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Federico García Naranjo, politólogo y master en estudios latinoamericanos, hace un análisis crítico de los medios de comunicación, sobre todo ahora que se acercan las elecciones nacionales.

El especialista insiste en la labor social de los medios y en la necesidad de que estos sean autocríticos. García Naranjo, colombiano y catedrático de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, sostiene que en época electoral los políticos deben “ser tratados como niños”.

¿Existe la neutralidad?

Yo no creo que sea posible, porque los medios son en última instancia, organizaciones de seres humanos que tienen miedos, intereses, subjetividades, prejuicios, como todas las personas. A mí me parece, incluso, que solo la neutralidad no es posible en un medio de comunicación, sino que incluso puede no ser deseable.

Un medio de comunicación que se presente como imparcial, como neutral, no solamente está faltando a la verdad, sino que está asumiendo que sus opiniones y visiones parciales de la realidad son la realidad. En ese sentido, prefiero un medio de comunicación clara y explícitamente vinculado con una tendencia ideológica, de modo que eso le permita al ciudadano, al lector o público en general, identificar por qué se redacta esa noticia, por qué esa fuente y no otra…

La objetividad como concepto periodístico no existe como tal, pero sí es un horizonte hacia el cual se debe ir.

Es porque raramente existe una total independencia económica…
Eso influye, por supuesto. Influye toda una reflexión sobre, digamos, la economía política de la comunicación, en el sentido de quiénes son los propietarios de los medios, cómo se distribuye la pauta y la audiencia entre los medios de comunicación, porque hay escenarios, como el colombiano, que aparentemente son muy plurales, pero luego tú vas a ver, y hay dos medios que controlan el 90% de la pauta y de la audiencia. No hay tal pluralidad.

También tiene que ver la relación que el propio medio establece con el poder político, el poder económico y el poder sociocultural, que incluye a la Iglesia Católica. Esa vinculación con los poderes de una sociedad por supuesto que también afecta la independencia de los medios de comunicación, pero en ese sentido, yo trato de imaginarme un medio de comunicación independiente y me cuesta trabajo.

¿No existen?
No, yo creo que sí existen, pero para que un medio de comunicación pueda convertirse en un medio de comunicación independiente, es decir, que no dependa de los intereses de los propietarios ni de los anunciantes, ni de las instituciones de poder con las que tiene relación, tiene que ser un medio de comunicación que logre construir una suficiente credibilidad y legitimidad en su público como para ponerse por encima de esos intereses.

Un canal de televisión, por poner un ejemplo, que goza de alta credibilidad, que tiene altísimos niveles de audiencia, que no solamente presenta programas de calidad, sino que en sus informativos hace aproximaciones bastante precisas, y eso hace que sea respetado por su público, será sujeto a presiones.

En un ambiente sumamente polarizado como el que vive Nicaragua, ¿qué papel deben jugar los medios?
Creo que deben ayudar a superar la polarización, porque los medios de comunicación tienen una relación dinámica con la sociedad y con la política, no están separados. No son actores ni entes aislados.

Los medios tienen una relación directa con la política, y si bien pueden ser víctimas de la polarización, pueden ser los promotores, pueden tener responsabilidad en las causas que generen esa polarización. La responsabilidad está en intentar superarlo, ¿cómo aportar a la superación que en Nicaragua es tan evidente? Básicamente, con dos condiciones: primero, intentar ser veraz, lo que no significa que todo lo que diga el medio sea la verdad, intentar que su versión se aproxime a la verdad; segunda, expresar las opiniones sin apasionamiento, sin asumir que la polarización es contra el medio de comunicación.

Usted hablaba de la polarización mediática.
También, es una expresión de la polarización social. Es un subproducto y un causante. El periodista, el medio, los propietarios del medio, pienso yo que sería importante que comprendieron su papel en la sociedad desde este punto de vista, que superaran un poco esta concepción que se tiene de espíritu de cuerpo, de segmento social un poco separado de la sociedad, con potestad para señalar, pero con muy poca autocrítica.

Pienso que intentar superar esa condición y entenderse como en una relación dinámica con la sociedad puede contribuir a que el ambiente se despolarice, se serene, lo que no significa que los medios se volverán unánimes. Entre un ambiente polarizado y unánime, yo prefiero el polarizado…

El gobierno suele ver a los medios como su real oposición, porque los partidos no le hacen contrapeso.
Es una situación usual en América Latina, se está dando en países donde se están llevando a cabo estos procesos de cambios de los gobiernos a unas tendencias más progresistas. Es normal, porque los propietarios de los medios suelen ser o las familias tradicionales de los países o los grandes conglomerados empresariales.

En cualquier caso, estos actores ven perjudicados sus intereses y sus privilegios tradicionales por el ascenso de estos gobiernos, y reaccionan con virulencia, y además, hay que sumar que los partidos políticos en América Latina, han sido, por tradición, ideológicamente débiles, programáticamente muy pobres, y que fundamentalmente se comportan como maquinarias clientelistas, y no han contribuido al fortalecimiento de una cultura política en la ciudadanía, de modo que cuando se ven avasallados o, incluso, borrados del mapa por estos procesos que están surgiendo, quien se convierte en el símbolo de representación social para aquellos que no están de acuerdo con ese proceso, termina siendo el medio de comunicación.

Pero los medios no sustituyen a los partidos.
Es algo predecible, aunque no es deseable, porque el medio de comunicación no está para eso. Está justamente para ponerse encima de esos debates y para contarle a la ciudadanía cómo se lleva ese debate, sin tomar partido, o al menos intentando no tomar partido. Cuando un medio se compromete con una posición, no solo opositora sino también un apéndice del gobierno, pierde credibilidad, que es lo más grave que le puede pasar. Se ha visto con varios medios de comunicación del continente: Clarín, en Buenos Aires; CNN, Globovisión, en Venezuela…

En su conferencia dijo que en un proceso electoral debemos tratar a los políticos como niños. ¿Cómo es eso?
Imagina que tienes que corregir a un niño que te ha escupido. Como adulto tienes una serie de recursos a seguir aparte de escupirlo. Los niños son, por definición, caprichosos, irascibles, referenciales e inmediatistas, y un político en campaña se comporta así, quiere ganar a como dé lugar.

Una campaña política no es de educación política, buscas convencer que voten por ti, y para eso incluso estás dispuesto a prometer cosas que no puedes cumplir. Eso expresa una visión cortoplacista, porque cuando ganes, ¿cómo vas a cumplir? Y eso no le preocupa al político en campaña, les preocupa a los asesores. Lo que quiero decir es que cuando el periodista es capaz de comprender al político en esa realidad, en ese contexto, y no lo confronta, sino que lo comprende, puede desapasionarse frente al tratamiento de la noticia política, y llegará a una aproximación de la verdad mucho más precisa.