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Por la noche, se ven hoteles, restaurantes, comedores, bares y hasta salones de juegos de tragamonedas con dos personas o totalmente vacíos, en la ciudad puerto de San Carlos, cabecera departamental de Río San Juan. Los pocos negocios que tienen algún cliente son la excepción, mientras los negociantes que pueden, persisten en mantener abiertas las puertas tratando de sobrevivir a la recesión económica.

El turismo empezó a decaer aquí hace 15 meses, en abril de 2018 cuando estallaron las protestas antigubernamentales en Nicaragua y varios países emisores de turistas, entre ellos Alemania, España y Estados Unidos emitieron alertas a sus ciudadanos advirtiéndoles del peligro de venir a este país centroamericano por la violencia creciente.

Antes, San Carlos permanecía lleno de turistas de distintos orígenes que circulaban por sus calles adoquinadas o se aglomeraban en el muelle, para abordar los botes que van hacia El Castillo o Los Guatuzos, sobre el río San Juan, o hacia el archipiélago de Solentiname, en el lago Cocibolca, porque la ciudad está frente al lago más grande del país y junto al sitio donde nace un río con mucha historia que desemboca en el mar Caribe.

El dinamismo económico de este departamento del sureste de Nicaragua ha dependido del turismo en gran medida, y en función de este se reproducían hoteles, posadas, restaurantes, transportes, artesanos, guías turísticos, pescadores, pulperos, barberos y otros negocios dedicados a atender a los visitantes.

Hoteles, como Cabinas Leyko, están trabajando al mínimo de sus capacidades por la ausencia de turistas extranjeros. Orlando Valenzuela/END

Leonel Ubau, propietario del hospedaje Cabinas Leyko es tajante cuando asegura: “La actividad del turismo ha caído casi al 95%; desde mayo de 2018 nosotros no tenemos reservaciones de turistas, todas las turoperadoras dejaron de enviar grupos de alemanes, holandeses, austríacos, norteamericanos y de otro países”.

Empezó entonces un proceso a la inversa; negocios turísticos pequeños, medianos y grandes fueron cerrando de forma parcial o total sus servicios. Algunos han continuado a pesar de la poca demanda, con la esperanza de que llegue pronto una solución a la crisis sociopolítica del país y de eso dependerá que sobrevivan o caigan en quiebra.

“No cerramos porque nosotros somos dueños de este negocio, pero tuvimos que quedar operando al mínimo”, explica Ubau. “De seis trabajadores que teníamos, nos vimos obligados a dejar solo uno. El restaurante que tenemos lo cerramos por ocho meses y ahora lo volvimos a abrir; todavía el año 2019 lo vamos a cerrar prácticamente con cero turistas, porque lo poquito que llega es mínimo, estamos con casi un 5% en promedio mensual de ocupación, bajísimo”.

Ante la falta de empleo, en San Carlos han proliferado las ventas informales de fritangas. Orlando Valenzuela/END

El propietario de Cabinas Leyko cuenta que “a veces no se recoge ni para pagar la planilla de una persona; hemos dejado de comprar a los proveedores menaje para las habitaciones, tuvimos que suspender cable, teléfono y buscar planes más económicos”.

El Nuevo Diario solicitó una entrevista con la directora de la oficina del Instituto Nacional de Turismo en San Carlos, Jogeny Reyes Obando, el 8 de julio, pero ella respondió que no podía atendernos.

Caen en mora

Frente al malecón, Esperanza Fitoria, propietaria del comedor Jesenia, expresa con desconsuelo lo que considera inminente: “Estamos a punto de cerrar, porque ya no se vende nada, nosotros ya habíamos cerrado cuando empezaron los tranques porque nadie venia; esto está pésimo, antes atendíamos hasta 50 personas, atendíamos en el segundo piso y abajo. Ahora vendemos tres o cuatro platos de comida al día”.

“Antes, las fiestas patrias y del carnaval acuático eran buenísimas, yo recogía hasta 50 mil córdobas, pero en el último carnaval solo vendí dos mil córdobas; quedamos con todo, no vendimos nada, solo quedamos con deuda”, relata Fitoria.

Modesta Cruz Fonseca, propietaria de Hotel Ocaso, describe la situación de su negocio como agobiante. “¿Cómo siento la palmazón? En que yo nunca había caído en mora y ahora hay que estar yendo a hacer arreglos con los bancos; antes pagaba a tiempo, pero ahora no se puede, desde el año pasado esto ha estado feo”, comenta.

“Esto está pasmadísimo, donde yo he preguntado está igual”, relata Cruz. “Antes, diario fluían clientes, uno, dos, tres, pero ahora nada… Para colmo, los gastos de servicios de energía están saliendo de 16 mil córdobas y sin clientes; es una vulgaridad y el agua subió de 600 que pagaba a cuatro mil córdobas y esto que estamos ahorrando.”

Leonel Ubau lamenta que, además de la ausencia de turistas extranjeros, hayan desaparecido las visitas organizadas por organismos no gubernamentales (ONG) y embajadas. “Casi todas las ONG que cooperaban en programas de salud, agua potable, iglesias evangélicas, médicos que venían a dar consultas, cerraron operaciones y dejaron de venir; y muchos negocios que estaban rentando edificios, han tenido que cerrar porque no tienen capacidad de pago”, relata.

En Los Guatuzos, el centro ecológico también siente los efectos de la crisis sociopolítica. Orlando Valenzuela/END

Este empresario de San Carlos espera que mejore la situación del país en el año 2020, aunque admite que será necesario resolver varios problemas. “En primer lugar, está el factor político y la inseguridad, porque varios países pusieron alertas de no viajar a Nicaragua. De Canadá dejaron de venir por la inseguridad y el color que agarramos a nivel internacional por el pleito interno, los tranques y la represión policial”, indica.

Otro empresario turístico de Río San Juan, quien pidió omitiéramos su nombre por miedo a represalias, afirma que “aquí ya no viene turista extranjero, el nacional es poco, por la misma situación económica; vienen esporádicamente algunos costarricenses”.

Agrega: “Tengo familiares que tiene hoteles y pasan días que no tienen ni un cliente y hay negocios que han cerrado, por ejemplo El Baratón, de un muchacho que vino de Juigalpa a poner una tienda de ropa y calzado; estaba alquilando una casa y no le daba para pagar el alquiler y tenía que pagar cuatro trabajadores. Despidió a dos y después a los otros dos, tuvo uno y se tuvo que ir, cero y se fue”.

El comercio informal de alimentos que se aprecia en San Carlos, lo explica así el empresario: “La situación es tan crítica que ahora han proliferado las fritangas por toda la ciudad; son gente que no haya qué hacer para sobrevivir, saca una mesita, pone tres sillas y venden fritanga porque no tiene trabajo. Otra actividad que ha surgido es la pesca artesanal, mucha gente pescando en ese gran lago; con eso están resolviendo muchísimos hogares, la gente ya no viene a comer como antes, ahora viajan con su morralito o salen de madrugada para regresar a almorzar a sus casas y ahorrar”.

Señala que hay un nuevo tipo de visitante en Río San Juan, a los que llama “mineros o güiriseros que han llegado atraídos por la fiebre de oro en Costa Rica y dentro de territorio nicaragüense; son gente que alquila un cuarto de 50 córdobas para dormir, les dan una colchoneta o una hamaca y así resuelven”.

La ausencia de turistas afecta a la mayoría de negocios en el departamento de Río San Juan. Orlando Valenzuela/END

En solentiname

En este conjunto de islas, cuna de artesanos y pintores primitivistas, el turismo también sufre las consecuencias de la crisis sociopolítica; faltan turistas, pero muchas familias persisten en la elaboración de artesanías de balso (madera suave y liviana), productos que igual tienen poca demanda por la misma ausencia de visitantes.

José Francisco Peña, propietario del Hostal Koala y artesano del balso, cuenta que desde la caída de la afluencia de turistas extranjeros, en Solentiname se han mantenido con las ventas esporádicas de artesanías y algunas visitas. Su hotel tiene ocho habitaciones y es atendido por la misma familia.

“Esta situación la hemos sentido; los turistas no han dejado de venir, siguen llegando, pero no como antes. El año pasado no había turistas, no venía nadie, había personas que querían venir pero el acceso estaba cerrado por los tranques; algunos que vinieron los tuvimos que sacar por Colón (frontera con Costa Rica), uno los iba a dejar, estuvo mal, pero este año va mejorando un poquito”, dice Peña.

En el castillo

En el municipio de El Castillo, cuyo principal atractivo del poblado junto al río es la fortaleza colonial de la Inmaculada Concepción, donde Rafael Herrera defendió a la corona española enfrentando a los ingleses en 1762, los turistas también han desaparecido.

Antonio Ruiz Galeano, propietario del restaurante Dariizu, ubicado frente al raudal El Diablo, describe la crisis así: “Estamos palmados, desde que iniciaron las bullas en Managua el turismo se nos bajó; el año pasado la cosa estuvo fea, el año antepasado, el 2017 estaba bien, se miraba movimiento, pero ahora, con lo poco que viene de turistas nacionales y extranjeros estamos sobreviviendo. No es lo ideal, en otros lados han cerrado hasta hoteles”.

En el Castillo, la economía local ha dependido en gran medida del turismo, que ahora está en su peor momento. Orlando Valenzuela/END

“No hemos cerrado porque este es un negocio familiar”, explica. “No pagamos empleados porque nosotros mismos atendemos, mi esposa hace la comida, somos bartender, guías turísticos, hacemos de todo, hacemos de cura y sacristán. Antes teníamos dos empleado y tuvimos que retirarlos porque no venían turistas. Algunos ticos llegan por Las Tablillas, otros vienen de Managua, pero son pocos”, se lamenta.

En los Guatuzos

En el suroeste del gran lago, sobre una delgada franja de tierra llena de humedales, los pobladores de la reserva de vida silvestre Los Guatuzos, acostumbrados a la presencia de turistas amantes de la ecología y científicos, tienen un año de extrañar la llegada de extranjeros.

Armando Gómez, quien con su esposa maneja el restaurante y cabañas Caimán, dice que la llegada de turistas se ha reducido a “casi nada” porque “desde el año pasado no llegan turistas aquí, a pesar de que este es un lugar tranquilo, donde se puede ver varios ecosistemas, con muchas especies de aves, mamíferos, las tres especies de monos que existen en Nicaragua, caimanes, tortugas, orquídeas y mucha naturaleza”.

Explica que, por el momento, “estoy trabajando en el aprovechamiento de madera, elaborando esculturas para sobrevivir y ayudarme un poco ante la falta de turistas, porque además soy guía turístico y conozco mucho de la fauna de este lugar”.

Henry Murillo, guía turístico y responsable de mantenimiento del Centro Ecológico de Vida Silvestre Los Guatuzos, recuerda que este centro se construyó con fines de investigación científica, para hacer estudios sobre flora y fauna, pero ha recibido turistas interesados en la naturaleza, manteniendo siempre el objetivo inicial de atender a estudiantes universitarios para hacer pasantías y otros estudios.

Los dueños de botes que surcan el río San Juan o van al archipiélago de Solentiname, en el lago Cocibolca, resiente la poca demanda de visitantes. Orlando Valenzuela/END

“Aquí hay alojamiento para 30 personas. Antes venía bastante gente, ahora es menos, pero hay universidades que envían a sus estudiantes a hacer estudios, pasantías o hacer tour por la reserva; y con eso nos ayudamos un poco porque aquí hacemos senderismo, tour de caimanes, observación de aves, anfibios, roedores, entre otros”, informa Murillo.

Indicadores de la recesión

Entre abril de 2018 y febrero de 2019, la actividad económica de Nicaragua se redujo en 5.2%, según datos oficiales analizados por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

Entre todas las actividades económicas, la de Hoteles y Restaurantes fue la que más cayó, con el -31.8%.

Los servicios vinculados al turismo también han sido muy afectados por el aumento de los impuestos y las tarifas de energía eléctrica, a partir de febrero de 2019, lo que ha provocado un aumento en el nivel de precios de la economía. Según Funides, la inflación a mayo fue de 3.6%, superior en 2.1% a la del mismo mes de 2018; y la inflación acumulada de 2019 podría llegar a ser de entre 6% y 8%.

“Nicaragua está en recesión económica en un entorno de crisis de confianza y poca certidumbre del desarrollo del contexto político e internacional”, afirma Funides en su informe de julio de 2019.

En Solentiname, la ausencia de turistas es compensada con el trabajo artesanal que realizan pequeños empresarios como José Francisco Peña, dueño del Hostal Koala. Orlando Valenzuela/END

El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, declaró que sectores como el turismo y la construcción, que antes de abril de 2018 tenían un buen comportamiento, son de los más afectados.

El turismo en Nicaragua, que en el año 2017 generó US$840.5 millones en divisas, produjo en ingresos un total de US$544.4 millones durante 2018.

Hasta febrero pasado, al menos 70,000 personas perdieron el empleo en la actividad turística, y 78% de las empresas de ese sector redujo su planilla a más de la mitad, indican datos de la Cámara Nicaragüense de Turismo (Canatur).

El sector comercio también mostró una caída de 16.3% a febrero de este año, según el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE).

La advertencia de The Economist

La revista The Economist, a través de su Unidad de Inteligencia, divulgó el 17 de julio pasado un análisis sobre la situación económica y política de Nicaragua en que señala la situación grave del turismo en este país.

“Por el lado de la oferta, el sector turístico será el más afectado, ya que la inestabilidad social generada por los eventos recientes habrá destruido la antigua reputación de Nicaragua como el destino más seguro de América Central”, advierte.

En el poblado El Castillo ya no se ven turistas extranjeros, como hace más de un año. Oscar Sánchez/END

“La actividad comercial también disminuirá significativamente, debido a los altos niveles de desempleo. El crecimiento de la agricultura se verá frenado por los precios relativamente bajos de los productos agrícolas” en el mercado internacional, “así como por los desafíos estructurales que enfrenta la industria del café”, agrega The Economist, cuyo servicio de la Unidad de Inteligencia está destinado a empresas que operan a nivel mundial.

Los eventos recientes a que se refiere, son las protestas antigubernamentales iniciadas en abril de 2018 que causaron una crisis sociopolítica debido a la represión estatal que ha dejado más de 325 muertos, miles de exiliados y centenares de encarcelados que ya han sido liberados casi en su totalidad, pero siguen siendo hostigados, según denuncias de organismos de derechos humanos nacionales e internacionales.