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Pese a que la gestión de Arturo Valenzuela como Subsecretario Adjunto del Departamento de Estados Unidos para América Latina ha sido calificada como un “fracaso” por sectores demócratas y republicanos de ese país, su sustituto no significará muchos cambios en la política norteamericana hacia esta región, según el experto en política exterior, Félix Maradiaga.

A inicios de mayo pasado, Valenzuela anunció su renuncia al cargo para regresar a su vida de docente en la Universidad de Georgetown, en Washington, ya que había pedido un permiso de dos años para desempeñarse como diplomático.
                                       
Duras críticas de Ross-Lehtinen
La renuncia trajo consigo duras críticas contra su gestión, como la de la jefa de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, la republicana Ileana Ross-Lehtinen, quien calificó la labor diplomática de Valenzuela como un “fracaso lamentable de Estados Unidos en hacer frente a ataques a la democracia y las libertades fundamentales” en países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

“Las críticas a la gestión del doctor Arturo Valenzuela vienen de distintos ángulos, es decir, tanto algunos demócratas como republicanos han sentido que su administración ha sido un giro marcado en el estilo del Departamento de Estado para el hemisferio occidental, en donde los aspectos de libertad de expresión, libertad de prensa, democracia y derechos humanos habían ocupado un lugar fundamental”, señaló Maradiaga.

Gestión, no intromisión
Pero para este experto, el estilo de Valenzuela no debió haber sido una sorpresa, pues dice que desde los años de académico ha sido miembro de una comunidad de especialistas en política exterior que critican el excesivo involucramiento norteamericano en la formación de la democracia en otros países.

“El argumento central de Valenzuela es que la democracia debe ser fundamentalmente un proceso autóctono, arraigado en cada uno de los países y no el resultado de una gestión del exterior, y que por tanto Estados Unidos, con su involucramiento tradicional, lo que estaba haciendo era restándole autenticidad al fortalecimiento democrático de los países”, puntualizó Maradiaga.

Excesiva timidez
Además, la inconformidad por la gestión de Valenzuela no solo viene de los políticos estadounidenses, sino de activistas de sociedad civil y de movimientos democráticos en América Latina. “Sintieron una excesiva timidez en la administración del secretario Valenzuela, y es que si bien el objetivo de Valenzuela fue correcto en tratar de hacer una relación diplomática menos injerencista, en la implementación faltó mucho, quedó corto”, analizó el experto.

Sin embargo, Maradiaga no cree que todas esas críticas hagan que el sustituto de Valenzuela traiga directrices más rígidas para las relaciones con la región latinoamericana, pues aunque el Departamento de Estado ha dado señales de que la importancia de la democracia, la transparencia electoral, la libertad de expresión y los derechos humanos continúan siendo un elemento de central importancia, América Latina no es prioridad en ese sentido.

América Latina no está en la agenda

“Hay dos aspectos que van a ser enormes retos para quien asuma esa posición, primero es el enorme déficit presupuestario norteamericano que ha hecho que todas las energías del gobierno federal estén centradas en eso, entonces los temas de política exterior en este momento pasan a un segundo lugar y eso no solo desde el punto de vista de prioridades, sino desde el punto de vista de presupuesto”, señaló Maradiaga.

“Y el segundo elemento es que el interés en América Latina es un interés secundario en esta situación, porque los problemas en el Medio Oriente, Afganistán y Pakistán ocupan la prioridad del Departamento de Estado en los temas de desarrollo”, agregó.