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“Ver al hombre”. Eso es lo único que quería un quinteto de agricultores  provenientes de la comarca de  El Chile, departamento de Río San Juan, ellos dejaron sus tierras y familias la tarde de ayer, costearon parte de su pasaje tan solo para venir a Managua en un viaje del que solo sabían que podrían estar a pocos pasos de su líder máximo. Ni Elías Castellón, un cincuentón de botas, jean, camisa a cuadros y bigote ni los otros cuatro excombatientes de la contra, conocen de los pormenores de la revolución liberal, y el único elemento histórico del que tienen noción es el nombre de José Santos Zelaya. A ellos parece bastarles saber que Arnoldo iba a estar ahí.

Todos los historiadores nicaragüenses coinciden en que los hechos históricos están aparentemente ordenados de forma cíclica, como la aguja del reloj que gira y vuelve al lugar de donde salió. Otros  aseguran que los anales de la historia de Nicaragua se han escrito con fatídicas letras en tinta de sangre, y por supuesto  la Revolución Liberal no podría haber sido la excepción. De estos cinco excontras liberales, Castellón, dueño de una voz que deja entrever su carácter poco elocuente, es el único que se atreve y habla abiertamente, e insiste en decir: “no nos interesan esas chochadas históricas”.

Las “chochadas históricas” de la época de la Revolución Liberal han sido satanizadas por algunos estudiosos y ampliamente alabadas por otros. Sin importar las opiniones personales de los historiadores, es una realidad que la toma del poder por parte del liberalismo en 1893 dio un nuevo rumbo a la vida política del país.

Todos estos hechos no pertenecen al presente, sino al pasado, comenzaron aquella lluviosa mañana de domingo del 11 de julio de 1893, cuando los leoneses  se levantaron en armas a pesar de los acuerdos políticos con los conservadores y terminaron casi dos semanas después con la total victoria sobre los conservadores. Ahí comenzó un proceso que  llevó a Nicaragua al modernismo social y económico y acabó aparentemente con las tradicionales reelecciones de gobiernos conservadores que se prolongaron casi sin interrupciones  desde la independencia.


Las batallas
Los revolucionarios capturaron los cuarteles de León. Policarpo Bonilla, Anastasio J. Ortiz, Francisco Baca Hijo son solo algunos de los valientes revolucionarios. De estos nombres poco se conoce, la mayoría solo recuerda el más insigne de todos los nombres: José Santos Zelaya.

Tampoco conocen de  la lucha en la que  cayó Mateare y la Cuesta de El Plomo, ninguno de los cinco excontras parecía saber que ahí se realizó una de las batallas épicas más grandes del militarismo nacional, por tres días lucharon bajo una lluvia torrencial, hasta que el 25 de julio de 1893  Zelaya entró, al mejor estilo de los césares, a la capital recién conquistada por la calle que, posteriormente, recibió el nombre de Calle del Triunfo, calle que aun existe al oeste de la ciudad en lo que se conoce como “el lado de abajo”.

El Este de la capital ha atestiguado los enfrentamientos armados entre ciudadanos de una misma nación. Hoy, a escasos metros de la casa de campaña del PLC y de la estatua de Montoya (otro héroe liberal que forma parte de las “chochadas históricas” que estos fervientes liberales de Río San Juan tampoco conocen) se realizó otra lucha, esta vez ideológica. Ahí, en esa misma calle que  lleva hacia  una de la salida de la capital los conservadores que  una vez lucharon contra los liberales, hoy ratifican su  mutua alianza política.

De todas “las chochadas históricas” de  aquella época de constantes cambios pocas cosas quedan; los ecos del caudillismo, la polarización de la política y la resurrección de las reelecciones inconstitucionales, esta última, es una palabra de uso tan popular hoy día como lo fue en el lejano  pasado del periodo tanto liberal como conservador.

Imágenes, eso es lo único que queda. Hoy, las imágenes de la entrada triunfante de José Santos Zelaya en Managua son sustituidas por las imágenes del rimbombante arribo de Arnoldo Alemán a su casa de campaña y  el recuerdo de las huestes revolucionarias que pelearon para recuperar el poder de manos conservadoras, son sustituidas por las imágenes de la marea roja de convencionales que prometen, tarjeta en mano, luchar para recuperar el control político.

* Estudiante, Comunicación Social, UCA

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