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Jean-Jacques Dubois es doctor (Ph. D.) en Ciencias de las Religiones. Su campo de investigación es la Sicología y la Antroposociología de la Religión y de los fenómenos mágico-religiosos.

Ha escrito libros y promovido debates acerca de estos temas, y en Nicaragua ha trabajado siete tesis, cinco de las cuales han sido publicadas en la página de Opinión de EL NUEVO DIARIO.  

¿Qué lo motivó a estructurar estas siete tesis acerca de que el sandinismo es una religión?
Mi esposa como yo nos interesamos en la Teología de la Liberación y los movimientos revolucionarios en América Latina. En nuestro país vivimos una experiencia similar.  Quebec, considerada la parte francesa de Canadá, vivió en los años 60 un movimiento que llamamos la “revolución tranquila”, hubo un poco de violencia pero  no como la Revolución sandinista  y las razones de este fenómeno se parecieron mucho a las de América Latina. Hay que ver que Quebec fue víctima de dos imperialismos.

Hubo un movimiento revolucionario en Quebec, al final obtuvo una victoria, no totalmente pero en buena parte, obtuvo su liberación. La sociedad quebequense era fatalista, no tanto como el fatalismo de Nicaragua, había una tesis que era, ‘ayúdate que el cielo te ayudará”. Hay que hacer algo por ayudarse, el cielo no va a hacer todo, ese es un fatalismo mitigado.

¿Usted era muy religioso?

Mi formación es en las Ciencias de las Religiones; no soy teólogo, sí me interesan las religiones como el fundamento de toda historia, de toda evolución en las sociedades.

La historia de los Estados Unidos está determinada por el discurso religioso; igual en la sociedad quebequense, hubo un discurso religioso alrededor del pecado.

Los historiadores de Quebec escriben y hablan de las siete etapas, basadas en el mito del pecado entre Adán y Eva; de Caín y Abel. Hay siempre una relación estrecha entre el fenómeno religioso y el profano.

Existen sandinistas que conservan los valores del nacionalismo, la democracia, la defensa de la soberanía, el humanismo, la solidaridad, la ética y la lucha contra las desigualdades. ¿Estimó esta realidad a la hora de su análisis?
Eso no me sorprende. Yo sostengo que la ideología sandinista es la más elevada que podemos encontrar en las ideologías políticas, sociales, culturales; es muy interesante. Los sandinistas presentaron esta ideología con la cual yo estoy de acuerdo, pero existe una paradoja muy grande al encontrar su contenido religioso.

He encontrado que la toltequidad ha regresado a través de un discurso  que se volvió demasiado religioso y esta religiosidad ha matado el verdadero sandinismo. Los sandinistas mismos se han hecho un daño, “se han disparado en el pie”.

¿Cómo se expresa en la práctica?
Eso es una desgracia, es lo peor que la ha pasado al sandinismo, tratar de seducir a la población que es muy religiosa con un discurso religioso. Tratan de hacer creer su discurso en una mentalidad sin posibilidades de cambio, se queda en fatalismo, incluso llega a ser más grande que el fatalismo católico.

Crean alrededor de Sandino y Fonseca, un fervor muy grande y las creencias para con ellos son mucho más grandes que el que le pueblo religioso tiene del Dios católico.

No cree que se ha sobredimensionado la corriente mística, esotérica o la divinización del pensamiento de Sandino?
Sí, se ha sobredimensionado, efectivamente. Sandino cuando regresó de México ya se había convertido a la teosofía, un movimiento filosófico-religioso-científico de la cosmología esotérica.

Pienso que en México, en ese momento había una corriente muy fuerte de la teosofía, de la antroposofía también. Sergio Ramírez habla de eso en sus escritos, tiene una connotación más grande, no es lo que pensamos a primera vista. A partir de ese momento, el discurso de Sandino pasó de un contenido laico a uno muy místico, a tal punto que se volvió como el gran juez no solamente de Nicaragua sino de todo el mundo.

¿Cómo se manifestó esa nueva forma de pensar en Sandino?

Hoy existe un culto hacia Sandino y la gran mayoría del sandinismo no orteguista, son en el sentido de Sandino. Visto ahora esa conversión de Sandino se puede ver como una perversión y el tiene todos los rasgos de una persona que se coloca al límite de la racionalidad y de la locura o del fanatismo.

Vivió muchas contradicciones. Por ejemplo, cuando se preocupa de la salud del burgués Sinforiano Maradiaga, capturado en Danlí y procesado el 27 de noviembre de 1927, le perdona la vida y aclara que no fue a cambio de dinero que habría ofrecido sino porque es inocente de los hechos que lo denuncian. Sandino se convierte en un ser muy indulgente, complaciente.

Sin embargo, cuando se encontraba a campesinos que rechazaban su lucha u orientaciones, y que fueron calificados de traidores, fueron ejecutados, solamente con una suposición.

¿Eso se reproduce hoy?
No sé, pero sí sé que suposición es suficiente para marginar o desterrar a una persona que vierte una crítica.

¿En las revoluciones hay mucha carga religiosa, entonces?
Cuando se tratan de hacer cambios importantes en las sociedades, es muy difícil escapar al modelo religioso, todas las revoluciones son religiosas. Hay muchos estudios que lo demuestran. La Revolución Francesa tenía a la famosa Diosa Razón, que llegó a ser la diosa principal.  

¿No será que los seguidores del pensamiento de Sandino han visto como muy complejas sus metas y aspiraciones de cambiar un sistema y han acudido a lo divino para esconder sus debilidades o incapacidades?
En realidad, los sandinistas fueron tras metas y propósitos que les superaron totalmente y tuvieron que hacer consciencia con fuerzas externas o divinas para lograr un proyecto, fueron por un ser sobrenatural o sobrehumano para explicar sus fracasos.
 
Cuando triunfó la Revolución Popular Sandinista hubo una fuerte corriente marxista- leninista en sus planteamientos, incluso, algunos dirigentes la definieron como tal en su esencia ideológica. ¿Por qué la conversión?
Esa definición marxista dura y pura no fue aceptada por el pueblo nicaragüense, aunque el presidente Ortega en un discurso ofrecido en los años 80 se definió al proyecto como marxista, pero más desde la perspectiva de la Teología de la Liberación, pues este movimiento tenía un vocabulario cristiano, pero en suma es un marxismo disfrazado.  Ellos vieron que presentar al proyecto como marxista puro iba contra la historia de Nicaragua, hubiera sido un golpe muy duro, un desgarramiento, y yo pienso que los sandinistas para asegurarse de la fama desarrollaron un discurso demasiado religioso, pasaron de un extremo marxista a otro extremo religioso.

Si con sus tesis usted demuestra que el sandinismo es una religión, este fenómeno emplaza a la Iglesia para entrar en competencia con ella?
Durante la década de los 80 hubo competencia entre el sandinismo y el catolicismo. En 1989, cuando hice el trabajo de terreno para mis tesis escuché aquella frase de “Sandino ayer, Sandino hoy, Sandino siempre”, que replicaba exactamente las palabras contenidas en la Carta a los Hebreos «Jesucristo ayer, hoy y siempre» (Heb 13, 8), y que hace referencia a una permanencia del Señor no solo temporal sino también sustancial.

Hubo ese debate entre el sandinismo y la religión católica pero las cosas han cambiado mucho porque el Frente Sandinista votó a favor de la penalización del aborto, de tal manera que el sandinismo y el catolicismo, aunque la Iglesia Católica muestre indignación por la llamada “misa revolucionaria” de Rosario Murillo hay aspectos de fondo en los que están de acuerdo.

Es muy difícil ser categórico en esta respuesta porque hay varias iglesias católicas; está la jerarquía; la del cardenal Miguel Obando y las iglesias populares. En ese escenario hay católicos que están muy apegados al sandinismo, otros a la Teología de la Liberación al que estuvo vinculado el movimiento insurreccional del sandinismo.

¿Cómo afectó esta marcada religiosidad a la Revolución?
Durante la primera visita del Papa a Nicaragua en 1983, estuve muy conmovido al ver cómo el padre Ernesto Cardenal fue reprochado por el Papa. El se arrodilló e intentó tomar la mano del Pontífice como pidiendo perdón. Yo dije, cómo es posible que este hombre tan revolucionario, tan inteligente haya hecho eso; la acción me causó mucha tristeza. Esa imagen del padre Cardenal arrodillado frente al Papa es como una metáfora que sintetiza a toda Nicaragua en su presente y su futuro.

 

La toltequidad

La toltequidad resulta ser un movimiento surgido en los años 80, como resultado de las obras del antropólogo y escritor brasileño Carlos Castaneda, (1925-1998) autor de libros que describen el chamanismo tradicional mesoamericano.

El pensamiento de Castaneda se basa en la filosofía y cosmovisión, y de ahí se deriva el  pensamiento tolteca con ideas de los grupos neo-chamánicos. Este pensamiento se considera más teológico que filosófico.

En los últimos años, esta corriente de pensamiento en una de sus expresiones se ha concentrado en discursos llamado “estilo new-age”.

Según Wikipedia, el término nueva era o new age —utilizado durante la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI— se refiere a la Era de Acuario y nace de la creencia astrológica de que el Sol pasa un período (era) por cada uno de los signos del zodíaco.

 

La Diosa Razón

Según el investigador José Rafael Sáez March, licenciado en Filosofía, en la revista Análisis Digital, se le hizo creer al hombre que era capaz, con su razón, de construir su propio paraíso y su propia “salvación”. La sociedad noroccidental moderna creyó haber superado épocas anteriores de infantilismo y haberse hecho adulta “matando” a Dios, prescindiendo de Él. Entronizando a la “Diosa Razón” en Notre Dame, los iluministas franceses creyeron habe r hallado “la luz”, que consistía en abandonar toda tutela sobrenatural para asumir el hombre –centro y razón de todas las cosas– la tentadora autonomía moral. El trío de grandes falsos profetas del S. XX, Marx, Freud y Nietzsche, terminaron la faena. La modernidad quiso ser la era de la razón, la ciencia y la técnica, la realización definitiva del “homo sapiens”.

Karl Marx, no solo proclamó un ateísmo filosófico, sino que calificó a la religión como un instrumento de los poderosos para mantener oprimido al pueblo. Sigmund Freud, redujo la religión a una forma de neurosis y Dios pasó a ser una pueril creación mental, una proyección del “super-ego”. Friedrich Nietzsche arrasó con sus sofismas y arrastró con su sugestivo vitalismo, pregonando un “súper hombre” dueño del bien y del mal.