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“¿Ideay? ¡Qué barbaridad ustedes! ‘tan secuestrados pues”, gritó un hombre moreno que estaba a diez pasos del diputado Eduardo Montealegre, quien, tras el cordón policial y acompañado de unos pocos simpatizantes, hacía como si iba a desafiar a los policías que le impedían llegar hasta el edificio del Consejo Supremo Electoral, CSE.

El hombre moreno estaba decepcionado. Era uno de los pocos manifestantes que ayer participó en la marcha contra la suspensión de las elecciones municipales en Bilwi, Prinzapolka y Waspam, organizada en Managua por el Movimiento por Nicaragua y a la que asistieron los principales oponentes del gobierno.

Supuestamente los que respondieron al llamado del Movimiento por Nicaragua, “allí estaba 62% de la población que quiere elecciones”. Lo cierto es que apenas había unas 200 personas. Muchas mantas con pintas a favor de esta causa quedaron empacadas y sin usar en el vehículo que las transportó hasta el sitio de protesta.

Policías por doquier

La Policía Nacional se ubicó en un radio de 100 metros para resguardar el sitio donde los magistrados del CSE despachan. Aparte del griterío y la música del Movimiento por Nicaragua que se hizo popular en las invitaciones televisivas de la única marcha que tuvo buena convocatoria, no hubo ningún altercado, ningún reclamo beligerante.

A pesar de que el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, ha asegurado públicamente que apoya la realización de las elecciones municipales en todo el país, sólo unos pocos estuvieron en el mitin, entre ellos el diputado Enrique Quiñónez, también candidato a vicealcalde de la capital, y su correligionario José Pallais.

Un joven, “100% quiñonista”, como se leía en su gorra, preguntó a gritos dónde estaba la Policía Nacional el pasado viernes en Bilwi, cuando miembros de Yatama, liderada por Osorno Coleman y que quieren elecciones, se enfrentaron con la otra facción de Yatama, liderada por Brooklyn Rivera, aliado del gobierno y que no quiere elecciones en los tres municipios del Caribe Norte.

Los policías no se inmutaron ante el griterío, sobre todo porque nadie amenazó y muchos menos intentó pasar las vallas de seguridad.

Sin pena ni gloria

El hombre que reclamó cuando los liberales se quedaron bordeados por las cámaras de televisión y fotográficas, detrás de las vallas, “secuestrados” dijo, recordó a los presentes que ahí “no había morterazos ni CPC (miembros de los oficialistas Consejos de Poder Ciudadano)”.

Luego de una hora de esperar que la Policía les permitiese llegar hasta la puerta principal del CSE, Montealegre y Violeta Granera, Directora Ejecutiva del Movimiento por Nicaragua, dijeron a los periodistas que no irían hasta donde los magistrados del CSE, pues la Policía ya les había concedido el permiso, pero sólo dejaban entrar a los legisladores.

Cada uno de los políticos presentes subió a su vehículo. En los parlantes un hombre incitaba a los que quedaron a ir a la Procuradoría General de la República. “Oigan, aprovechemos para ir a la Procuradoría, que está aquí no más”. Pero ya eran unos pocos, 20 a lo sumo.