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En momentos en que la Iglesia Católica es reconocida como una de las instituciones más confiables para los nicaragüenses, según la última encuesta de CID-Gallup, el Obispo Auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, exaltó ese reconocimiento, pero a la vez dijo que la Iglesia no pretende sustituir a los gobiernos ni a los estados, aunque afirmó que “es la única que puede indicar dónde está la luz y dónde está la oscuridad”, en una sociedad donde “lo legal es ilegal” y donde “al bien se le llama mal”.

“Somos nosotros hoy los que podemos indicarle a Nicaragua dónde está el bien y dónde está mal, solo la Iglesia nos dice donde está la luz y dónde las tinieblas, en una sociedad como la nuestra donde los valores se han confundido, donde al bien se le llama mal, y donde lo legal es ilegal”, dijo monseñor Báez ayer en la homilía dominical que celebró en la Catedral Metropolitana.

Haciendo referencia a la encuesta, señaló que hay que reconocer “con humildad” la confianza que el pueblo ha depositado en la Iglesia; sin embargo, enfatizó que no buscan poder ni privilegios, y en cambio fustigó a quien en el nombre de la Iglesia, se acerca al poder.

“¡Ay! de la Iglesia cuando se alía con los poderes de este mundo, ¡ay! de la Iglesia cuando es tratada bien por los poderosos y cuando no vuelve su rostro a los pobres”, advirtió en un contexto en el cual el Cardenal Miguel Obando y Bravo, máxima representación de la Iglesia en los años 80 y fuerte crítico del gobierno de Daniel Ortega en ese entonces, ahora es su aliado en su segundo gobierno, y asume un cargo público.

Hay que votar
Con relación al proceso electoral, Báez reiteró la demanda de observación electoral nacional e internacional, y en ese sentido dijo que es una “exigencia de naturaleza moral para que el proceso electoral pueda ser mínimamente creíble”.

“Ya lleva demasiadas irregularidades este proceso electoral”, afirmó Báez insistiendo en que todos los nicaragüenses tienen que votar no importando “todas las irregularidades, la falta de confiabilidad en el Poder Electoral, la inconstitucionalidad e ilegalidad de uno de los candidatos, la irregularidad en la cedulación y la ineptitud de la clase política”.

“A pesar de todo hay que votar, porque cuando estemos en la urna electoral, marcando la papeleta, nadie nos ve”, insistió.