Matilde Córdoba
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Alexis Arguello es querido en Managua. Al “flaco explosivo” aún lo quieren. Eso sí, lo quieren por su brillante carrera boxística. Muy pocos consiguen verlo como político, lo que hoy intenta ser, como el candidato a alcalde de Managua por el Frente Sandinista que recorre los mercados buscando votos y besando a cuanto elector tiene de frente.

Ayer Arguello visitó el Mercado Oriental con su compañera de fórmula, la periodista Daysi Tórrez, y con algunos de los candidatos a concejales. Andaban pidiendo el voto de los vendedores del mercado más grande de Nicaragua.

“Por ser campeón se lo permito, (pero) como político no le permito ni mierda”, comentó un muchacho que caminaba apresurado cuando adelantó al grupo que se había hecho alrededor de Arguello.

El candidato a alcalde por el partido de gobierno, autodenominado ungido y cercano al presidente Daniel Ortega, fue Tricampeón Mundial de boxeo, un afamado, recordado como el “caballero del ring”. Durante un momento en la mañana soleada de ayer, parecía que el boxeador había bajado del ring.

“Yo tengo una foto con vos, gané muchos reales apostando por vos”, le dijo un hombre a Arguello cuando éste llegó a saludarlo en su venta de mangos, mientras a gritos otro le decía que le “pidiera a Daniel (Ortega) que le devolviera la casa”.

Durante la Revolución Popular Sandinista los bienes del ex boxeador fueron confiscados, pues en su hoja de vida, entre otras cosas, estaba una fotografía con Anastasio Somoza Debayle, tomada en una comparencia pública en Estelí en la campaña electoral de 1974, cuando ya Arguello era reconocido.

Todos esos resentimientos quedaron atrás. Arguello habla de reconciliación y paz, pero cuando quiere ahondar en algún aspecto peliagudo o salir al paso al cuestionamiento de un periodista, su compañera de fórmula reacciona. Tórrez, detrás de la gente, le hace señas con los brazos, luego palmea y dice: “Ya, ya, se acabaron las entrevistas. Caminemos”. Arguello alcanza a escucharla y entonces pone punto final a las entrevistas. Sigue saludando a la gente.

“Me dispensa…”

-Ay me dispensa, pero con gusto le daría mi voto si no va a ser mangoneado por la Chayo- le dice el señor que está sentado fuera de una carpintería.

El que está a la par del señor le reprocha el comentario, pero el hombre insiste: “Ay que me dispense el campeón, yo hasta fotos con él tengo, pero el voto no le doy”. Y Arguello se encoge de hombros: “Discúlpeme pues hermano. Usted ‘piche’ su juego y yo ‘picho’ el mío”. Un curioso presente se ríe: “Ahora es pitcher pues”.

El sol está inclemente en el mercado. Una vendedora de agua está enojada. “Caminen, caminen, que si no trabajamos no nos hartamos”, dice, y el candidato a primer concejal, el cronista deportivo Enrique Armas, asiente extrañado. “Claro, claro”, dice después de darle pasada a la señora.

Arguello les ofrece mejorarles el mercado. “Les compondré esto –promete señalando el techo- y esto –señala otra cosas-”. Él fue vicealcalde en el gobierno municipal que este año concluirá y de sus obras se sabe poco.

Hay mucha gente descontenta por el encarecimiento de la vida y otros por la hipocresía de muchos políticos, pero hay quienes comprometen su voto a cambio de que hable “con el Comandante porque ya la comida está muy cara”. Uno a quien no saludó le pronostica malos augurios: “Alístense que van a perder. Van a perder todo: la alcaldía y la Presidencia. Soy sandinista, pero les digo la verdad”.