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En el contexto electoral, la preocupación de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, Funides, gira alrededor de la necesidad del fortalecimiento de la institucionalidad y el Estado de Derecho, para lograr que el crecimiento de Nicaragua pase del 3.8 por ciento a cerca del 7 por ciento por año.

De acuerdo con Antonio Lacayo, Presidente de la Comisión Institucional de Funides, en los últimos 50 años en Nicaragua se reconocen tres etapas: del año 60 al 77, en que se crecía un promedio de 5.8; del 77 al 90 cuando se dio un retroceso que promedió el cuatro por ciento por año y finalmente del 90 hasta hoy, donde el crecimiento promedio va del 1 al 3.5 por ciento cuando la población también crece de 1 a 3.3 por ciento.

¿Qué tanto frena la falta de institucionalidad el crecimiento económico de Nicaragua?
Muchísimo, sin duda alguna. En lo estrictamente económico, en el manejo macroeconómico, el gobierno actual del presidente (Daniel) Ortega, prácticamente ha seguido los pasos que se pusieron desde el año 91, con el plan económico del gobierno de doña Violeta (Barrios de Chamarro), es decir, acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, FMI, mucho cuidado en temas de endeudamiento externo, presupuestos balanceados para poder controlar la inflación, permitir que el sector privado trabaje, invierta.

Estamos logrando atraer inversión pero no toda. Porque en el tema de institucionalidad lo que llamamos Estado de Derecho, la verdad es que tampoco habíamos avanzado muchísimo al final del gobierno del presidente (Enrique) Bolaños, pero lo que se había avanzado en realidad ha sufrido un retroceso en estos últimos años.

La Corte Suprema se ha politizado aún más, el Poder Judicial se ha partidizado, al extremo que ya son conocidos en el ámbito empresarial, los casos de empresarios que tienen que ir a resolver sus problemas a las oficinas del Frente Sandinista o a las oficinas del PLC (Partido Liberal Constitucionalista), como si fueran tribunales de justicia, y pagar las correspondientes comisiones ahí, para que la justicia pueda caminar a su favor. Eso le podrá resolver el problema a quien en ese momento tiene un problema, pero para el inversionista que está pensando en venir se espanta.

¿Qué pasa con los nuevos inversionistas?
Un inversionista busca entender cuáles son las reglas del juego, las leyes del país y saber quién lo va a defender si alguien violenta esas normas. En los países más avanzados del planeta son las instituciones a cargo de la justicia las que entran a defender esos problemas y funcionan y eso da credibilidad y confianza. En nuestro caso esas instituciones ya no están trabajando, los partidos han sustituido a esas instituciones.

¿Están mal las leyes?
No es un asunto de leyes, sino de su aplicación. Las leyes en muchos aspectos están bastante buenas, pero si no se cumplen, si no hay autoridades que las hagan cumplir, si un empresario al sentirse violentado en algunas de esas leyes no tiene dónde acudir a menos que pague una coima, eso es lo que debilita el Estado de Derecho.

¿Esto pone en riesgo la estadía de los empresarios?
Lo importante es que no vienen más.

¿Qué mantiene a los que se quedan?
Se mantienen con la esperanza de que esto lo podamos mejorar, porque mal que bien, cada quien va desarrollando algunos contactos, algunas amistades y aprende a resolver sus problemas. Algunos acuden a Pro Nicaragua, porque tal vez lo invitó a venir a este país, hay gente que acude a algún magistrado amigo, hay quienes acuden a algún funcionario del gobierno que lo haya conocido.

En el fondo, a veces, se encuentra buena voluntad en esas personas, pero no creo que se trate de una mala fe por parte del gobierno, sencillamente lo que pasa es que el sistema al haber prácticamente pulverizado las instituciones, estas no funcionan. Es decir cuando en la Corte Suprema tenemos varios magistrados que ya están volando horas extras, como dice la gente, porque ya se les vencieron sus períodos, ya son funcionarios débiles.

¿Quiénes vienen a invertir a Nicaragua?
Normalmente vienen inversiones “leoninas” que ya vienen con algún dado cargado, con la seguridad que sacarán su inversión rápido.

El país quiere inversiones normales que van a venir al país por diez o veinte años, con la esperanza de recuperar su capital y las utilidades con el paso del tiempo.

¿Estas elecciones podrían cambiar las cosas. Va a marcar lo que pase más adelante?

Todo marca, para bien o para mal, todas nuestras acciones, y en este sentido, las acciones que por efecto de estas elecciones surjan, claro que marcan. Lo que queremos es que cualquiera que vaya a gobernar este país, cualquiera que vaya a estar en la agenda legislativa, debe entender que si Nicaragua no crece económicamente a un ritmo muy superior a la actual, vamos a estar frustrando de por vida a la juventud, a las generaciones que vienen detrás de nosotros y vamos a seguir caminando en un hielo muy finito, con el peligro de que ese hielo se quiebre y caigamos al agua helada donde uno rápidamente se muere. Aquí permanentemente jugamos con fuego.

¿El resultado de estas elecciones va a ser creíble ante los empresarios?
Estas elecciones ya están cuestionadas. Cuando el candidato Daniel Ortega es inscrito como candidato, cuando la Constitución dice que no puede eso ya está, eso ya es una nota roja en el boletín.

Pero bueno, los nicaragüenses de alguna forma hemos aceptado ir a esas elecciones, con todo ese cuestionamiento, porque los demás partidos presentaron sus candidatos, tal vez bajo protesta, pero al fin y al cabo los presentaron y los nicaragüenses vamos a votar, lo ha pedido la Iglesia Católica, Evangélica, el sector empresarial, en lo personal creo que todos tenemos que ir a votar, porque no podemos renunciar a nuestro derecho de ser ciudadano.

Eso significa que si queremos mejorar un poco la imagen del país hacia fuera, a partir de ese momento deberíamos hacer todos un esfuerzo nacional, liderado por quien esté en la presidencia, sea quien sea, de mejorar las instituciones.

Lo primero que debería hacer la futura Asamblea es nombrar una Corte Suprema y un Poder Electoral y ojalá caigamos en la cuenta de que es fundamental poner en esas instituciones personas de inmenso prestigio profesional y que no estén vinculados a ningún partido, ni de gobierno, ni de oposición.
 
¿Es posible poner en la Asamblea personas con prestigio profesional sin vinculación con partidos tomando en cuenta la historia de Nicaragua?
Aunque no sea posible hay que insistir en ello. Si fuera posible o imposible hay que decirlo, porque en algún momento estas ideas deben entrar en la cabeza de alguien pensante.

¿Los empresarios que no han venido confiarían en este cambio de ganar las elecciones el actual gobierno?
Se les aumentaría el temor en alguna medida. Porque si una ley tan importante como es la Constitución Política, puede ser violentada tan fácilmente, todas las leyes que me presenten como posible inversionista quién me garantiza que se van a cumplir. Si se mojó la Constitución, porque estas otras leyes no se pueden mojar y convertirse en papel inútil.

¿Vendrían  inversionistas?
Los inversionistas muy valientes, muy aventados, los que vienen con inversiones de corto plazo o los que vienen asegurados. La tarifa eléctrica que pagamos refleja el temor de invertir en Nicaragua, pero con ese seguro al menos invierten y si algún día el país les confiscara esas cosas el Banco Mundial les pagaría y luego le cobraría a Nicaragua.

Esas inversiones se dan ese lujo de asegurarse con el Banco Mundial y trasladarle al usuario esos costos, no son todas las inversiones. Una persona que viene a poner un hotel, dónde lo va a asegurar, cómo le va a trasladar al turista ese costo de aseguramiento. El turista va a decir ese hotel está muy caro y no vienen.



¿La debilidad en la institucionalidad implica falta de seguridad ciudadana?
Claro que sí, afecta. Cuando vemos que muchos narcotraficantes salen tranquilos de la cárcel y ningún magistrado puede explicar por qué, eso va debilitando la resistencia que Nicaragua puede poner al narcotráfico.

 

“Tortuga o conejo”

Para Antonio Lacayo la diferencia entre Nicaragua y los países de Centroamérica es que éstos han avanzado más rápido en la estabilidad. Asegura que en vez de ser un conejo que corre hacia delante y a veces hacia atrás, es mejor ser como la tortuga, que mantiene un paso lento, pero no retrocede.

¿Cuánto podría tardar Nicaragua en lograr un Estado de Derecho fuerte?

 Hay países que lo han logrado en una generación, 20 años, perfectamente factible. El problema es que en Nicaragua hay períodos de avances y de retroceso. Lo que vivimos en los 80 ya había sucedido antes y en varias ocasiones. Da la impresión que Nicaragua es como un conejo que cuando corre hacia adelante va muy rápido, porque es un país con recursos y con gente inteligente. Pero de repente nos detenemos y caminamos para atrás. Yo digo a veces es preferible la tortuga, pero sin cambiar de dirección porque ahí va, ahí va, ahí va.

Cuando iniciamos todas estas estadísticas Nicaragua estaba a la par de Costa Rica. Hoy Costa Rica está seis veces delante de nosotros. Que tiene Costa Rica, mejores tierras no, mayores costas para más pescas no, mayor potencial minero tampoco.

¿Qué tiene entonces?

Estabilidad. Es decir ellos solo han caminado para adelante, nunca se les ha ocurrido las cosas que se nos ocurrieron en los ochenta y comenzar a caminar para atrás a desandar el camino andado.

¿Cuáles son los primeros pasos sea cual sea el futuro gobierno?
No sé que va hacer el que tome posesión, pero creo que la persona que asuma tiene que hacerle honor a su cargo. El presidente preside, si no para qué se es presidente. Tiene que convocar, invitar, presidir una gran asamblea, no me refiero al número de gente sino a la representatividad y decir “señores tenemos estos retos, cómo le entramos” y sacar a flote ahí lo que para muchos es evidente. Tenemos que hacer que el Estado de Derecho llegue a fortalecerse un poco y llegue a consolidarse.

Necesitamos un Poder Judicial verdaderamente independiente, que se rija de conformidad con la ley y no por quien persona le toca la puerta. Que si es mi brother, que si este maje más bien me voy a desquitar de él, voy a ver cómo le saco una tajada, que si viene recomendado por mi amigo, no puede ser es la ley.

Eso nos daría más posibilidades de atraer más inversión que generarían más fuentes de trabajo y más impuesto para las municipalidades y gobierno central.

¿Considera que estamos dormidos?

Peor que eso, estamos engañados.