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El capitán Juan Manuel Duarte Díaz se aferra al timón de la embarcación y sale del puerto de San Jorge, en Rivas. “Antes, aquí venían entrando 400 o 500 turistas al día… ahora solo unos 100”, dice mientras mira al horizonte donde se alzan los dos volcanes que forman la Isla de Ometepe en el lago
Cocibolca.

Son las 7:40 de la mañana de un miércoles y en el ferri que conduce Duarte va un grupo de estudiantes originarios de Estelí, algunos habitantes de la isla y dos periodistas de El Nuevo Diario. Ningún extranjero a bordo, algo inusual comparado con los pasajeros que solía llevar este barco hace 16 meses.

“En cada viaje, a veces traíamos hasta 60 turistas extranjeros en un ferri y eso era en todas las ocho embarcaciones que viajan diario; aquí en el día venían entrando alrededor de 400 y 500 turistas extranjeros”, explica Duarte, sin desatender la brújula para mantenerse en la ruta hacia el puerto de Moyogalpa.

“Ahora, lo más que se mueve en cada viaje son de 10 a 12 turistas, unos 100 en el día”, por lo general nacionales, no extranjeros, lamenta el capitán.

Los empresarios de servicios turísticos en Ometepe estiman que el ingreso de extranjeros a la isla ha caído en 80%, desde que en abril de 2018 se propagaron en Nicaragua las protestas ciudadanas contra el Gobierno, hubo una fuerte represión con un saldo de al menos 328 muertos y se generó una recesión económica que hoy tiene al país virtualmente estancado.

Todos Afectados

En Playa Santo Domingo, entre los volcanes Concepción y Maderas, el propietario del hotel Finca Santo Domingo, José Alcides Flores, espera impaciente el arribo de algunos turistas; mejor si son extranjeros, porque estos son los que más gastan, aunque ahora estos “son contados con los dedos de la mano”, comenta.

Una noche en el bar La Jungla, en Balgue, esperando clientes. Nayira Valenzuela/END

Flores lamenta la caída económica brusca en Ometepe que le obligó a paralizar su negocio durante seis meses. “Cerramos en junio del año pasado porque no teníamos ningún cliente, teníamos un personal grande, entonces contábamos con 18 personas; las cosas desde esa fecha se venían abajo y decidimos cerrar, luego volvimos a abrir a finales de noviembre”, relata.

Los turistas que llegaron ese miércoles a Finca Santo Domingo eran los estudiantes que abordaron el ferri número uno, capitaneado por Juan Manuel Duarte.

“Viene un grupo de Estelí, 38 estudiantes y tres profesores, para que les expliquemos cómo nació el hotel, cómo nos la jugamos y cómo nos mantenemos, cuánto hemos perdido, después de toda la tragedia que ocurrió en abril”, dice Flores.

En la isla encontramos al turista costarricense Michael González Cano, quien llegó con un amigo nicaragüense. Cuenta que hacía años quería conocer Ometepe y cuando se alistaba para ir, en el 2018, estalló la crisis y canceló el viaje.

“Me vine, pero sabía que aún era algo peligroso porque, según me dicen, la situación no ha mejorado”, dice González. “Ometepe es súper bonito, ya conocí el Ojo de Agua y un par de playas”.

Los seis meses de inactividad del hotel Finca Santo Domingo, fundado en 1993, obligó a su propietario a hipotecar un inmueble para pagar las prestaciones sociales a los 18 trabajadores que envió al desempleo.

La Playa Santo Domingo luce vacía, sin turistas, a pesar de ser temporada alta para el turismo en Ometepe. Nayira Valenzuela/END

“Tuve que recurrir al empeño de una propiedad valorada en más de US$100,000, he tenido que vender vacas por las situaciones difíciles… Todo por la situación, la ofrecí a mitad de precio y con eso logré pagar al personal hasta diciembre de 2018, para darles a todos sus prestaciones”, afirma José Alcides Flores.

Dice tener mucha esperanza de que la situación política y económica mejore en el país, para que regresen los turistas de diferentes nacionalidades que llegaban a la isla antes de la crisis.

Nadie trabajó

Kalia Hernández Castro, dueña del Vegetarian Restaurant, abierto hace 18 años en Playa Santo Domingo, asegura que el conflicto sociopolítico de 2018 hizo desaparecer el turismo en Ometepe. “Me tuve que ir del país por la crisis, para poder mantener los gastos básicos de la casa; este es un negocio donde todos los días hay gastos, aunque no se venda. Tener 25 mesas paradas es desastroso, mantener jardines, agua, luz, internet, no es fácil”, afirma la empresaria, quien regresó en enero pasado a la isla.

Antes, Vegetarian Restaurant recibía con frecuencia a turistas europeos que preferían consumir alimentos vegetarianos. “En realidad, todo el año pasado no hubo movimiento desde abril. Retomamos hasta en enero de este año y eso, con muy pocos turistas; los pocos que llegan son de clases media baja, no son como el que nos visitaba antes, que consumía en cantidad”, explica Hernández mientras prepara pastas para cinco turistas alemanas recién llegadas esa tarde del jueves 1 de agosto. En todo el día, eran las únicas personas extranjeras que entraban al restaurante y el reloj en la pared marcaba las 5:00 p.m.

¿Cuánto ha perdido Kalia Hernández durante el último año? “Ni quiero saber en cuánto oscila lo que perdí, porque es demasiado; más que el dinero, fueron los sueños truncados”, expresa con un dejo de tristeza.

Afirma que en la mejor época vendía en su negocio el equivalente a más de mil dólares por día. “Ahora no se venden ni 800 córdobas”, enfatiza.

osé Alcides, propietario del hotel Finca Santo Domingo, relata que empeñó parte de su propiedad para pagarles a los empleados.Nayira Valenzuela/END

El marinero Juan Manuel Duarte ha explicado durante el viaje que los dueños de barcos y otros negocios están mal porque algunos costos se mantienen y cada vez disponen de menos dinero. “El consumo de combustible siempre es el mismo, los ingresos son pocos porque ellos tienen que pagar el personal, los impuestos y demás pagos. Ahorita, ellos (los empresarios) están preocupados por la situación que se está viviendo”, indica.

Kalia Hernández, quien es originaria de Chontales y se asentó en la isla para invertir, recuerda que “casi todos los negocios estuvieron cerrados desde finales de abril de 2018 hasta enero de este año”.

“El año pasado nadie trabajó”, insiste.

La gran diferencia

Óscar Danilo Flores Gutiérrez, propietario del Hotel Central del municipio de Altagracia, afirma que su empresa ha perdido el 60% de operatividad, algo nunca visto durante los 33 años de existencia de este hotel.

“Estamos trabajando muy poco, no tenemos utilidades; solo nos da para subsistir”, dice.

Cree que la misma necesidad ha hecho que nazcan turoperadoras que se han enfocado en llevar turistas nacionales a la isla.

Las calles de Moyogalpa y Altagracia, los poblados principales de Ometepe, lucen vacías; los hoteles y restaurantes mantienen las puertas abiertas porque sus dueños están atentos a cualquier turista que aparezca.

“Me tuve que ir del país para poder mantener los gastos básicos de la casa”, dice Kalia Hernández, propietaria de Vegetarian Restaurant.Nayira Valenzuela/END

El Nuevo Diario solicitó información en las oficinas de la Empresa Portuaria Nacional de la isla, sobre la cantidad de turistas que han ingresado en los últimos meses o años, pero nos fue negada.

Jairo Cabrera, uno de los trece propietarios del Ojo de Agua, un destino natural muy concurrido en la isla, expone que este año el turismo ha tenido una faceta distinta a la del mismo período de 2018, porque los turistas nacionales están visitando más la isla.

Entre marzo y abril de 2018, al Ojo de Agua llegaron 5,800 turistas extranjeros; y en los mismos meses de 2019 solo ingresaron 308 visitantes extranjeros, lo que muestra una reducción de 94%, detalla Cabrera.

“Es una salvajada de diferencia, pero ahí vamos, poco a poco vamos surgiendo. Lo que sí debemos tener cuidado es en manejar o difundir cosas que no son; yo digo que más o menos nos atrasamos alrededor de 7 años, hasta ese extremo se ha llegado”, comenta el empresario.

El Ojo de Agua, una laguna de origen volcánico, nació como idea turística en el año 2001 cuando empezaba a crecer la afluencia de turistas a Ometepe. Los hoteles mandaban a sus clientes a conocer el lugar, pero allí “no había seguridad, no había higiene, no había ningún tipo de servicio más que conocer”, rememora Cabrera, uno de los propietarios de la finca donde está esa vertiente natural.

Allí conversamos con Antonela Veraguas, turista de origen argentino, quien llegó a Ometepe desde Costa Rica, a donde fue de vacaciones. Dice que amigas costarricenses le animaron a ir a visitar la isla nicaragüense.

“En cada viaje, a veces traíamos hasta 60 turistas extranjeros… Ahora, lo más que se mueve en cada viaje son de 10 a 12 turistas”, afirma el capitán del ferri, Juan Manuel Duarte Díaz. Nayira Valenzuela/END

“Los hoteles tienen buen precio, con US$26 me hospedé dos noches; el lugar es acogedor y esta piscina (Ojo de Agua) es bella”, dice la argentina.

El empleo

La finca agroturística Magdalena, en las faldas del volcán Concepción, a un kilómetro de Balgue, recibió 6,700 visitantes durante el año 2017. Después de abril de 2018 quedaron en cero y en los primeros siete meses del 2019 solo recibieron 150 personas, entre quienes se hospedan y quienes llegan a escalar el volcán Concepción.

Félix Pascual Morales, coordinador de la Cooperativa Morales Díaz, propietaria de la Finca Magdalena, dice que el turismo en la isla “era algo que sí empujaba a la economía, a todos los locales, era parte de una dinámica de la economía local y podemos decir que después nos quedamos en cero por cierto espacio, es decir, por casi todo el restante de 2018”.

La zona del restaurante Totoco, desolada a finales de julio de 2019, una época en que más turistas llegaban a la isla. Nayira Valenzuela/END

Morales comenta: “Podemos decir que tal vez no está bien el turismo, pero al menos en los últimos meses tiene un balance de recuperación bastante aceptable. En cuanto a todos los sucesos en Nicaragua, con el tema de la inseguridad, la información que se vendía en redes sociales, algunas ciertas y otras falsas, todo eso hizo que el turismo se disminuyera sustancialmente”.

En la Finca Magdalena los turistas recorren plantaciones de café orgánico y una ruta de santuarios precolombinos donde se observan grabados en piedra. Hay un hostal y un restaurante.

El desempleo ha sido una de las consecuencias más duras de la caída del turismo en Ometepe, una isla con 276 kilómetros cuadrados y unos 40 mil habitantes. Por ejemplo, en el Ojo de Agua, antes de abril de 2018 había 48 empleados que atendían a los turistas; en julio de ese año, la cantidad de empleados fue reducida en más del 50%, quedando solo 22.

“Esas personas se habían preparado en cursos, para dar buena atención aquí. Perdimos a esas personas, tuvimos que liquidarlos porque la situación no se mejoró, pero vamos surgiendo”, dice Jairo Cabrera.

Algo parecido sucedió en la Finca Magdalena. “Antes teníamos de 9 a 10 personas, y en la actualidad contamos con 2, máximo 3 a veces; son circunstancias que hemos platicado con las familias que integran la cooperativa”, explica Félix Pascual Morales.

“Aquí trabajaban 15 personas, hoy me he quedado sola y cuando necesito a alguien que me ayude, pues, lo llamo y le pago el día”, cuenta Kalia Hernández.

Turistas alemanas en el Vegetarian Restaurant, frente a la playa Santo Domingo.Nayira Valenzuela/END

El Hotel Central, en Altagracia, ahora es atendido por sus dos propietarios y dos personas adicionales. Antes había 12 empleados.

En el Hotel Finca Santo Domingo “estamos trabajando con tres personas, la cocinera, la asistente y alguien que atiende el bar; algunos de los que estaban con nosotros trabajando ya han buscado lugar donde trabajar, porque no van a pasar todo el tiempo esperando”, dice José Alcides Flores.

El Hotel Villa Paraíso, visitado hace años por el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, cuenta hoy con solo 23 de los 52 empleados que tenía antes de abril de 2018.

“Debemos tener fe en que Dios nos tiene que poner en la línea y camino correcto”, expresa su propietario, Carlos Flores Gutiérrez.

Nuevas condiciones

Dueños de hoteles y restaurantes en Ometepe se han puesto de acuerdo para disminuir los precios de hospedaje, alimentación y servicios de transporte o recorridos. En establecimientos cercanos a las playas, los kayaks están varados en las costas, sin clientes que quieran navegar en ellos las aguas del Cocibolca.

El 2 de agosto, el administrador del hotel Kencho, Manuel Santiago Mora Silva, llevó un grupo de jóvenes a visitar Playa Santo Domingo, el Ojo de Agua y Playa El Perú, pero tuvo que ofrecerles un paquete sumamente económico para que eligieran a su empresa.

En el Hotel Finca Santo Domingo “estamos trabajando con tres personas, la cocinera, la asistente y alguien que atiende el bar. Nayira Valenzuela/END

“Tenemos habitaciones de 7, 10, 15 y 20 dólares la noche. Tenemos habitaciones para vendedores con precios accesibles desde 100 córdobas… A pesar de todo, está resurgiendo, pero debemos tomar en cuenta que en los precios hemos tenido que hacer algunos cambios, aunque siempre nos hemos caracterizado por ser un lugar económico”, detalla Manuel Mora.

El Hotel Finca Santo Domingo ofrece habitaciones con aire acondicionado en US$35 por pareja, que incluye desayuno. Otras habitaciones valen US$ 20.

Antes, un turista extranjero consumía en el Ojo de Agua un promedio de US$50 o US$60 por día. Entonces, una cerveza valía allí 62 córdobas y hoy la ofrecen en 52.

En la casa colonial del Hotel Central de Altagracia, un turista puede hoy quedarse en una habitación de 10 dólares con desayuno incluido. “Estamos bajando los precios, es más, eliminamos el barcito del hotel, estamos sobreviviendo; tratamos de innovar instalando un negocio de artículos varios, es parte de las estrategias para subsistencia nuestra”, explica Óscar Flores.

En el hotel Villa Paraíso, una pareja puede hospedarse por US$58 por noche, con desayuno incluido e impuestos. Antes, eso costaba US$69 y US$89”.

“En un momento se rompió todo el tejido de conexiones, tanto de turoperadoras como de líneas aéreas internacionales; aquí había una turoperadora que metía 40 grupos de extranjeros en diferentes hoteles del país”, cuenta el empresario Carlos Flores Gutiérrez.

La actividad nocturna en Ometepe luce deprimida, aunque los restaurantes estén abiertos.Nayira Valenzuela/END

“Si lo cerraba, siempre tenía que mantener el hotel, pagar limpieza, seguridad en la noche, jardinero; entonces, dije que me la iba a jugar atendiendo con mi esposa el hotel”, explica Flores, quien recuerda que antes de la crisis, al mediodía tener en las mesas alrededor de 60 extranjeros. Esta vez, mientras conversa con El Nuevo Diario, había 20 turistas entre nacionales y extranjeros.

La recuperación

Carlos Flores piensa que si el turismo es el primero en caer durante las crisis, “también es uno de los que se recupera rápido, poco a poco va mejorando”.

Kalia Hernández que la única opción de los empresarios de la isla, en este momento, es sobrevivir. “Los sueños ya se bloquearon, no voy a dejar caer los 18 años de trabajo, vamos a seguir esperando que la situación mejore, mi vida ya la hice aquí”, sentencia.

Pero, sugiere que en Ometepe haya menos presión de las autoridades. “La policía no está actuando bien, piden muchos permisos, muchas paradas de tránsito y eso no ayuda, nos perjudica porque el turista se va asustado; eso no es una buena imagen”.

Manuel Mora, del Hotel Kencho, opina que “el tema sociopolítico perjudicó a todos a nivel nacional, lo turístico se vino abajo, pero el turista entra, quizás no con la gran afluencia que entraba antes, pero sí en los últimos meses está llegando gente”.

Julio Montiel, propietario de Julias Restaurante, cerrado en mayo de 2018 y reabierto en enero de 2019, espera que al final del año el ingreso de turistas mejore. “Calculamos que para diciembre haya un poco más de turismo en la isla, porque la mayoría de los negocios estamos asociados para hacer eventos y llamar turismo, queremos un cambio diferente, que a pesar de lo que ha pasado estamos listos para recibirlos”, expresó.

Carlos Flores piensa que si el turismo es el primero en caer durante las crisis, “también es uno de los que se recupera rápido, poco a poco va mejorando”. Nayira Valenzuela/END

La actividad nocturna en Ometepe luce deprimida, aunque los restaurantes estén abiertos. En el bar La Jungla, en Balgue, tres personas toman cerveza y escuchan música, y la mayoría de sillones al aire libre, iluminados por bujías alzadas, están cubiertos con plásticos debido a la falta de clientes.

Kalia Hernández, de Vegetarian Restaurant, insiste en que los empresarios de Ometepe tienen el reto de empezar de nuevo, como hace más de una década. “Los negocios venían creciendo, eran prósperos, todos estábamos bien, pero ahora estamos como cuando comenzamos hace unos 15 o 16 años, a ese nivel está el turismo”, reflexiona.