qué y cómo salís de la Upoli?

Salgo a finales de mayo. Una de las circunstancias fue porque, para entonces, ya habían conflictos internos entre los mismo muchachos; en esos días hicieron una reunión en donde no me incluyeron. Decido irme para mi casa porque me decepcioné, ya las cosas estaban feas y los mismos muchachos que yo tenía a cargo me ayudaron a salir y no supe más de ellos. Eso fue como para el 26 de mayo.

¿Te fuiste a Costa Rica?

Me fui el 29 de mayo, me recomendaron no quedarme aquí, menos ir a mi casa; y llegando a Costa Rica me agarró migración, tengo los papeles de donde yo pedí refugio. Cuando hice el trámite, me dijeron que tenía que llenar unos documentos en los que iba a explicar por qué estaba pidiendo refugio y por qué lado había entrado ilegalmente al país.

¿Lograste el asilo político?

Me entregaron un carné de solicitud de asilo, porque primero iban a investigar si lo que decía era cierto, pues, relaté toda mi participación en las protestas, pero no me lo dieron porque es un proceso que dilata y me regrese a Nicaragua en octubre.

¿Cómo te fue en Costa Rica?

Primero me fui donde unos familiares, pero ellos tenían miedo por tantas cosas que salían en las noticias; tenían niños chiquitos y yo me sentía mal. Entonces, me fui donde un grupo de personas que también eran nicaragüenses exiliados por la crisis y se quedaban en uno de los parques; luego, una señora nos brindó un cuarto. Entonces, como agradecimiento limpiábamos porque nos estaban dando comida, techo; esa persona fue muy linda. Todos los que estuvimos ahí éramos personas que estuvimos atrincherados; conocí a muchos manifestantes de los departamentos.

¿Sufriste algún asedio o persecución mientras estuviste en Costa Rica?

Tiempo después comencé a trabajar en un bar de mesera, ganaba 43,000 colones. 1,000 colones son C$50, pero me tuve que mover a una casa de seguridad porque veíamos a varias personas raras rondar el cuarto donde estaba. También, habían dicho que era infiltrada, porque alguien dijo que yo era de la Juventud Sandinista. Lo que querían los verdaderos infiltrados era dividirnos. Y así estuve, moviéndome de lugar en lugar; al final estuve en una casa de seguridad muy importante y me enteré que mi bisabuela falleció y me tuve que venir solita otra vez.

¿Pasaste sin problema? ¿Por dónde te viniste?

Me vine en un bus a Peñas Blancas y luego por senderos. Mi abuelita murió el 16 y yo vine el 18 de octubre.

¿Alguien sabía que regresabas al país?

Eso es lo extraño, porque yo no le avise a nadie. Con mi familia me comunicaba poco y no le dije que venía tampoco. Cuando llegó a la casa de mi mamá, en Xiloá, ella se asustó y me dijo que me fuera porque dos paramilitares habían llegado a preguntar por mí y unos vecinos, que nos tienen mucha estima, les dijeron que ya no vivíamos ahí. Tuve que huir por unos senderos a salir a los balnearios de Xiloá, agarré un carro y me fui donde unas amigas; y a los minutos los paramilitares volvieron a llegar a la casa. Después fui a ver a mis familiares que vivían con mi abuelita, pero no pude quedarme mucho tiempo; entonces, he andado de casa en casa desde que vine de Costa Rica.

Cuando te captura la policía, en diciembre, estabas en León. ¿Qué hacías ahí?

Le había pedido a unos familiares si podía quedarme donde ellos, en León, y me dijeron que sí. Pero, el 10 de diciembre me escribió una persona que estuvo conmigo atrincherada en la Upoli y me amenazó, diciéndome que me iban a matar porque yo era una infiltrada, que yo vendí a los chavalos y que ya sabían dónde estaba y que en la madrugada me iban a caer. Ya tenía dos días de estar escondida ahí. Le dije a esa persona que Dios lo perdonará porque yo no había traicionado a nadie. Mi susto es que, como a las 5:00 de la tarde del día siguiente, quien me cae es la policía.

¿Por qué te detienen?

Cuando mi tía mira a la policía empieza a gritar: “Escóndete”, pero no me dio tiempo, la casa es pequeña y ya no podía. Yo dije: ‘me van a matar’, hasta aquí quedé porque llegaron cuatro patrullas, dos motorizados y hasta a los canes llevaron. Entraron directamente hacia a mí, me preguntaron cuál era mi nombre, les dije: ‘Karla’, y me tiraron a la patrulla. Me detienen por decirles mi nombre porque no me dijeron nada más.

¿A dónde te trasladan?

A la estación central de León, ahí estuve dos días, desaparecida prácticamente porque mi familia empezó a buscarme y a preguntar por mí y no les decían nada, a pesar de que mi familia sabía que ellos me habían detenido y a los dos días me trasladaron a El Chipote.

¿De qué te acusaron?

Ellos dicen tener información mía y solo tenían una foto mía dentro de la Upoli. También, me mostraron varias fotos de los chavalos que estuvieron en la Upoli y me pidieron que los identificará, que si yo les daba información, me iban ayudar, que me iban a cambiar el nombre, la cédula y me iban a mandar fuera del país, que iba a trabajar con ellos con tal que los vendiera a toditos.

¿Cuál era la información que querían?

Sobre lo que hacían, cómo estaban organizados; es más, hasta que inventará cosas para perjudicarlos. Entonces, yo les contesté: ‘qué voy a saber yo, si nunca los he visto, nunca estuve ahí’; negué que estuve en la Upoli por temor a que me golpearan. A mí me estaban acusando de asesinato, de tortura, de quemas, cosas ilógicas, jamás en mi vida he tocado un arma. Cuando estaba en tercer año de Secundaria soñaba con ser policía y ahora más bien los detesto por todo lo que me hicieron.

¿Te torturaron?

La tortura es sicológica, pero yo les contestaba mal porque cuando me interrogaban me ofendían; en algunos momentos me amenazaron con golpearme, pero no lo hicieron.

¿Cómo te involucran en el incendio de la casa del barrio Carlos Marx?

Ellos me dicen claro, que como no pudieron sacarme información de la Upoli, yo me iba a comer la torta del Carlos Marx, pero no me acordaba de eso. Aunque, estando en Costa Rica, yo compartí imágenes y videos de lo que había pasado. Incluso, lloré por la muerte de esos niños y hasta hicimos una marcha por ellos. Por eso, cuando dicen el nombre del barrio, yo no sabía de qué me estaban hablando. Les pregunte qué era eso y me dicen: ‘Vos quemaste a los niños de la casa de alto’, y ahí yo caigo.

¿Cuál fue tu reacción?

Inmediatamente les dije: ‘¿Ustedes tienen pruebas contra mí?’ Ellos dijeron que nos les interesaba, que yo me iba a comer esa torta y punto.

¿Conocés a las demás personas que son acusadas por el incendio?

Solo a la que le dicen “Colochos”, porque ella estuvo en la UNAN y se llegaba a reunir con los de la Upoli.

De los seis acusados por este caso solo capturan a dos, a vos y a amílcar cortez. ¿en algún momento lo habías visto a él?

Nunca en mi vida lo había visto, hasta el día que tuvimos la primera audiencia. Hasta ese día me di cuenta que nos acusaban a los dos por el incendio de esa casa. Ese mismo día nos presentaron; yo no sé nada de él y él no sabe nada de mí.

¿Cuándo te trasladan a la cárcel la esperanza?

El 9 de enero. Primero salí en los canales donde nos acusaron públicamente de ese caso; ya para la segunda audiencia, a finales de enero, estaba en una celda de castigo.

¿Cómo te sentiste cuando te acusaron?

Súper mal. En primer lugar, no estaba aquí cuando ocurrió eso; en segundo lugar no tengo la valentía de hacerle daño a nadie, tengo hermanos chiquitos. Yo les pude decir a los policías que eran unos desgraciados porque fueron ellos quienes quemaron a esa familia. Sin embargo, desde esa vez que me acusaron nunca más me lo volvieron a mencionar.

¿Por qué decís que esto es una pasada de cuenta?

De hecho lo es, porque la concejal Mercedes Pavón ya me había denunciado como traidora y había mandado a tomarme fotos dentro de la Upoli. Es más, ahorita que me excarcelaron mandó a su nieto a tomarme fotos; y cuando yo estaba en Costa Rica, ella me llamaba y me decía que ya sabía que yo andaba participando en marchas.

¿Sufrió asedio tu familia?

Sí, a mi mamá le mandaban imágenes mías diciéndole golpista y que me iban a matar. Ahora que salí, continúa el asedio, a mi hermano lo quieren detener, ya nos avisó una persona de confianza. Cuando me excarcelaron, me fueron a dejar donde mi mamá, pero tuve que dejar la casa y me vine a donde mi hermano, pero también dejaré este lugar.

¿Cuáles son tus planes?                  

A pesar de todo lo que sufrí, me siento alegre; conocí muchas personas y aprendí muchas cosas. Sé que mi familia sufrió, mi mamá hasta perdió su trabajo, ahora lava y plancha para ganarse el pan. Yo voy a seguir siempre protestando hasta que se vaya el dictador; puede ser que hay temor, pero ni mi familia ni yo lo demostramos. Salí más fuerte, ya estuve presa, me dieron más valor y seguiré apoyando hasta que mi patria sea libre.