•  |
  •  |

La primera huelga de chóferes ocurrió en febrero de 1936, en Managua, a causa del aumento en el precio del combustible. Era mayo y gobernaba Juan Bautista Sacasa.


Hace ya más de cuatro años que Nicaragua no vive escenarios parecidos a éste. Los sindicalistas que paralizaban el país ahora comparten ideas, casa, comida y trabajo con el gobierno de turno.


La falta de autonomía de todos los sindicatos ligados al Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, es lo que ha provocado esta situación.


¿Cuándo y cómo nació el sindicalismo en Nicaragua? ¿Cómo evolucionó? ¿Está ahora involucionando? Hace 98 años fue creado el primer movimiento sindical, la Central Obrera de León, que entonces agrupaba a una cantidad desconocida de organizaciones.


Entre 1913 y 1918 surgieron muchas uniones, asociaciones y federaciones. Onofre Guevara, quien fue activista sindical entre 1945 y 1969, explica en su libro “Años de Movimiento Social en Nicaragua”, que el período entre 1913 y 1918 fue especial, porque se registraron “dos acontecimientos político-sociales-revolucionarios que marcaron durante los posteriores 60 años las luchas políticas y sociales de México, Centroamérica , el Caribe y el subcontinente americano: la revolución mexicana (1910) y el triunfo, el 7 de noviembre de 1917, de la revolución rusa, encabezada por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), líder del ala bolchevique del Partido Comunista”.


En agosto de 1936, el entonces jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, puso en práctica con los sindicalistas algunos de sus métodos represivos: el confinamiento. El cuatro de ese mes se dio una represión masiva contra los miembros del Partido Trabajador. Tras la represión se capturó y envió al confinamiento a Little Corn Island, durante seis meses, a siete sindicalistas.


1944 –narra Guevara- fue un año muy movido. A la par de las protestas antireelección de conservadores y liberales independientes, hubo una gran cantidad de congresos y alianzas que derivaron en la aparición pública, en agosto de ese año, del Partido Socialista Nicaragüense “como resultado del trabajo político-sindical del Comité Pro Democracia, primero; y el Bloque Antifascista de los Trabajadores, después”.


El triunfo de la Revolución Popular Sandinista creó muchas expectativas sobre el protagonismo sindical. “Sin ninguna exageración, para los sectores populares fue toda una década de sueños, esfuerzos, esperanzas, sacrificios, todo lo cual, al final, fue truncado por las limitaciones objetivas que la historia puso en el camino de la revolución”, anotó Guevara.

1990: otra época
El Consejo Permanente de Trabajadores, CPT, mantuvo en la década de los 90, la lucha por las reivindicaciones económicas, pero apoyaba al gobierno de la Unión Nacional Opositora, UNO. Por el contrario, el Frente Nacional de los Trabajadores, ligado al FSLN, jugó entonces un rol más beligerante e impulsó huelgas y paralización del tránsito.


¿Qué pasa hoy con los sindicatos que antes sentaban a cualquier gobierno y exigían sus derechos? Se sientan en la misma mesa que el Presidente de la República y gritan consignas en su nombre.


La cara del Frente Nacional de los Trabajadores, FNT, el diputado Gustavo Porras, es uno de los principales agitadores del presidente Daniel Ortega.


Porras, quien en 2002 previo a las negociaciones del salario mínimo proponía que el salario de los trabajadores fuese dolarizado y exigía que se equiparara al costo de la canasta básica, que consta de 53 productos, y que en aquel entonces costaba 145 dólares, es quien ahora plantea que se aumente solo el 9% del salario mínimo.


“Nosotros hemos analizado la situación, y creemos que es importante la variable empleo, de eso no hay duda, y por eso tiene su lógica buscar una estabilidad en las zonas francas, por la cuestión del empleo, y es importante la parte que corresponde a beneficios para los trabajadores como las viviendas sociales y el abastecimiento”, expresó Porras en 2010, mientras se discutía el aumento al salario mínimo.


Sindicalismo sin autonomía
Onofre Guevara sostiene que la razón de tal cambio es la falta de autonomía. “El sindicalismo ha perdido autonomía ante el gobierno. Los sindicatos sandinistas no tienen agenda propia, desarrollan una agenda similar a la del Frente (Sandinista)”, señaló.


El acto en la Plaza de las Victorias o Plaza del Fraude, donde se congregaron los simpatizantes sandinistas y los trabajadores del Estado el pasado viernes, confirma esa relación entre sindicatos y gobierno. “El gobierno quiere rematar la dependencia del sindicalismo convirtiéndose en el benefactor”.


El veterano sindicalista sostuvo que esta es una especie de “liquidación del sindicalismo”, y que el proceso tiene por fin “la orteguización”
“No funcionan como sindicatos, sus objetivos  no son trascendentes, no tienen los objetivos de proyección social que deberían tener.


La Central Sandinista de Trabajadores, CST, habla de necesidad de empleo, pero no hace una reclamación más concreta. Se vanagloria del subsidio al transporte y no exige que se mejoren las unidades, no tienen beligerancia ni líder histórico. El desempleo no es planteado como un reclamo inmediato. Su agenda es la misma que la de Ortega”.


El futuro del sindicalismo progobierno “lleva la misma trayectoria que el gobierno, floreciente económicamente, mientras estén en el gobierno”.

 

¿Y los “otros”?

“Los otros no tienen fuerza porque fueron diezmados”, dice Guevara refiriéndose a los sindicalistas opositores al gobierno.


Álvaro Leiva, Secretario de Asuntos Laborales de la Federación de Trabajadores del Sector Público, asegura que la situación del movimiento sindical es “crítica, difícil, ya que hasta la fecha no se respetan los derechos laborales”.


“En nuestro país ha quedado suficientemente demostrado que no hay respeto al fuero sindical, a las negociaciones del convenio colectivo. Nosotros hemos venido denunciando los despidos, la inestabilidad laboral, el descabezamiento a más 129 organizaciones sindicales. Esto nos indica que hemos retrocedido, que este es un Estado que no tiene la menor sensibilidad social”, sostuvo Leiva.


Leiva también critica las posiciones gubernamentales respecto a las negociaciones por el salario mínimo. “Nosotros hemos sido muy críticos por la forma como el gobierno está manejando la situación laboral. Con los salarios devengados no se cubren los 53 productos, lo cual es una crisis de los empleados. Este es un salario mínimo indigno”, señaló.


El sindicalista, incluso, calificó al gobierno como “perverso”. “Este gobierno se ha caracterizado con lo cristiano y solidario, pero es un gobierno perverso que ha violado los derechos de los trabajadores”, expresó.


Según datos de los sindicalistas que no son afines al gobierno, más de 21 mil empleados estatales han sido despedidos sin indemnización durante el gobierno que preside Daniel Ortega.


Los niveles de inconformidad se han exacerbado.  Un grupo de ex trabajadores del Ministerio de Transporte e Infraestructura, MTI, permanecieron por varios días en huelga de hambre en la entrada de esta institución en julio del año pasado. Los sindicalistas aseguran que 400 trabajadores han sido despedidos de esta entidad.


La versión oficial, sin embargo, es otra. Ortega exalta a los trabajadores en plaza llena. “Gracias a los trabajadores podemos decir con orgullo que, en medio de nuestras dificultades, Nicaragua es un país que a pesar de la crisis impuesta por el capitalismo salvaje, tiene crecimiento económico en beneficio de todo el pueblo, gracias a los trabajadores y gracias a las trabajadoras”, dijo el mandatario en el acto recientemente realizado.


Los sindicalistas sandinistas están avocados desde el año pasado a la campaña por la reelección del presidente Daniel Ortega.


José Espinoza, de la Confederación de Unificación Sindical, CUS, y cercano al expresidente liberal Arnoldo Alemán, expresó que no se puede “decir que no hay libertad sindical, sí la hay, pero vamos a luchar por ampliarla”.


“Atravesamos una situación difícil desde el punto de vista que el gobierno en sus actividades nunca toma en cuenta al movimiento sindical independiente, solo al oficialismo, y es una asignatura pendiente porque somos la conciencia crítica, podemos ayudarle a bien gobernar”, dijo.


Espinoza criticó la actitud de funcionarios como el recientemente defenestrado Walter Porras, extitular de la Dirección General de Ingresos. “La respuesta de algunos ministros y directores ha sido acabar con los sindicatos. Porras acabó con ocho sindicatos. Les hemos ganado juicios en el Ministerio del Trabajo, pero siguen violando los convenios colectivos, los convenios con la Organización Internacional del Trabajo OIT, explicó.


“Uno de esos es el ministro (Fernando) Martínez, del MTI, que está desconociendo convenios firmados por nosotros. A quien no es sandinista ni oficialista, nos ven como enemigos”, agregó.


El Consejo Permanente de Trabajadores, CPT, dice Espinoza, tiene a más de 40 mil afiliados.