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Primer video. END

Segundo video. END

Tantos negocios hacían juntos, y tanta confianza existía entre Roberto Rivas Reyes, el magistrado con cargo vencido del Consejo Supremo Electoral, y el exproveedor Mario Chow Pérez, que el funcionario público le pedía prestados montos de hasta US$400,000, y le pedía favores de empeñar vehículos de lujo y otros bienes para transferir dinero a Costa Rica y a Miami, mientras esperaba por los desembolsos de presupuesto del Ministerio de Hacienda.

“Hombré, Marió (Chow), ¿no tenés a alguien que nos preste cuatrocientos mil dólares?”, pregunta sereno el titular de facto del Poder Electoral a su exproveedor favorito, en una grabación en poder de este medio, que revela el grado de confianza que existía entre ambos personajes, y que los implicó en asuntos como la compra de dos aviones, que --de acuerdo con una investigación de EL NUEVO DIARIO, publicada los días 16, 17 y 18 de mayo de 2010--, Rivas usaba frecuentemente  para vuelos privados de él y de su familia.

Las demoledoras grabaciones de audio que ha hecho públicas END esta semana, y que continuaremos presentando mañana, revelan a un Rivas que se burla de las denuncias de corrupción hechas por los medios, hace alarde de impunidad, deja al desnudo su desprecio por las leyes, su tráfico de influencias y su ostentación de inmunidad ante los señalamientos de corrupción.

La relación entre Rivas y Mario Chow Pérez era tal, que ambos --encerrados en las oficinas centrales del CSE-- podían hablar principalmente de dinero y de negocios del citado funcionario, para quien el exproveedor era una de sus mejores piezas al momento de hilvanar maneras variadas de defraudar al Estado, como el caso de la falsificación de facturas para sacar por medio de “anticipos a justificar” C$407 millones del CSE.

La cercanía de Rivas con Chow fue rota por la falta del primero en pagar deudas al segundo. El exproveedor fue quien pagó más de US$500,000 para la compra de los aviones que descubrió END en mayo de 2010, según sus confesiones sostenidas en demanda judicial en Estados Unidos.

La investigación
A las dos de la tarde del 4 de mayo de 2010, un equipo de END ingresó al hangar de Atlantic Aviation Group Inc., una empresa relacionada con los dos aviones de lujo en los que viaja Rivas.

Llegamos hasta sus oficinas en la dirección 14532 SW 129 Th St, Hangar 227, ciudad de Miami, Florida. Las oficinas están situadas en el Aeropuerto de Tamiami, en Kendall, ubicada al sur del Downtown, Miami. Esta firma era la dueña del primer avión privado que usó Rivas, el Merlín N444LB, descubierto tiempo atrás por otro medio, y que meses antes se conoció que se encuentra en Venezuela.

Ahí llegamos porque nuestras pesquisas en Nicaragua, Costa Rica y Miami, revelaban que  el funcionario había decidido cambiar su primera aeronave de vuelo por la nave matrícula N347GA y el avión matrícula N59 PT.

Las investigaciones del  abogado de Mario Chow Pérez, Randall Norlund, en Miami, confirman lo que se sospechaba desde el inicio de la investigación: que la aeronave era de Rivas, pero que estaba en manos de un tercero o de un familiar, y en este caso de Stephanie Rivas Delgado, quien fue demandada en una Corte de la Florida, para que responda cómo hizo para obtener el aparato, según la demanda radicada en Estados Unidos.

Del avión N59PT, de fabricación israelí, y que en principio era para 20 pasajeros, pero que fue remodelado para 12 lugares (cuatro laterales, un sofá, tres sillas club orientadas hacia delante), era propietaria la empresa Atlantic Aviation Group Inc., de la que el manager es Alex Salazar.

La conversación de Salazar

“Buenas tardes, ¿en qué le puedo ayudar?”, preguntó amable Alex Salazar, al inicio de la plática, cuando nos vio en las instalaciones de su hangar, copado de aviones ejecutivos para todos los gustos. Pero al enterarse de qué se trataba nuestra presencia, su rostro cambió a serio y pétreo. La plática se desarrolló en el mismo sitio, no hubo oportunidad de pasar a una oficina y conversar con calma.

Andamos haciendo un trabajo periodístico que tiene que ver con un funcionario público de Nicaragua, Roberto Rivas, que vuela en un avión que está a nombre de esta empresa, lo que queremos saber es si ustedes alquilan aviones o los venden.

“Mire, nosotros les damos mantenimiento a los aviones, es decir, los aviones que hemos vendido para nuestros clientes, les damos mantenimiento aquí”.
Tengo la matrícula N59PT, ¿este avión es de su propiedad o le han dado mantenimiento como usted dice?

Pudo haber sido, pero eso es a través de contratos y cosas, pero eso es con el presidente del grupo, si usted quiere le consigo una cita con él, no está aquí ahorita, pero puedo conseguirle una cita o le escribe por correo con sus preguntas, es el señor David Fuentes.

¿Cuánto vale un avión como el que le menciono (N59PT)?
No sé, porque tendría que ver, pero los aviones varían de precio, depende del modelo, del año y del tipo; hay desde doscientos mil dólares hasta otros que valen millones, pero hablar en el aire no me gusta, mejor contáctese con el presidente del grupo, por el momento le pido que se retire porque esta es propiedad privada y es terreno federal, porque usted está en la rampa del aeropuerto.

Y fue a través de Salazar que escribimos al presidente de Atlantic Aviation Group, un correo en el que le hicimos saber las mismas inquietudes, y esta fue la respuesta remitida por Salazar. La persona clave en esta historia es Alejandro Salazar, Gerente General de la compañía Atlantic Aviation Group Inc. (AAG), y quien llevó a cabo la compra.

Las respuestas fueron de Salazar, no de Fuentes
La respuesta de Salazar enviada vía correo electrónico el 13 de de mayo de 2010.

Estimado Sr. Galeano:

Según lo acordado en comunicaciones previas, le escribo mi respuesta.
Primero que nada, me gustaría confirmarle que el avión con las siglas N59PT, en efecto, nos pertenece, pero se encuentra bajo contrato (léase) a una empresa con sede en Delaware, cuyo nombre, como usted comprenderá, no puedo revelar por razones de confidencialidad. Nuestra comunicación con dicha empresa ha sido siempre a través de sus contadores.

Sin embargo, debo acotar que este contrato finalizó el día de ayer 12 de mayo 2010.

Después de su visita y gracias a la foto que usted me envió, me dediqué un poco a hacer algunas averiguaciones con cierta profundidad y le puedo señalar lo siguiente:

La aeronave arriba indicada ha sido utilizada para viajes a varios países de Centroamérica, en actividades relacionadas con esta empresa de Delaware.
Sr. Galeano, he tenido la mejor voluntad en ayudarle en lo que entiendo perfectamente es su trabajo, pero le agradecería enormemente su discreción para con el nombre de nuestra compañía. Somos una empresa pequeña y muy seria.

Si lo puedo ayudar en alguna otra cosa, siempre en la medida de mis posibilidades, estoy a su orden.

Atentamente,

Alejandro Salazar.

La verdad
Salazar mintió en cada una de sus respuestas, ya que en realidad sirvió como intermediario en la transacción. Los documentos que han sido facilitados por el abogado de los hermanos Chow en estados Unidos, confirman que Atlantic Aviation estaba al tanto de cada uno de los movimientos de Roberto Rivas y de la empresa de la que es presidenta su hija, Stephanie.

Salazar firmó el contrato de venta de la aeronave con Insure Aircraft Title Services Inc. IATS, luego de enviar a la cuenta de esa compañía US$10,000.
Los documentos proporcionados por Mario Chow demuestran que a esa misma cuenta dos de sus empresas desembolsaron el 4 y 5 de agosto, fondos que sumaron US$507,000, que sirvieron para pagar una parte de las aeronaves.

Bertha de la Peña, asistente personal de Rivas, y su esposo, Alexander Vega Orozco, enviaron US$117,157 y US$119,000, respectivamente, a la misma cuenta, mientras Atlantic Aviation,  por orden de Alex Salazar, envió el último desembolso de 365 mil 843 dólares, que sumó por todo un millón 209 mil dólares, de acuerdo con la documentación presentada por los abogados del exproveedor en Estados Unidos.