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Mientras recorre la hacienda cafetalera, a caballo, el mandador Pedro Valle Flores explica por qué no logró la cosecha prevista para el 2018. “El año pasado apenas llegamos a cortar 9,770 latas, cuando la meta era 14,000”, afirma.

La hacienda Ina Oriental, situada en La Dalia, Matagalpa, tiene un área de 567 manzanas, la mayoría con plantíos de café. Es agosto y están en “tiempo de silencio”, como llaman los caficultores al período de labores previo al corte del grano que iniciará en octubre. Antes, en esta época “aquí estaban trabajando 200 personas y ahora solo hay 50”, dice Valle para ilustrar los efectos de la recesión económica en Nicaragua.

Alfredo José Siezar Morales, agricultor en Buenos Aires, departamento de Rivas, explica que solían aplicar entre 18 y 25 quintales de abono por manzana en la plantación de plátano, y “hoy, con las reformas, hemos tenido que reducir el 50% de esa aplicación”, lo que “afecta el tema de precio, porque entre menos abono le pongamos el plátano se achica más y produce menos unidades”.

El sector agrícola nicaragüense enfrenta varios obstáculos este año, entre ellos la recesión derivada de la inestabilidad política, la falta de financiamiento, el incremento de los costos de producción por nuevos o mayores impuestos y las pocas posibilidades para afrontar el cambio climático, dicen productores consultados por El Nuevo Diario en diferentes zonas del país.

Siezar, dueño de la finca Centroamérica, cuenta que la producción ha sido afectada desde el inicio de las protestas antigubernamentales, en abril del 2018. “Un buen porcentaje se perdió porque no se podía cosechar el producto y se maduró en el campo”, asegura, y ha sido difícil recuperar el ritmo productivo por las invasiones de tierras, la caída de las ventas y el encarecimiento de los insumos.

El caficultor matagalpino Joaquín Solórzano Lanzas, propietario de la hacienda San Luis, expresa: “Si hay inestabilidad política, eso afecta mucho más por la inseguridad, la cuestión financiera y otros temas”.

Otro cafetalero, Ricardo Oliú McEwan, de la finca Gloria en el Tuma-La Dalia, asegura que su familia y quienes han trabajado con él “estamos pasando una situación desesperante, pero tratamos de resolver; ayuda no tenemos de nadie”.

Norvin José Centeno López, representante de los productores de hortalizas de Jinotega, asegura que en el 2018 las ventas de tubérculos quedaron en cero durante 4 meses. “Se ha venido recuperando un poquito, pero de una manera muy lenta; todavía, en comparación a antes de abril del año pasado, hay una reducción en las ventas de un 40%, en todo lo que se refiere a hortalizas”.

En los departamentos occidentales de León y Chinandega han sido afectados los cultivos de maní, sorgo y ajonjolí. El agricultor Ricardo Javier Moncada Fonseca dice que la proyección del área cultivada de maní para el 2019 era de 67,000 manzanas en todo el país, pero solo han sembrado “alrededor de 50,000 manzanas, aún faltan 17,000 que ya difícilmente se podrán completar”.

José Antonio Mayorga Rivera, quien produce caña de azúcar en el occidente, señala que a raíz de los conflictos sociopolíticos los agricultores de su región fueron afectados por las invasiones de tierras ejecutadas por simpatizantes del gobierno.

Antes, ya tenían problemas en la comercialización porque “desde hace 4 años se vino a la baja el precio del azúcar en el mercado internacional, el precio por tonelada métrica andaba arriba de los US$27 y hoy apenas anda por los US$17”.

Menos calidad y cantidad

En la producción de plátano, los precios de fertilizantes y otros agroquímicos subieron este año entre 40% y 50%.

Por eso, declara Siezar, algunos agricultores que cultivaban plátano han optado por sembrar caña, una inversión menor. “No es lo mismo plantar una manzana con caña, que los costos pueden andar entre US$600 y US$800, y una manzana de plátano que lleva US$3,000”, detalla.

Roger Guido, pequeño productor de plátano en Santo Domingo de Piche, Rivas, comenta que la reforma tributaria aprobada por la Asamblea Nacional en febrero pasado lo ha asfixiado en lo económico. “Los fertilizantes han subido de precio exageradamente, el año pasado lográbamos adquirir el quintal de urea a 600 córdobas, el sulfato de amonio se conseguía en 340 o 330 córdobas y los fertilizantes completos los conseguía entre 400 y 600 córdobas; hoy todos andan arriba de 1,200 córdobas”, afirma.

“Nosotros, prácticamente dependemos de la fertilización que es uno de los ingredientes importantísimos para la producción de plátano”, agrega Guido.

Por más de 40 años, la familia Siezar se ha dedicado a la producción de plátano y caña de azúcar. Basándose en esa experiencia, Alfredo asegura que hoy el daño más grande para el cultivo de plátano es el costo alto de los agroquímicos, que provoca una merma de la calidad del producto que sale al mercado.

En el caso de la caña de azúcar, las afectaciones son leves, indica.

“Últimamente, lo que nos está afectando son las nuevas reformas fiscales, nos vino a incrementar los costos de producción entre un 30% y 35%. A partir de que se hicieron las reformas, todos nuestros insumos, lo que se le pone a las plantaciones, se incrementó; todos los fertilizantes edáficos, ureas, completos, herbicidas, fungicidas”, dice Siezar.

Otras consecuencias

Ricardo Oliú, caficultor de Matagalpa, explica que la reforma fiscal llegó “a fregar más” las actividades del agro porque “compraba un fertilizante en 600 córdobas todavía el año pasado, hoy me cuesta 1,200 y 1,400 córdobas; entonces, si ocupaba 500 quintales para fertilizar hoy solo uso entre 200 y 300 quintales”.

Además, la finca sufre otros daños; “los palos de café y obviamente mi vida, porque son 24 años de ser cafetalero, no es de hoy; nos desmejora los rendimientos de la producción, no llego a los requisitos que ocupa la finca y los palos de café”, lamenta Oliú.

Antes del 28 febrero pasado, cuando entra en vigencia la reforma a la Ley de Concertación Tributaria, los insumos agrícolas estaban exentos del 15% del impuesto al valor agregado (IVA). Con el cambio, los insumos agrícolas quedaron gravados con el 15% y sufrieron otros ajustes que los encarecieron.

Joaquín Solórzano, productor de café, advierte que si no se fertiliza bien la tierra habrá una disminución considerable de la cosecha y en consecuencia “una reducción de ganancia para el productor; eso implica que si el productor está mal, el resto lo estará”.

Destaca que algunas casas comerciales han dejado de importar fertilizantes porque no es rentable para ellos, aunque “es algo que se requiere para mantener la producción, porque sin nutrición debida vamos a tener serios problemas”.

Norvin Centeno coincide con que el mayor golpe a los agricultores este año ha sido el alza de los costos de producción. “Se han elevado tanto que hemos tenido que reducir hasta en un 50% las áreas de producción” de hortalizas, afirma.

Ricardo Javier Fonseca, agricultor en el occidente del país, opina que estas políticas gubernamentales han “sacado del juego” a los productores. “Si combinas un alto costo y un mal invierno, entonces tenemos un efecto desastroso para los productores, tu carga química se te eleva… Ese productor disminuye su carga química, en lugar de utilizar cinco quintales de fertilizantes utilizaría dos, y eso disminuye la producción”, comenta.

El alto costo de los fertilizantes provoca que se reduzca la cantidad aplicada a los cultivos y por consecuencia está disminuyendo la calidad de los productos. Nayira Valenzuela/END

A los pequeños productores del agro también les aumenta el costo de alquiler de maquinaria, dice Róger Guido, quien, como la mayoría de productores de plátanos en Rivas, paga el servicio de un tractor porque le resulta más rentable que tener uno propio. “Estamos en la misma situación porque los combustibles suben un córdoba y bajan 25 centavos; el dueño de la maquinaria tiene que subir el costo también”, explica.

Centeno sugiere: “Pensamos que tal vez con una revisión a estas reformas, a lo mejor es necesario abolir esa reforma, porque de lo contrario no vamos a levantar cabeza como productores; muchos de los que todavía están activos van a desaparecer como productores de hortalizas”.

Ricardo Moncada, de la región occidental, propone una reingeniería económica para recuperar el agro y “toda la economía, todo el sistema agrícola”.

Menos producción

Pedro Valle, el mandador de la hacienda Ina Oriental, revisa los antecedentes y confirma que en el mes de agosto de 2018 habían cortado 20 mil latas de grano de café en esa plantación. Sin embargo, en el mismo mes de 2019 el corte está en cero. Del área total de la finca, 567 manzanas, solo están habilitadas 370.

“El año pasado teníamos previsto que íbamos a producir 140 mil latas, pero una parte se nos cayó, unas 40 mil”, estima Valle, quien lleva más de 30 años administrando la hacienda y considera grave perder esa cantidad de latas en un período de corte.

“Estamos hablando de 4,000 quintales y eso pesa, es una inversión que el patrón haga”, añade Valle, advirtiendo que eso implica tener menos mano de obra para el siguiente año “porque no hay recurso para pagar”.

Ricardo Oliú relata que antes del 2018 su finca producía cerca de 3,000 quintales oro y “hoy estoy en 1,000, he tenido que abandonar las plantaciones más malas porque no valía la pena seguirlas cultivando”.

Norvin Centeno, de Jinotega, cita el caso de la reducción del área de repollo. “Sembrábamos en el año alrededor de 1,400 manzanas de repollo y ahora, si acaso vamos a llegar a unas 700 manzanas productivas”, precisa.

“Estamos hablando de unos 600 agricultores que dejarían de producir hortalizas, de los siete mil productores que tenemos registrados; es considerable la cantidad. Aparte de eso, ya se viene sintiendo en la reducción en las áreas de siembra, porque muchos han optado por sustituir las áreas para sembrar pastos”, confiesa.

Joaquín Solórzano, de la finca San Luis, asegura que varias fincas en Matagalpa y Jinotega han dejado de producir. “Hay gente que no dice abiertamente que han cerrado, hay productores que hablan de reducir drásticamente las plantaciones, hasta en un 50%, pretenden salirse del rubro de café y trasladarse al sector ganadero, pero nadie tiene una información exacta de cuántos pasan por eso”, comenta.

La siembra de 67,000 manzanas con maní, proyectadas para 2019 y que será difícil cumplir, según el agricultor Ricardo Moncada Fonseca, estaban divididas entre más de 340 productores.

“Hay una reducción significativa en el cultivo de maní; si le ponés 17,000 manzanas menos, estamos hablando de más de un millón de quintales menos que se van a producir de maní, de lo que se había proyectado, lo que se debe a varios factores: la falta de financiamiento bancario y una reducción significativa por la inestabilidad política del país”, revela Moncada, quien también se ha dedicado a cultivar sorgo.

“Produzco alrededor de 200 manzanas de maní y sorgo. Este año no voy a sembrar sorgo, no hay financiamiento bancario, por ese problema de que no hubo acuerdo. El que siembra sorgo debe ser auto sostenible”, explica Moncada.

José Antonio Mayorga Rivera tiene 320 manzanas de tierra para la producción de caña de azúcar, en León y Chinandega, de las cuales dejó de cultivar 80, por la falta de financiamiento y los riesgos causados por el cambio climático.

Dice que en la región de occidente existen áreas agrícolas “que no se están sembrando; en caña es poco, quizá unas mil manzanas que no se van a sembrar; en maní unas 15,000 y en sorgo hay un problema serio, por los bajos precios, falta de financiamiento y el miedo al envejecimiento de la planta de caña, por ejemplo, que hace que se tenga menos potencial de producir”.

“Últimamente, lo que nos está afectando son las nuevas reformas fiscales, lo cual nos vino a incrementar los costos de producción entre un 30% y 35%, se nos elevó”, afirma Alfredo Siezar. Nayira Valenzuela/END

La producción de café también está afectada por la depresión de los precios internacionales, aún debajo de los 100 dólares por quintal.

“Nos estamos viendo en grandes dificultades en el rubro del café, se está convirtiendo en insostenible por los precios que están en el mercado, a duras penas difícilmente estamos cubriendo los costos de producción”, lamenta Oliú.

Desempleo y migración

Los cafetaleros nicaragüenses aseguran que su sector genera más de 350,000 empleos, el 54% de la mano de obra agrícola. Sin embargo, si la recesión económica continúa, podrían quedar en el desempleo unas 60,000 personas.

Joaquín Solórzano, de la finca San Luis, teme que los desempleados sean más. “Cuando hablamos de 60,000 personas que pueden quedar en el desempleo, estamos cortos; hay que recordar que lo que es café es una cadena, no solamente es la plantación, hay otros sectores que trabajan paralelamente al sector café: el transporte, comercio y las casas comerciales que distribuyen productos”, analiza.

Solórzano cuenta que en el sector de tiendas de agroquímicos han despedido a 63 agrónomos y “estas personas han tenido que ir a buscar otro empleo, en algo que no es su especialidad”.

Dice que debido a situaciones de inseguridad hubo muchos trabajadores que prefirieron no salir de sus comunidades durante la crisis sociopolítica: “Ellos vieron un incremento de inseguridad, robo y temor de ser secuestrados; es visible, hemos vivido la experiencia de que muchos trabajadores nuestros han preferido mejor irse del país”.

El mandador Pedro Valle comenta que en la hacienda Ina Oriental, en agosto, “no hemos terminado toda la chapoda del café, aún nos hacen falta como 40 manzanas para dar por finalizada la primera vuelta en chapoda; todavía nos falta la regulación de sombra, que es importante para la producción del café, ahora solo tenemos 50 personas en esta temporada, por eso no hemos podido terminar con los procesos a esta fecha”.

En la producción de hortalizas “antes se utilizaban de cuatro a cinco personas permanentes por manzana de cultivo; ahora solo vas a ver dos, porque el dinero no es suficiente para hacer todas las actividades productivas”, señala Norvin Centeno.

Ricardo Oliú está a favor de hacer todos los esfuerzos posibles por mantener a los trabajadores en las fincas, “porque si nosotros estamos sufriendo ahora, imagínense a los campesinos; no solo somos nosotros los afectados, son miles de personas que nos acompañan en el corte”.

Admite que ha tenido que reducir el personal. “En mi finca se empleaban en tiempo muerto entre 60 y 80 personas, ahora tengo 10; en temporada de corte yo ocupada a unas 200 personas, hoy ocupo 50”, expresa.

Oliú agradece a muchos trabajadores que han tenido paciencia para esperar el pago de sus salarios. “No me podría imaginar la desesperación de esta gente, estamos trabajando a conciencia, mis trabajadores no se quieren ir de la finca y me dicen que saben que tarde o temprano va a llegar el pago, aunque se dilate un mes”, confiesa.

Más de 60,000 personas podrían quedar desempleadas en fincas y haciendas cafetaleras de Nicaragua si la situación no mejora. Nayira Valenzuela/END

Ricardo Moncada prevé que solo en el rubro del sorgo podrían quedar en el desempleo hasta 40,000 personas, por la competencia en la entrada de maíz amarillo del exterior.

“Cómo es posible que vayas a dejar a 40 mil o 50,000 personas sin empleo, con la reducción del maní. Estamos hablando de unas 20,000 personas, porque el maní no es que cree empleos directos y permanentes, pero sí de manera indirecta, es una cadena”, cuestiona Moncada.

Alfredo Siezar dice que en su finca mantienen la mano de obra y las pérdidas que les genera el incremento del precio de los fertilizantes, lo asume él como productor.

“En la parte laboral no hemos sacrificado el costo de los trabajadores, nosotros estamos asumiendo parte de eso para no afectar a las familias, nos mantenemos”, afirma.

Siezar expresa su esperanza “de que se logre componer esta situación, porque es lo que todo el mundo anhela, echar el país para adelante”.

En la sobrevivencia

Pedro Valle, mandador de la hacienda Ina Oriental, en Matagalpa, cuenta: “Una de las cosas que nos dice el patrón es que mientras los bancos no den financiamiento, estas fincas se van a perder, muchos han levantado campo, han dejado sus fincas. Este hombre ha ido luchando, prestando por un lado y otro para sobrevivir; él no quiere que esto se pierda, es un montón de plata lo que vale”.

Asegura que algunos caficultores han tenido que vender vehículos y parte de sus propiedades para mantener una parte de los cultivos.

Otro cafetalero, Ricardo Oliú explica que al llegar los tiempos difíciles, cuando la banca dejó de financiar, “lo que hice fue meterme con una empresa que conociera del negocio y me apoyara… El rubro del café no es como la siembra de frijol, donde hoy sembrás y en tres meses tenés cosecha; el palo de café es de 20 años, entonces, tenemos que buscar de dónde sacar para que la planta no se muera y poder seguir pagando”.

Ricardo Moncada, cultivador de maní, comenta que a los productores “nos caen los efectos de todos los problemas, somos un sector muy frágil; en otros países la agricultura es subsidiada porque sin productores no hay comida, entonces, los productores deben ser beneficiados”.

El productor de plátano, Alfredo Siezar afirma que la falta de financiamiento a los agricultores ha ocasionado problemas como “la escasez de recursos para hacer siembras nuevas”.