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“Nicaragua no ha logrado después del período de recomposición del campo político en el primer lustro de los años noventa, generar un sistema político estable y competente, y en su lugar, las denuncias probadas de corrupción al más alto nivel, los pactos de cúpula y la incautación autoritaria de instituciones democráticas en beneficio de proyectos personales, ha colocado al país en una situación de franco deterioro”, según se desprende de un estudio realizado sobre el estado de la democracia en Centroamérica, por especialistas en el tema y comentado por sus homólogos de la Fundación para la Paz y la Democracia, Fundapem.

Otro de los hallazgos del estudio da cuenta de que “en Honduras, el acostumbrado intercambio entre (los partidos) nacionales y liberales, escasamente incluyente, fue creando las condiciones que derivaron en el golpe de Estado de 2009, el más grave incidente político institucional en la región desde 1993”.

“En Nicaragua, el escenario político ha sido secuestrado por afiliaciones orteguistas de una parte, y alemanistas de la otra, que difícilmente resulten representativas de lo que en el pasado pudo coaligarse alrededor del sandinismo y de la oposición demócrata cristiana y liberal que representó el gobierno de Violeta Chamorro en 1990. En este caso, la autonomía de poderes es una ficción y la debilidad institucional la norma de funcionamiento”, se lee en el estudio.

El Salvador y Costa Rica ligeramente bien

En el caso de Guatemala, según el estudio, la institucionalidad democrática se ha visto afectada por el crimen organizado transnacional; mientras que El Salvador y Costa Rica, aparecen como los países de la región con una “relativa” fortaleza democrática.

El documento será objeto de análisis durante el foro denominado “Diálogo Subregional de los miembros del Sistema de Integración Centroamericana: Democracia para la Paz, la Seguridad y el Desarrollo”, que se realizará los días 11, 12 y 13 de mayo próximos en San José, Costa Rica, y en el que participarán delegaciones de los países de la región, República Dominicana y México.

El evento es en saludo al décimo aniversario de la Carta Democrática Interamericana, adoptada y promulgada en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001, durante la Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, OEA.

Optimismo pese a las circunstancias
En el estudio se advierte sobre algunos peligros en la región en términos electorales, entre ellos la polarización que caracteriza los procesos en la mayoría de los países centroamericanos.

Además, agrega el análisis, “la regularidad y la alternancia no aseguran por sí solas estabilidad política. Los estudios sobre la materia electoral demuestran que en los sistemas presidenciales como los centroamericanos, el riesgo de inestabilidad reside, más que en la fragmentación de sus partidos (multipartidismo), en su polarización (distancia ideológica entre los partidos)”.

“En este sentido, en la región no se ha dado un escenario de alto riesgo para la estabilidad democrática en términos electorales”, se lee en el documento a manera de conclusión.

Bipartidismo vs. multipartidismo

Al abordar el tema electoral y sistema de partidos políticos en cada uno de los países centroamericanos, el estudio hace varias advertencias, y en los casos particulares señala que “Nicaragua parece transitar hacia un sistema multipartidista con dos partidos dominantes (el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, y Partido Liberal Constitucionalista, PLC), de cuyos acuerdos y desencuentros depende la frágil estabilidad democrática; junto a una oposición que enfrenta importantes obstáculos formales para competir en condiciones de igualdad”.

“El Salvador y Honduras tienen un fuerte bipartidismo, uno históricamente polarizado, y el otro de muy larga data y recientemente polarizado; pero ambos con similares riesgos de inestabilidad, sin amenazas sistémicas en El Salvador, pero con riesgos tangibles en el caso de Honduras”, concluye el análisis.

Entre lo firme y lo volátil
Por otra parte, añade el estudio, “la frágil estabilidad política guatemalteca está directamente asociada al carácter fugaz de su sistema de partidos; mientras en Costa Rica el bipartidismo de las últimas décadas (ya casi extinto en su formato 80-90), ha sido más bien una fuente de estabilidad”.

“Se puede observar que existe un bipartidismo sólido en El Salvador y Honduras, con un multipartidismo volátil en Guatemala y uno reeditado quizá en Costa Rica; así como un bipartidismo de dos y medio partidos en Nicaragua. Existe alta fluidez electoral en Guatemala, alta polarización en El Salvador y Nicaragua, pero en el primer caso con una gran prueba superada en las últimas elecciones y el otro con una gran prueba por enfrentar en el año 2011”, se lee en una de las conclusiones del estudio realizado el año pasado.

Los retos de la democracia

Uno de los retos para la región en su conjunto es la mejora en la gestión electoral, agravada, según el estudio, por la debilidad de las instituciones encargadas de organizar los procesos electorales.

“Uno de los principales retos en donde probablemente menos avance se observa, tiene que ver con la calidad de la gestión electoral, principalmente por las debilidades institucionales propias de democracias incipientes. En este sentido, la principal preocupación se encuentra en Nicaragua, donde existen no sólo serios cuestionamientos sobre la falta de independencia del órgano electoral, sino incluso contundentes denuncias en cuanto a la transparencia de las últimas elecciones municipales y su probable proyección a las próximas presidenciales”, se explica en el documento.

Menos participación ciudadana
Por otra parte, la participación ciudadana ha disminuido, en general, en la región, lo cual representa otro reto para

Centroamérica.

“Partidos y elecciones son solo una ecuación de la fórmula electoral centroamericana. La otra tiene que ver con la participación ciudadana, observable a partir del ritmo de asistencia a las urnas en la región desde 1980. Los datos muestran una evolución quebrada, con dos tipos de dinámica: la participación electoral ascendente en El Salvador y Panamá, y descendente en los demás países. En los últimos procesos electorales la participación es superior al 50%, siendo mayor en Panamá con un 74%; y más baja en Honduras con 49,9%, ambas elecciones celebradas en 2009”, concluye el documento.