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Admite que no se imaginó que sería Obispo, su proyección era el trabajo pastoral en la Arquidiócesis de Managua, pero la bondad del Santo Padre lo llevó a ser el noveno obispo de Matagalpa.

Se imaginó una Matagalpa fría, como hace 20 años, pero se dio cuenta que el despale está acabando con las montañas y los bosques de la “Perla del Septentrión”, pero esta es tan sólo una de las realidades que viven los campesinos.

¿Cuál fue su imagen al llegar a Matagalpa?

Mucha admiración por la fe, fervor, amor y devoción que le tiene este pueblo matagalpino a Jesucristo, a la Iglesia y a sus pastores. El recibimiento superó cualquier expectativa y cualquier idea que pude haberme formado.

La gente se desbordó de las montañas, de las comarcas, de la ciudad. En ese primer momento mi corazón se abrió a este pueblo de Matagalpa y ya cumplidos los cuatro meses de trabajo pastoral, por supuesto me siento un auténtico matagalpino.

¿Por qué cree que el fervor es mayor en la gente del campo?
Es una fe más llena de obediencia, más llena de fervor, de una profunda convicción, pero también de una gran emoción y gran sentimiento.

¿Cuándo empezó a conocer las comarcas?
Desde la primera semana comencé a tener contacto directo con la gente del campo y la ciudad. Actualmente llevo unas 40 comunidades rurales visitadas, y prácticamente ya he estado en todas las parroquias de la Diócesis.

Comparto con los campesinos, platico con ellos, entro a las casas, visito a los enfermos, estoy con los niños, saludo a los jóvenes, nos encontramos con una experiencia de mucha amistad y fe cristiana, porque antes de ser cristianos somos humanos. No podemos pretender celebrar la fe en Jesucristo, si antes no celebramos la fe en el hombre.

¿Cuál es la situación de sus amigos en el campo?

En Matagalpa hay situaciones preocupantes, la primera es la violencia social que tiene como primera causa el problema del licor; como segunda, la tenencia de armas sin portación, (ilegales),  y también el tráfico de estupefacientes, de drogas.

Otro problema serio que se resiente es el del despale indiscriminado que algunos cuatro sujetos están realizando y que todo mundo los conoce, pero nadie hace nada. Los campesinos se lamentan porque están dejando sin árboles a este departamento tan bello.

Lo tercero en las actuales circunstancias, es el problema sociopolítico, particularmente el de la cedulación, que está siendo un elefante blanco aquí en Matagalpa.

¿Cuál es la demanda de los campesinos en cuanto a la cédula?
Nos encontramos con situaciones en las que, por ejemplo, hay personas que tienen entre seis y diez años de estar solicitándola y no se la dan. Hay familias enteras que no tienen su cédula, hay comunidades completas en que se habla de más de 1,500 personas sin su documento de identidad, hay lugares donde la gente llega desde las cinco de la mañana para hacer fila para recibir su cédula y el Consejo Electoral Municipal, o abre tardísimo o sencillamente no abre.

Esto, para personas que vienen de montaña adentro, es una total insensatez porque no son gente que puede regresar al día siguiente, probablemente ya no volverán y si lo hacen realizan gastos que su economía no les permite.

Por otro lado,  nos encontramos comunidades comarcales completas donde identificamos alrededor de 25 personas por comarcas sin su cédula en municipios enteros. La otra cara de la moneda es que se les está entregando a niños de 13 años el documento de identidad.

¿Con qué finalidad?
Lo que sucede es que todo esto implica enormes irregularidades en la cedulación. Nos parece que puede existir un proyecto estratégico que apunte a la no entrega de cédula a una inmensa parte de la población y la agilización de la entrega de cédula a otra parte de la población que pueda ser favorable a determinado partido político.

¿Tienen idea de qué partido?
Bueno, yo creo que en Nicaragua a estas alturas del partido, sabemos muy bien por dónde se enrumban los aires.

¿Cómo se combina la tenencia de armas, la violencia con la falta de algunos servicios?
Hay tres cosas que al pueblo no se le deberían tocar: el hambre, la libertad y la dignidad humana. Cuando hay hambre la gente busca que comer; cuando la libertad se estropea, la gente busca cómo expresarse de cualquier manera, y cuando la dignidad se avasalla, cuando se pone en tela de duda la inteligencia de un pueblo, la gente busca la manera de hacerse sentir y de hacer saber que es un pueblo pensante. No se debe jugar con fuego porque es peligroso.

Se han visto casos como los de Nueva Segovia, donde atacaron la Alcaldía y el CEM. ¿Estas son muestras de cuando se colma la paciencia de las personas?
Nosotros en Matagalpa insistimos por más de 15 días en que el clero de la Diócesis, todos los sacerdotes y este servidor queríamos platicar con el Consejo Electoral Departamental, pero se nos cerraron las puertas, se cerraron los oídos y se cerraron las posibilidades para que en un diálogo sincero, privado, muy profesional y buscando el bien común los sacerdotes pudieran exponerle a las autoridades electorales del departamento los lugares específicos, las comarcas, los municipios concretos, que son prácticamente todos, en los que está dándose un problema gravísimo de la no entrega de cédulas.

Ciertamente tenemos sabido que hay gente que está muy indignada, muy enojada. Yo mismo voy a estar en algunos lugares diciéndole a la gente que se calme y que no perdamos las esperanzas de que en un arranque de sensatez y de honestidad las autoridades electorales entreguen la cédula, porque hay un fenómeno interesante y es que también se sabe que hay miles de cédulas en manos de un sector político. De tal manera que los documentos de identidad, en un buen porcentaje, ya están en físico. En otros casos lo que se argumenta es que no existe papelería. En otras situaciones se justifican diciendo que el Consejo Supremo Electoral no los envía desde Managua. Las justificaciones y las argumentaciones varían como varía el tiempo de lluvia o de sol.

¿El Frente Sandinista ha manifestado que es un gobierno cristiano, pero con estas dificultades se puede decir eso, o qué es lo que pasa en el terreno?
Creo que lo que se está manoseando son los conceptos, el auténtico significado que estos tienen. Por poner un ejemplo: el concepto de solidaridad, según la Iglesia tiene un presupuesto que es esencial y vital, para que pueda existir verdadera solidaridad tenemos que sabernos, sentirnos y tratarnos como iguales, porque de lo contrario lo que puede darse es un aprovechamiento del más fuerte hacia el más débil. De tal manera que si con quien yo pretendo ser solidario, no lo veo como un igual en dignidad, con los mismos derechos universales, humanos, legales, constitucionales, perfectamente puedo terminar avasallándolo, humillándolo, degradándolo, denigrándolo.

El concepto del bien común, conlleva el bienestar comunitario, independientemente de la filiación política, partidaria o ideológica que se tenga. ¿Por qué?, porque aquí el presupuesto es la dignidad humana, la grandeza del hombre, el valor del ser humano, que supera, trasciende cualquier tipo de simpatía o de opción política partidaria. Pero si se habla del bien común mirando al otro como un adversario, entonces nunca vamos a lograr un bienestar comunitario, porque al adversario se le busca vencer, no promover.

¿Hasta dónde puede llegar la intervención de la Iglesia ante la posibilidad de violencia por la no entrega de cédula?
En la Diócesis de Matagalpa hemos emitido un decálogo ético para que nuestros laicos católicos participen en las elecciones.

En este sentido, les hemos dicho que no deben de recurrir a la violencia, pero sí tienen derecho a protestar cívicamente en el marco de la Constitución y de las leyes, cualquier tipo de irregularidad que identifiquen en esta campaña, o en el proceso electoral.

Este lunes es el último día para solicitar cédulas ¿Hay presión por el calendario electoral?
La preocupación la deberían tener las instituciones públicas, la Iglesia agotará todos sus recursos llamando siempre a la paz, pero los miembros de los poderes públicos deberían ser responsables y serios en responder a la indignación que ya la gente está manifestando.


Álvarez se declara matagalpino por gracia de Dios

Con apenas cuatro meses de estadía, el obispo Rolando Álvarez dice sentirse matagalpino, admira a la gente de La Perla del Septentrión, pero añora el frío de antaño de la zona norte.  El sacerdote tiene enorme fe en los ciudadanos de Matagalpa, y no duda en que sabrán conducirse en este panorama electoral.

Ya hablamos de la violencia, de la ecología, hablemos de la identidad de Matagalpa ¿Qué lo enamoró tan rápido de Matagalpa en estos cuatro meses para que se declare ya matagalpino?

Hay un misterio de fe que ocurre en el corazón de un sacerdote cuando es nombrado obispo, y ese misterio de fe se llama paternidad y pastoralidad, el saberse y sentirse padre y pastor de una porción del rebaño del Señor que le ha sido encomendado a su cuidado.

¿Qué le ha gustado más de Matagalpa?
La gente. El matagalpino es gente buena, todos tenemos nuestros problemas, necesitamos crear, fortalecer la cultura de paz, la educación en valores, pero el corazón del matagalpino tiene un enorme potencial de bondad.

¿Cuántos años tiene y de cuántos se siente?

Bueno, mejor no te digo de cuantos me siento, pero la gente me nota más chavalo y eso hace que me vean como un obispo muy joven, y en realidad 44 es una edad maduramente juvenil. Pareciera que el clima, el ambiente, el cariño y comida matagalpina me ha caído tan bien que ayuda a que me vean joven.

¿Le ayuda a soportar jornadas largas para entrar a las comarcas?

Sí. La jornada más larga es salir a las seis de la mañana y regresar a las 11 de la noche sin detenerme un solo momento a descansar, porque son cinco horas de camino y luego estar con la gente todo el tiempo, celebrar la eucaristía, compartir los alimentos, que gracias a Dios y que aquí se producen, no nos hacen falta todavía.

¿Cuántas comunidades más piensa visitar?
He hablado con el Clero y nos hemos puesto de acuerdo para que en unos seis años aproximadamente pueda visitar las 630 comunidades que tiene toda la Diócesis. Quiero llegar a la última comunidad, por más pequeña que sea, aunque sea un caserío, porque como obispo quiero llegar donde ellos.

¿Cree que los políticos tienen que aprender de la cultura de paz?
Quisiera más bien decirles que tienen mucho que aportarle a este pueblo, porque no estamos hablando aquí de estrategias politiqueras en que comen en el mismo plato y en una cámara de televisión o un medio de comunicación social se salen peleando y se salen diciendo barbaridades. No estamos hablando aquí de ese tipo de técnicas mediáticas groseras. Estamos hablando de autenticidad, de ser capaces de mostrarnos diferentes, debatir las ideas, no tener miedo desde el más pequeño nicaragüense que pueda estar en una parada de bus, hasta el más grande de los políticos que pueda estar encerrado en una oficina. Exponer nuestras ideas sin llegar al irrespeto.

¿Qué une a los matagalpinos?

Lo que une a los matagalpinos son los factores sociales, sociológicos, en los que todos estamos claros, si nos unimos vencemos, si nos separamos, la misma dinámica social y hasta la naturaleza nos podrían terminar venciendo.