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  • Eduardo Marenco / emarenco@elnuevodiario.com.ni

El profesor universitario Martín Malharro, de la Universidad de la Plata, es uno de los principales estudiosos del periodismo de investigación de su país, coautor de “El periodismo de investigación y de denuncia en Argentina: De la Gazeta a la Operación Masacre (1810-1957)”. Y también es autor de la novela “Banco de niebla”, de reciente publicación. Homónimo de un renombrado pintor, en esta entrevista con END, aborda varios aspectos de la conflictiva relación de la prensa con el poder público y privado.

Este quid pro quo, el dame que te doy, se ha vuelto una norma de valor. ¿Qué implicaciones tiene esto?

En el financiamiento de la política es una norma de valor. Si yo soy un señor interesado en obtener determinados contratos del Estado para mi empresa, voy al candidato y le digo: Yo le pongo doscientos mil dólares para su campaña. ¿Se lo da de gratis? Nadie pone gratis dinero en la política. Ése es un mito. Yo creo que el quid pro quo es una regla básica dentro de los financiamientos legales e ilegales.

¿Qué pasa cuando el electorado ve fenómenos como el clientelismo político como algo normal, inherente al sistema político y entonces no hay por qué pedir cambios políticos?

En Argentina han sido prácticas comunes cambiar el voto por el bolso: el bolsón de pobreza, la bolsa de comida que se le reparte a la familia --un litro de aceite, tres kilos de arroz-- que les permite aguantar quince días; eso es una compra de votos, es corrupción. Usted está comprando votos: con las chapas (láminas de zinc), las zapatillas, las bombas de gas.

Usted ponía el ejemplo de las zapatillas. ¿Cómo funcionaba?

Fue un caso que es la leyenda en la política argentina. Llegó un candidato con un camión con cuarenta mil pares de zapatillas y regala las del pie derecho. Y les dice: “Bueno muchachos, mañana es la elección, ahí están las zapatillas”. Le responden: “Eh, jefe, me dio una”. Les contesta: “Sí, sí, si gano mañana les doy la otra”.

El año pasado, sin ir más lejos, en la provincia de Misiones, dieron vales de dinero firmados por el candidato, a ser cobrados cuando ganara. Eso fue verídico. Eso es corrupción. Lo más dramático es que el votante lo incorpora como un hecho natural. Es como una cadena sin fin. La corrupción es como el tango, se necesitan dos para bailarlo. El que corrompe y el que se deja corromper.

¿Cómo romper con este ciclo?

Creo que hay un solo sistema. Podemos tener una Ley de Transparencia para monitorear al financiamiento a los partidos, un periodismo abocado a investigar el financiamiento de las campañas, podemos tener una clase política que no son corruptos, podemos tener un aparato judicial que persiga y castigue. Aun así la corrupción va a continuar. Falta un último elemento: la voluntad del pueblo. Yo creo que esto se arregla cuando abajo tenemos un pueblo que dice no a la corrupción. Para cambiar todo esto, la base es la educación. Yo fui sarmientista, quien siempre dijo una frase clave que cien años después empezamos a entenderla: “Hay que educar al soberano”. El pueblo es el soberano. Sarmiento es el mismo hombre que dijo: “Cuando se inaugura una escuela, se cierra una cárcel”.

¿Qué pasa cuando el público por las mismas condiciones de vulnerabilidad social y falta de acceso a la educación prefiere un periodismo amarillo, que vuelve escoria la desgracia social, a un periodismo de fiscalización del poder público?

Yo creo que el terreno donde mejor fructifica el periodismo amarillista es en la incultura. En la falta de educación. Yo no compro diario que me traiga en las tapas los crímenes, por principio no me interesa. En la medida que se expande la educación, retrocede lo otro.

La prensa también se enfrenta al peligro de la cooptación que hacen de ella los poderes del Estado. El caso de Vladimiro Montesinos en Perú, ¿qué lecciones deja?

Usted ha citado el caso que yo siempre pongo de ejemplo. Nosotros no podemos pensar que el periodismo es la paloma blanca en todo esto. El periodismo también ha tenido sus corruptos y sus grandes corruptores, sus grandes negociados a través de empresas periodísticas. Es el caso de Vladimiro Montesinos con el dueño de algún canal del Perú al cual le dio tres millones de dólares para campaña política, para que denigre al enemigo, para que no aguijonee al gobierno, para que se convierta en un apéndice del gobierno de Fujimori.

Es indudable que todos estos poderes corruptos, tanto de empresas legales que aportan dinero por debajo de la mesa durante campañas políticas y alimentan a partidos, como los grandes fondos negros de las carterizaciones del narcotráfico y traficantes de armas, lo que hacen es agujerear el sistema, que la gente diga que así son todos los corruptos, que la democracia no sirve.

¿Sabe qué pasó en el 2002 en mi país? La gente decía en las calles: ¡Que se vayan todos!, al diablo con los partidos políticos. Y entonces, ¿qué nos queda? La dictadura. Y es el terreno abonado para estos aprendices de dictadores que tanto hemos generado en América Latina.

¿Qué pasa cuando las empresas periodísticas toman partido?

Indudablemente que todas las empresas periodísticas conllevan o portan en sí un proyecto político y un proyecto económico. En nuestro país, nosotros sabemos de nuestros diarios en qué banderilla están y cuál es su proyecto económico. Pero eso no les impide informar.

¿Y cómo evitar que la agenda ciudadana se vea afectada?

Nosotros lo llamamos contrato de lectura. Es un pacto entre el lector y la empresa. Yo compro este diario porque se va a ocupar de los temas que a mí me interesan. Caso del diario La Nación, de Buenos Aires, que indudablemente responde a intereses del campo. Pero eso no quiere decir que el diario esté casado con la corrupción. Yo leo dos diarios en Argentina: La Nación que es la patria del campo y Clarín que es la patria industrial. Cada uno trata de llevar agua a su molino, pero ninguno de los dos miente, intoxica, esconde, porque si hiciera eso, la gente no les compra más, porque estafó, mintió.

Cuando hay una erosión fuerte en la legitimidad de los partidos políticos, ¿pueden estas empresas periodísticas suplantarlos? Pareciera ser a veces una tentación.

No. Lo más lejos que hemos llegado nosotros en el periodismo argentino, durante el gobierno del doctor Carlos Saúl Menem fue que el aparato judicial estaba tan viciado e inspiraba tan poca confianza que los fiscales empezaron a ser los periodistas. Y si usted toma de esa época algunas consultas públicas sobre el nivel de credibilidad: número 1 el periódico, número dos, la Iglesia. Y los políticos venían allá atrás, con los sindicatos, que en Argentina son...mejor no hablemos.

El periodismo se erigió en una suerte de fiscal, donde la condena era una condena periodística, por ende, una condena moral. Ningún gobierno ha tenido buenas relaciones con nosotros. Ningún gobierno tiene buenas relaciones con el periodismo. Cuando un gobierno tiene excelentes relaciones con el periodismo, ya la sonamos, aquí hay algo que está podrido porque a nadie le gusta que le critiquen, mucho menos al gobierno. No hay relaciones de amor y cuando hay relaciones de amor entre un sector del periodismo y un gobierno, yo sospecho.

¿Esta condena moral, el erigirse en fiscal, es la función del periodismo de investigación? ¿O no del todo?

No, para nada. El periodismo de investigación en mi país tiene un origen en la ausencia de justicia. El oficio nuestro es la denuncia, básicamente. Es decirle a los poderes: ahí hay un ilícito. Que entre el juez, la policía, las cámaras legislativas y el Ejecutivo, inclusive. Cuando el Estado le saca el cuerpo se quita de esa función, es cuando en mi país nace el periodismo de investigación, donde cumple la función de rol de investigador del Estado, reconstruye lo que pasó y cómo pasó. El periodismo de denuncia señalaba, mostraba. Y luego nos fuimos a demostrar el ilícito y reconstruimos la pirámide de corrupción.

En esta nueva etapa democrática, el periodismo de investigación también aborda casos del poder privado, de grandes corporaciones con poder de palanqueo porque a su vez son anunciantes de las empresas periodísticas. ¿Cómo enfrentar ese reto?

También la empresa periodística se encuentra entre el emplazamiento de la ética y la sobrevivencia económica. Supóngase que yo tengo un gran anunciante y viene uno de mis periodistas y justo va y le encuentra la vuelta al anunciante. ¿Qué hacemos? Yo soy periodista. Y ése es el reto de ahora.

Los pragmáticos

La victoria de Cristina Fernández de Kirchner, esposa del actual presidente argentino, Néstor Kirchner, está más que anunciada para las elecciones de hoy domingo en Argentina. ¿Qué espera Martín Malharro de este nuevo gobierno?

“Yo espero que este gobierno se aboque a resolver la gran deuda social endémica de mi país, esperamos un plan a largo plazo para solucionar esta deuda social porque cada vez está adquiriendo un tinte más dramático y es una bomba de tiempo”.

“De la capital federal a La Plata son cincuenta kilómetros: cuando usted mira a la derecha son villas miserias, una detrás de otra. Y cuando usted mira a la izquierda son mansiones. El problema es que hasta ahora hay un tejido que separa, pero un día van a tirar esos tejidos”.

¿Cómo logró la reelección este gobierno a pesar de estos problemas?

Como dice el dicho: “Más vale lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer”. A pesar de la inflación, la pobreza y la falta de seguridad del país, hemos vivido un país de estabilidad después de lo que ocurrió en el 2002 en mi país, que fue de espanto. Ya se encarriló el país, pero la pregunta es para dónde vamos. Y el otro problema es que la oposición política no supo crear ni transmitir un mensaje creíble. Los partidos fallaron en la comunicación, no dieron en el clavo, no transmitieron seguridad, ni confianza al electorado, los partidos políticos sufren una erosión grave.

¿Es Cristina Fernández de Kirchner un fenómeno de masas como ha habido en el pasado en Argentina?

No, salvo a los que se arrean. Yo creo que la gente busca seguridad: cuatro años más seguros. La campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner transcurrió en el exterior, viajaba y se encontraba con Hilary Clinton, desayunaba con los reyes de España, con el primer ministro de Francia. Se ha roto la vieja estructura de campaña política. Se movía como que ya era presidenta, entonces el televidente hacía inconscientemente la misma lectura. Ella viajaba como senadora y primera dama, pero en la imagen desaparecía la primera dama y la senadora, para dejar instalada la figura presidencial de ella. Fue muy bien hecho. Su campaña fue con el slogan de profundizar los cambios.

¿Néstor Kirchner se retira o moverá hilos tras bambalinas?

Nooo...Es una sociedad perfecta. Ese matrimonio es una sociedad perfecta. Son dos pragmáticos natos de la política. ¿Tienen ideología? Es el pragmatismo. Si le preguntas a los de izquierda argentinos te dirán que son fascitas; y los de derecha que son de izquierda. Néstor Kirchner ha tenido un gobierno pragmático, ha ido para donde mejor ha ido el viento. Ha tenido muy malas relaciones con Estados Unidos y de golpe corta relaciones con Irán y de alguna forma usted ve que se va acercando hacia el Norte porque le habrá convenido. Llega Chávez y es más bolivariano que Chávez, quiere petróleo y que le compre los bonos del Estado. ¿Con Lula? Otro trato. Y con Evo Morales, también es Moralista porque quiere el gas. Entonces, Néstor Kirchner ideológicamente es pragmático y yo no creo que la señora se aleje de esa escuela. ¿Cuál es la política de Néstor Kirchner? Cualquiera que le garantice los titulares del día siguiente.