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Detrás de la crisis alimentaria global hay una lucha titánica entre los países petroleros y las grandes corporaciones agropecuarias de Estados Unidos, explica el doctor en Economía Francisco Mayorga. “Es una lucha de animales grandes”, dice Mayorga, parafraseando la frase célebre que acuñó después que fue encarcelado tras la quiebra del Banco del Café, por lo que permaneció dos años y medio en la prisión de Tipitapa, prisión muy temida por el ex presidente Arnoldo Alemán.

China e India han desatado la voracidad por los alimentos en el mundo, disparando la demanda ante una disminución de la oferta de comida, a causa de sequías y plagas que han afectado la producción agropecuaria a nivel global.

Al mismo tiempo, señala Mayorga, hay una enorme demanda de biocombustibles ante un proceso de escasez relativa del petróleo, “porque aunque se perfore y hagan refinerías, la capacidad de producción de petróleo en el mundo, no estará a la altura de la demanda”.

En consecuencia, la carrera por los biocombustibles se aceleró, encabezada por las corporaciones agropecuarias estadounidenses, las que siempre han sido subsidiadas por el gobierno de su país, al igual que los agricultores europeos.

Históricamente, los gobiernos de Estados Unidos y de Europa compraban los excedentes de producción agropecuaria para venderlos a los países pobres. Este modelo ha fracasado, sostiene Mayorga. “Aquí lo que tenemos es el desenlace de un modelo de producción agropecuaria ineficiente para el mundo, porque las empresas agropecuarias han recibido subsidio a dos manos: al otorgarles incentivos y al comprarles sus excedentes de producción”.

Por tal razón, se ha abierto una encrucijada mundial: todos los países necesitan incentivar la producción de biocombustibles, pero los países pobres perdieron capacidad de ser autosostenibles desde el punto de vista agropecuario. A juicio de Mayorga, esto abre un período de transición y una ventana de oportunidades para toda Centroamérica, una de las principales tesis que hacen parte de su libro “Nicaragua 2010: El Futuro de la Economía”, y que cobra gran vigencia a partir de la crisis alimentaria e inflacionaria que sufre el país.


Centroamérica al tope
Mientras el resto de países de Centroamérica se dedicaron a producir biocombustibles, han reducido su capacidad para producir alimentos. Es el caso de los frijoles nicaragüenses, anhelados por El Salvador y por Honduras, los que ahora el gobierno intenta vender de manera estatizada. Sólo Nicaragua tiene tierras ociosas para ampliar su producción agrícola, lo cual intenta ser promovido por el actual gobierno.

“Creo que ésta es una oportunidad extraordinaria para Nicaragua. Los pobres más pobres de Nicaragua han sido los campesinos. Y si los precios de los alimentos a nivel regional son atractivos, con estos márgenes de ganancia van a poder capitalizarse, mejorar su tecnología, aumentar sus ingresos, y dependiendo de las políticas del gobierno y de las acciones del sector privado, esto puede representar una oportunidad para disminuir significativamente los niveles de pobreza del país”, valoró Mayorga.


Hacia un nuevo modelo económico
Nicaragua ha vivido los últimos 17 años gracias a la exportación de su mano de obra, al envío de remesas, a la cooperación internacional, a la inversión extranjera de maquilas y a una economía de servicios que consumía las remesas enviadas por los compatriotas, haciendo que abandonaran el país, en un verdadero círculo vicioso de pobreza.

Mayorga recuerda que durante la Administración Bolaños salieron del país más de 120 mil personas por año, lo que es indicativo de que el modelo neoliberal fue tan cruel como la guerra, que fue la otra causa de exilio de los nicaragüenses.

“Nosotros ya tuvimos, en la época de los Somoza, un modelo agroexportador con el auge del algodón. Fue muy exitoso a nivel macro, pero los que se llevaban la tajada de león eran los grandes grupos empresariales dueños de la agroindustria, de los mataderos, de los beneficios de café, de las compañías desmotadoras, de las pasteurizadoras, de los trillos de arroz y de los ingenios”, señala Mayorga.

Ni el viejo modelo agroexportador, ni el modelo neoliberal basado en remesas, maquilas y privatizaciones, dejó el suficiente progreso, equidad y riqueza en Nicaragua. “El país, inevitablemente, vuelve a ser una economía agroexportadora, yo lo que veo es una magnífica oportunidad para que en Nicaragua, el capitalismo monopólico que hemos tenido, se convierta en un capitalismo democrático”.

El viejo modelo agroexportador concentraba los ingresos en grupos económicos porque ellos controlaban los medios de producción. “Actualmente existe la posibilidad de que los productores se asocien. Un buen ejemplo es el de los productores de leche de Costa Rica, quienes crearon una cooperativa ejemplar como lo es Dos Pinos, ellos acopian su leche, la procesan, la venden en el mercado interno y la exportan. Es paradójico que Nicaragua siendo un gran productor de leche, importe quesos y hasta leche proveniente de Costa Rica”, dice Mayorga.

Éste es el mismo caso de los productores de leche de Finlandia, donde un total de doscientos mil productores se asociaron en una misma cooperativa y exportan su producción a la Unión Europea.


Los requisitos
El crédito productivo de corto, mediano y largo plazo es clave para hacer realidad este nuevo modelo económico, así como la expansión de áreas para la producción. Por tanto, hace falta crecer en materia de productividad, invirtiendo en riego, mejoramiento del hato y uso de nuevas prácticas de producción.

Pero el riego necesita energía eléctrica, acota Mayorga, lo que podría facilitarse mediante energía eólica como en Holanda y Dinamarca. Pero el sector energético es el verdadero talón de Aquiles del país, al punto de que las maquilas lo están abandonando, no sólo a causa de que en Asia encontrarán mano de obra más barata, sino porque les hace falta energía para producir lo suficiente.

El país necesitaría potenciar su capacidad de generar energía para los riegos y la producción agroindustrial, sin la espada de Damocles de los apagones. Sin esto, será imposible despegar, advierte Mayorga.



Albanisa y los riesgos del megafracaso
A juicio del doctor Francisco Mayorga, los US$400 millones en los que él estima para 2008 la cooperación venezolana, podrían ser aprovechados para capitalizar al sector agropecuario, para facilitar el desarrollo de la agroindustria dentro de una perspectiva del capitalismo democrático, y esto puede significar la posibilidad de que Nicaragua prospere y la deuda se pague.

“Si el dinero se recibe y no se invierte de una manera productiva, entonces esas empresas no van a poderlo pagar. Lo que yo subrayo es que aquí existe la posibilidad de movernos hacia una sociedad equitativa, próspera y moderna”, señaló.

Mayorga advirtió que algunos cooperantes están advirtiendo que no podrán continuar su apoyo, por lo que el gobierno tendrá que buscar una manera de balancear las cuentas del país, y, por supuesto, el financiamiento de Venezuela será crucial.

En su libro, editado por el Instituto Albertus Magnus, advierte que “Albanisa parece estar siendo vista como una fuente de recursos para apoyar el desarrollo de nuevas cohortes empresariales que sirvan como elementos catalíticos del desarrollo productivo del país”.

Pero Mayorga advierte que nunca hay seguridad de que un proyecto empresarial sea exitoso, recordando el caso de las empresas de la Cornap --la mayoría de ellas quebradas y piñateadas--, por lo que hace notar que “el fracaso de un megaproyecto es un megafracaso, y puede comprometer a corto plazo la solvencia de Albanisa”.

Mayorga sostiene que en tanto estos 400 millones son gastados fuera del Presupuesto, no comprometen al Estado a adquirir ninguna deuda pública, pero demandó que se utilicen estos fondos para incentivar a largo plazo la producción agropecuaria.