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La Conferencia Episcopal instó ayer a la población a perder el miedo. En una carta pastoral donde también aconsejan rezar la “Magníficat”, la jerarquía católica criticó fuertemente entre líneas al partido de gobierno y a su cabeza: Daniel Ortega.

Entre las críticas implícitas están la de la indiferencia frente a los problemas de la población, la “autodivinización” y el irrespeto “a la dignidad de los pobres”.

No menos duros fueron cuando se refirieron a los “soberbios de corazón, los arrogantes y orgullosos que buscan sus intereses y exigen que se rinda culto a su personalidad, (quienes) se pierden y se dispersan por autodivinizarse, siguiendo sus caminos y no los de Dios”.

Dios y el tirano
La cita a Lucas suena a lápida: “Los poderosos que ejercitan el dominio en modo despótico y autoritario consolidándose en modo prepotente y tiránico sobre los demás actúan como si Dios no existiera y por eso Dios mismo los destrona y derriba”.

Acto seguido, citando al Papa Benedicto XVI, sentenciaron: “Los tronos de los poderosos de este mundo son todos provisionales, mientras el trono de Dios es la única roca que no cambia y no cae”.

Justo en este año electoral y acuerpándose en la Virgen María, los obispos pidieron a la feligresía que pongan toda su confianza “en la misericordia de Dios” y que asuman su vida “y la realidad de nuestro país con esperanza”.

“A imitación de la Virgen María, tenemos que esforzarnos por ver y comprender siempre a las personas, las relaciones sociales y los procesos políticos desde la perspectiva de Dios y de su voluntad”.

Perder el miedo
“Cada uno personalmente y todos como comunidad nacional, superemos los miedos, la indiferencia egoísta y la autosuficiencia de quien se apoya en sí mismo”, recomendaron los prelados.

En la reflexión bíblica sobre la “Magníficat” también insisten en que la felicidad de la que habla el Evangelio “no se basa en la avidez y la posesión de bienes materiales, ni en los goces pasajeros que nos engañan y deshumanizan, ni en la ambición desmedida de poder sobre los demás a toda costa…”.

La Virgen María, insistieron, entre otras cosas enseña y transmite el “sentimiento que da seguridad a la criatura humana y la libra del miedo aun en medio de las tormentas de la historia”.

Respetar a los pobres
Los obispos han sido críticos de algunas políticas gubernamentales, incluso de los programas sociales. Esta vez le pidieron a la Virgen que “nos enseñe a buscar la verdadera felicidad en Dios para que todos construyamos una sociedad fundada no en la engañosa ilusión de privilegios y riquezas, sino en la aceptación de la voluntad de Dios a través del amor a la verdad, la integridad moral y la práctica de la  justicia”.

Y casi explícita dejaron ir la crítica: “A los pobres hay que respetarlos en su dignidad: debemos comprometernos en su promoción humana integral más allá del puro asistencialismo económico y hacer que sean sujetos de su propia historia”.

María, continuaron, “ve la historia más allá de las apariencias y ve cuál es el fondo de la realidad, descubriendo quiénes para Dios están arriba y quiénes abajo, quiénes están llenos y quiénes vacíos, quiénes cerca y quiénes lejos”.

Y concluyen: “Oremos también nosotros como María para ser como ella, hombres y mujeres contemplativos, capaces de ver con mirada de fe la realidad y de comprometernos con el Reino de Dios, que ‘a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan los soberbios, los poderosos y los ricos’, pero seguros de que ‘su fuerza secreta se revela al final, para mostrar quiénes son los verdaderos predilectos de Dios: los que le temen, fieles a su palabra, los humildes…’”.